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El perfume de los hombres, paella india y la mujer que dijo "no" a Mandela

El perfume de los hombres, paella india y la mujer que dijo
El perfume de los hombres, paella india y la mujer que dijo "no" a Mandela
Nelson Mandela vivirá siempre en el corazón de la humanidad.

Nelson Mandela vivirá siempre en el corazón de la humanidad.

JOHANNESBURGO.- Corrían los primeros años noventa, Nelson Mandela acababa de salir de la cárcel y viajaba en un automóvil conducido por Ghaleb ‘Kaene’ Cachalia, hijo de Amina Cachalia, exactivista de origen indio y amiga íntima de quien se convertiría después en el primer presidente negro de Sudáfrica.

“¡Qué cosas, Kaene, ahora los hombres se ponen perfume!”, le dijo un Mandela recién liberado a Cachalia, que recuerda la anécdota en una conversación con Efe en un centro comercial de Johannesburgo.

Nacido en 1956, año del Juicio por Traición en el que se acusó a Mandela y a 155 de sus camaradas, Ghaleb Kaene Yusuf Cachalia creció en un ambiente muy político en la Sudáfrica del régimen racista del “apartheid”, al que sus padres, Yusuf y Amina, combatían desde organizaciones disidentes.

Las figuras más destacadas de la lucha contra el segregacionismo, como Mandela, conspiraban, debatían, comían y bailaban alrededor del pequeño Ghaleb (“victoria”, en árabe) y de su hermana Coco, sin que ellos fueran conscientes de lo que se gestaba a su alrededor.

“Mandela era para mí uno más de toda esa gente”, confiesa Ghaleb.

Ghaleb recibió su segundo nombre de uno de los pesos pesados de otro de los pilares de la resistencia contra el “apartheid”, el que fuera durante casi cuarenta años secretario general del Partido Comunista sudafricano, Moses Kotane.

“‘Kaene’ significa ‘a través de’ en lengua tshwana, el idioma de Kotane. La victoria (Ghaleb) llegaría a través de mí”, explica Cachalia.

La presión del aparato represivo del Estado iría desmembrando el entorno infantil de los Cachalia, que veían a figuras cercanas como el propio Mandela partir al exilio o ser condenadas a largas penas de cárcel.

Madiba -como se conoce popularmente al expresidente sudafricano- ingresó en 1962 en prisión, desde donde se escribió regularmente con Amina Cachalia.

Ghaleb -o Kaene, como le llamaba el propio Madiba- dejó de ver a Mandela, pero empezó a entender la relevancia de un gigante político que no paraba de crecer desde la cárcel.

Ghaleb no volvería a encontrarse con Mandela hasta el 11 de febrero de 1990, cuando éste último fue liberado del penal Victor Verster de Ciudad del Cabo, en el suroeste de Sudáfrica.

“El primer recuerdo concreto que tengo de Nelson Mandela es del día de su liberación”, señala Cachalia, que viajó a Ciudad del Cabo acompañando a un equipo de la televisión india que contactó a Ghaleb para que les hiciera de guía en Sudáfrica en esos días históricos.

Tras salir de Victor Verster, el convoy en el que viajaba Nelson Mandela hizo una parada en la casa del arzobispo Desmond Tutu, en cuyo interior se encontraban, entre otros, la madre de Ghaleb y el propio Ghaleb.

“¡Oh, hijo mío, qué grande te has hecho!”, le dijo Mandela a Ghaleb, que le pidió que diera a la televisión india su primera entrevista en libertad, por ser Nueva Delhi la primera capital del mundo en boicotear al Gobierno racista de Pretoria.

“¡Por supuesto, hijo mío!”, le contestó el recién liberado preso.

“Y así lo hizo”, dice, muy satisfecho, Ghaleb.

Con Mandela libre y lanzado hacia la Presidencia, Ghaleb volvió a compartir reuniones con el que era ya uno de los hombres más famosos y admirados del mundo, pero, ahora, plenamente consciente de su importancia.

“Era ‘un tío con presencia'”, sorprende Cachalia con una expresión en perfecto español, un idioma que aprendió de sus compañeros españoles durante sus años de estudio en el Reino Unido.

Como antes de su detención, Mandela fue de nuevo un habitual del domicilio de Yusuf y Amina Cachalia.

“Le encantaba el ‘biryani’ que hacía mi madre”, relata Ghaleb, que define este plato de arroz como “una especie de paella india”.

“Bebía en cada comida un vaso de vino blanco dulce, siempre uno solo”, rememora Ghaleb, que estudió en Suazilandia con dos de las hijas de Mandela y trabaja como consultor de empresas extranjeras que quieren entrar en el mercado africano.

La relación de Madiba con los Cachalia podía haber ido a más, de haber conseguido el líder sudafricano el ‘sí’ de la madre de Ghaleb tras enviudar ésta de Yusuf en 1995.

“Antes de que Mandela se casara con Graça Machel en 1998, le propuso matrimonio a mi madre”, cuenta con gracia Ghaleb.

“Mi madre nos llamó a mi hermana y a mí para decírnoslo. Le preguntamos qué le había contestado y respondió: ‘que no'”.

“Nos dijo -añade entre risas- que acababa de enterrar a nuestro padre y que no quería otro hombre, que no quería a nadie que le dijera lo que tenía que hacer”.

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