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El periplo

Me sorprendió ese titular del sábado que daba por concluida la ronda de visitas de presidente Danilo Medina en busca de “consenso” para el proyecto de Ley de Naturalización, con el cual aspira a sacar las castañas del fuego de la sentencia más famosa de este siglo dominicano: La 168-13 del Tribunal Constitucional.

El tour, de una semana completa, concluyó en los predios de su eminencia reverendísima después de haber comenzando en los espacios del ex presidente Leonel Fernández, para luego tocar a Luis Abinader, ex candidato vicepresidencial; Hipólito Mejía, ex mandatario y Miguel Vargas, presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Medina ha seleccionado a quienes entiende sus interlocutores válidos en este proceso de presiones, cuestionamientos y demanda de reparos, en los ámbitos nacional e internacional, frente a la polémica resolución de la alta corte.

Si es cierto que concluyó la jornada de búsqueda de apoyo político para la legislación, no me queda otro camino que indicar que el gobernante decidió ignorar a los grupos, personalidades e instancias sociales que más niveles de beligerancia e influencia han tenido en la formación de opinión pública respecto al tema.

Es como si hubiese estructurado un consenso acomodado en los campos donde escucharía solamente las palabras que sus oídos están dispuestos a aceptar. Quizás esto explicaría su lógica de consensuar  solamente con dos de sus empleados, Vincho Castillo y Quique Antún, y con una oposición gris, adocenada, insípida, casi servil, líquida, dispersa y sin discurso sobre la nacionalidad y las migraciones.

El periplo de Medina tiene una narrativa, que es la del establishment, y destila una opción preferencial: el ultranacionalismo, el insulto ensotanado y la visión conservadora. Yo no esperaba de un presidente que quiere ser distinto, y que había conquistado cierto respeto y tolerancia en los grupos más ácidos de la sociedad civil, la construcción de un consenso parcial, que es –en su esencia- un intento de  anulación de voces disidentes. Eso no es democrático por más exitoso que, como puesta en escena, sea considerado el tour presidencial.

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