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El perfecto idiota periodístico (III)

En la redacción, el periodista serio y comprometido vive un conflicto cotidiano entre su propia agenda profesional y los contenidos que desde afuera presionan para imponerse, especialmente los provenientes de relacionistas que pretenden asignar a los medios la función de vertedero.

En ese contexto, la nota de prensa “enviada” debería ser –siempre que califique por la calidad y la relevancia temática- el principio de la construcción de la noticia y no el hecho consumado. Esto supone dar paso a la curiosidad, al hambre por la información completa y a preguntas que probablemente desencajarían a los llamados estrategas de comunicación.

Los lobistas de “publicity” pintarrajeados como asesores o consultores , que aman al reportero automatizado al servicio de los contenidos de gabinete, dañan la función del periodismo y contribuyen con el irrespeto a los lectores,  porque su fin es conseguir generosas porciones de espacio para divulgar cualquier disparate que le de carne a sus reportes de “free press.”

Estoy seguro que un periodismo más exigente –basado en la calidad de los textos y de los enfoques- haría que en el mercado de las relaciones públicas y la comunicación estratégica sobrevivan los más aptos solamente.

¿Y quiénes serían? Aquellos capaces de inducir a sus clientes a entregar contenidos relevantes, entrar a la agenda mediática conscientes de que el periodismo es contraste, posicionar los mensajes claves de manera interesante sin pretender yugular la opinión contraria, compartir contenidos honestos y observar las mejores prácticas como ciudadanos corporativos.

Subrayo este último aspecto porque un mal ejercicio muy común de ciertos relacionistas es tratar de lavar imágenes deterioradas a partir de sus propios hechos, creándoles un marco ficticio en los medios de comunicación para el cual el perfecto idiota periodístico sirve de conejillo de Indias.

El aporte más especial de las agencias sería el respeto absoluto a la profesión del periodista y no tratar de comprarlo por libra, con dádivas, soluciones cortoplacistas ni con el oportunismo fundado en las necesidades cotidianas de un profesional que requiere ser revalorizado por su industria.

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