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El papa venera la imagen de la Inmaculada en nombre de quienes sufren

El papa venera la imagen de la Inmaculada en nombre de quienes sufren
El papa venera la imagen de la Inmaculada en nombre de quienes sufren
Papa Francisco (Archivo)

Papa Francisco (Archivo)

ROMA.- El papa Francisco acudió hoy a la céntrica plaza de España de Roma para venerar la imagen de la Inmaculada Concepción, ante la que recordó en una oración a todos aquellos que “sienten más duro el camino”, como los enfermos, los presos o los inmigrantes.

“Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y penas, de los niños y jóvenes, abiertos a la vida, de los ancianos, llenos de experiencia”, dijo el pontífice con tono pausado y solemne.

Francisco dijo representar en modo particular a “los enfermos y a los encarcelados, a quienes sienten más duro el camino” y también a “aquellos que han llegado desde tierras lejanas en busca de paz y de trabajo”.

“Bajo tu manto hay lugar para todos porque eres la madre de la Misericordia. Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos: la ternura de Dios, que contigo se hizo carne y se convirtió en nuestro hermano, Jesús, salvador de cada hombre y mujer”, rezó.

Francisco destacó que en la Virgen se reconoce “la victoria de la divina Misericordia sobre el pecado y todas sus consecuencias” y aseguró que reaviva “la esperanza de una vida mejor, libre de esclavitud, rencores y miedo”.

El pontífice llegó a la plaza de España a bordo del pequeño utilitario que suele emplear para este tipo de desplazamientos y fue recibido con vítores por parte de los miles de fieles, romanos y turistas allí congregados.

Le recibieron numerosas autoridades locales como el alcalde en funciones de Roma, Francesco Paolo Tronca, y el embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, que saludó al pontífice al término del acto.

Instantes después de pronunciar su oración, el papa presidió una ofrenda floral a los pies de la Virgen, donde se depositó una corona con flores blancas y amarillas, los colores de la bandera vaticana.

Acto seguido se sumió durante varios minutos en meditación y con él el resto de congregados, cuyo silencio inundó una plaza acostumbrada al trasiego y al bullicio diario de infinidad de personas.

Antes de abandonar este lugar, el papa Bergoglio se detuvo a saludar a los numerosos fieles que le aguardaban tras unas barreras de seguridad, muchos de ellos en sillas de ruedas, e incluso se mezcló entre ellos.

La tradición papal de la ofrenda de flores se remonta a 1857, tres años después de la publicación de la bula “Ineffabilis Deus”, que estableció el dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen María, concebida sin pecado o mancha.

Ese año y por voluntad de Pío IX se erigió en la céntrica plaza de España este monumento, una columna de mármol de nueve metros de altura coronada por una imagen de la Virgen y que fue sufragada por los fieles españoles.

Pío “Nono” bendijo el monumento el 8 de septiembre de 1857 desde el balcón central de la embajada española ante la Santa Sede, cuya presencia da nombre a la plaza.

En la base del monumento pudieron verse numerosos centros de flores depositadas por diferentes instituciones y ciudadanos a los largo de toda esta jornada.

Los primeros en hacerlo fueron los bomberos de la capital italiana, que por la mañana colocaron la tradicional corona de flores en el brazo derecho de la Virgen.

Debido a la alerta terrorista vigente en casi todos los países del continente europeo, las autoridades romanas impusieron fuertes medidas de seguridad y determinaron un perímetro de seguridad a la plaza, a la cual solo podía accederse a través de varios puestos de control.

Por esa razón el coche del pontífice llegó escoltado y en la zona había numerosos efectivos policiales y los asistentes fueron cacheados y sometidos a un detector de metales. .

Francisco abandonó la Plaza de España como la encontró, repleta de fieles que coreaban su nombre, y puso rumbo a la cercana basílica de Santa María la Mayor, en la que se detuvo a rezar ante la imagen bizantina “Salus Populi Romani”.

Este acto se produjo después de la inauguración del Año Santo Extraordinario de la Misericordia, que comenzó con la apertura este martes de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro del Vaticano y que concluirá el 20 de noviembre de 2016.

La misericordia, un principio capital del ministerio de Francisco, también salió a relucir durante la oración a la imagen de la inmaculada, en quien se aprecia “la victoria divina de la Misericordia ante el pecado y todas sus consecuencias”.

Este evento contó con la presencia de los reyes eméritos de Bélgica, Alberto y Paola, que estuvieron en uno de los balcones de la embajada española, así como diversas personalidades eclesiásticas.

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