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El periodismo útil

Un entrañable amigo y cómplice en estas lides de decir cosas en forma de opinión me indica que sus columnas menos leídas son aquellas basadas en denuncias, impugnaciones, objeciones, escándalos, morbo y cuestionamientos.

En cambio, ha comprobado, por sus herramientas de medición de redes sociales y la interacción del medio en el que escribe, que las de mayor lectoría son las que cuentan historias, presentan soluciones, orientan y abren caminos a la gente para la adecuada toma de decisiones personales.

Yo puedo testificar que me ocurre igual. Cuando me pongo muy institucional, patriota, político y redentor –desde un discurso adusto, y formal- tengo menos reacciones de lectores. La ola de correos, menciones y retweets sube ostensiblemente al compartir narraciones que tocan la cotidianidad del público.

Me arriesgo a plantear que con el impacto de los nuevos medios y la elevación en grado exponencial del inmediatismo, gracias a un internet que  apenas requiere 15 minutos para convertir en añejas las noticias, sólo sobrevivirán los periódicos narradores de los hechos realmente importantes.

Los medios siguen obsesionados con el “declaracionismo” –como apunta el maestro Quiterio Cedeño- , la denuncia vaga, espectacular y morbosa, la vocinglería, las conversaciones escatológicas, excrementales (especialmente en radio), las divagaciones y, en fin, la nadería.

Y lo peor es que se regodean proclamando una amplia audiencia cuando sólo reciben el aplauso de una claque reciclada, involutiva y exhibicionista. Ese gran público silente, pero que escucha, mira y lee busca temas vitales, que para los encabezados de portadas del periodismo tradicional son banales.

Cómo rendir el dinero, en qué invertir, mejorar la salud, la alimentación sana, el ocio, los viajes, la seguridad personal, la belleza, la higiene (física, mental y espiritual), la explicación de cómo impactan en nuestra cotidianidad las decisiones políticas y económicas y cuáles son las salidas.

Demandamos un periodismo que explique, oriente, aconseje,  respalde y, sobre todo, que nos diga cómo y por qué, pues el qué, el cuándo y el dónde ya lo sabemos.

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