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El plan contra las alzas, la seguridad alimentaria

El plan contra las alzas, la seguridad alimentaria
Fernando Sibilio

Pretender que desde la autoridad monetaria y financiera podemos elegirnos autárquicos económicamente, y de arriba abajo, tal cual lo declaraba el Gobernador del Banco Central, el Viernes 25 de Febrero, pregonando: “Banco Central tiene plan contra efectos alza petróleo”.  Claro está, un titular que servía de antesala al discurso del Presidente ante la Asamblea Nacional.  Olvidaban los miembros del Equipo Económico los fundamentos elementales de la política, que solo cuando se cuenta con proyecto estratégico se está en condición de cambiar una realidad económica.

Dirigir una nación teniendo como impulso las situaciones de crisis internacionales, sin un plan estructural, y solo reaccionando en forma coyuntural, alarmados por las alzas del petróleo para aumentar los precios de los combustibles, sin percatarse de lo que sucede al final de cada día, en la vida de los empresarios, de los comerciantes, de los trabajadores, de las familias, de los emprendedores y de los inversores, es una tragedia.

Era y es urgente que se revisen políticamente las metas estipuladas en el acuerdo con el Fondo Monetario  Internacional, tanto en las estrategias fiscales, monetarias y en los topes financieros del sistema eléctrico y en las reformas estructurales que demanda el sector financiero, para que fluya el crédito a las empresas y a los sectores productivos, a través de la banca, de las asociaciones de ahorros y préstamos, de las cooperativas y del Banco Agrícola.

Buscar dividendos electorales con reuniones, discursos y declaraciones, cuando se hacen intolerables los sufrimientos por las alzas de los combustibles, de los comestibles, del transporte, de los materiales de construcción, de los costos financieros del dinero, al mismo tiempo que se cierran los grifos para los préstamos internacionales, o cuando el rompecabezas financiero se hace imposible armarlo, porque la sarna fiscal y el descenso en las recaudaciones han invadido todas sus piezas, es un hecho político impresentable de las autoridades.

Apostar a la emisión de bonos para blindar el sistema eléctrico, sin formular una propuesta de renegociación de las metas del sector con el Fondo Monetario, sin que las generadoras y la administración del sistema discutan un plan viable y sostenible, pero, sobre todo, compartido, de reconversión a combustibles menos costosos como el gas natural, pero, que previamente haya un compromiso en el suministro de los avales y de las garantías financieras, constitucionales y de soberanía, de todas las partes que intervienen en el negocio de cara a los intereses generales de la nación.

Cambiaríamos solo de problemas, sin cambiar el carácter fiscal, el régimen  financiero y el estado electoral de las autoridades, frente a este y a todos los contratiempos económicos que nos aguardan; si insistimos en darle un uso comisionista al presupuesto, a cuyas clausulas adherimos una manga de intrusos y escarabajos vestidos de contratistas de obras.

Renunciamos a nuestra soberanía en la administración de nuestras finanzas y a la coordinación de nuestras políticas monetarias, al firmar con el Fondo Monetario Internacional, más, se hace increíble, que una libra de pollo, una lata de atún, un litro de leche reconstruida, una libra de queso importado, cuestan más aquí que en Estados Unidos, a pesar del DR-CAFTA.  Una anormalidad financiera y monetaria que debieran explicar las autoridades del Banco Central y el Ministerio de Hacienda o el Ministerio de Agricultura.

Exhiben las políticas públicas y su economía el peor compartimiento económico, con relación a Centro América, en materia de paridad y precios en relación a los Estados Unidos, a pesar del crecimiento del producto interno bruto.  Es esta desarticulación económica la culpable de la sensación de abandono, de desconfianza, de depresión, que sienten las empresas, los comercios, las familias y los trabajadores que ven sus salarios agonizar.

Jugando al pocker por las comisiones de la presa de Monte Grande, con la de Palomino o con la de las Placetas, es imposible proteger al sector agrícola de las alzas del petróleo, del servicio eléctrico y de los altos costos de regadío o de la industrialización del agua en los campos del país.

Hablar de seguridad alimentaria cuando las cooperativas de productores de huevos, de pollos, de cebollas, de cerdos y de otros rubros, sufren la incompetencia por la iliquidez de esos sectores, por la falta de una política monetaria y financiera que les garantice el mismo flujo de caja, que disfrutan los contratistas del Metro y del Corredor Duarte, gracias a la agilidad y presteza en agenciarse prestamos multimillonarios, con bancos franceses, alemanes y brasileños, es una indolencia del Gobierno, frente al colapso de los productores de pollos, de huevos, de leche, de cebolla y de otros sectores productivos.

Declarar que se dispone de planes, o decir que el único problema es el petróleo y las alzas de las materias primas en los mercados internacionales, cuando el 60% de los hoteles de Playa Dorada están quebrados, cuando los productores de tabaco de Santiago exportan solo US$100 millones de dólares al año, sin el respaldo estatal, cuando la ganadería dominicana carece de interés y de incentivo fiscales para su reconversión técnica y tecnológica, merece la lastima y la compasión de la sociedad, dada la inopia y la anomia del equipo económico del Gobierno.

Aprender del aguante de los estoicos frente a la angustia que provoca la ineficacia del Gobierno, vendría bien, si queremos aislar la tristeza y la pena del rincón de nuestra conciencia, a fin de evitar que la rabia y la ira se vuelvan invasivas, tal cual ocurre en los países del norte de Africa.  Pero, se impone que desde estos escritos se impulse una psicología del cambio de actitud tanto de la autoridad como de la sociedad frente a este gran desafío internacional.

Rogamos al Gobierno y al Congreso la elaboración y diseño de un catálogo gradual y progresivo, con pequeños objetivos, que le den la sensación a la población, a los sectores económicos y a la sociedad, de que las decisiones y los ajustes suprimirán la tendencia acuciante y ansiógena que prevalece en las políticas tributarias, arancelarias y fiscales, de costumbre.  Pero, que garantice con ejemplos estructurales su vocación de austeridad y racionalidad en los gastos, con miras a alcanzar mejorías aunque sean mínimas.  Harían bien las autoridades monetarias y financieras, si dejan de ver en forma lineal los problemas económicos internacionales, por sus urgencias electorales, y concentrarse en la visión circular de este problema, con el fin de determinar el sistema autoregulado de políticas monetarias, financieras y económicas, en el cual participen éticamente productores, inversores y clientes.

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