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El plan de seguridad y los suplidores

(Por Fernando Sibilio)

Gobernar la inseguridad pública será una victoria de la voluntad democrática del Estado y la Sociedad, sobre el determinismo ideológico y la arbitrariedad en la rutina política de las autoridades.  Porque el Gobierno piensa que ellos y la población están subidos en los vehículos del patrullaje.  ¡Señores! Todos vivimos y sufrimos el mismo riesgo de inseguridad.

Encontramos el desafío de la inseguridad sin quererlo, sin que nadie nos haya pedido permiso.  Cuando estamos en nuestras casas, en el trabajo, al abordar un vehículo público, en un cajero, al sacar un celular, si estacionamos un vehículo, si nos ejercitamos en las calles o en un gimnasio, en el parqueo de un supermercado y hasta en las iglesias.

Decía Nietzche, en “Así hablaba Zaratustra: “Ahora me veo a mi mismo por debajo de mí”.  Sería la misma pedantería de las autoridades cuando anuncian la compra de motocicletas, camionetas y otros cachivaches, en busca de un titular o de las grandes comisiones que ofrecen los suplidores.  Una voluptuosidad política que, muy poco o nada, favorece a la protección de los ciudadanos.,

Siguen las pandillas, mientras persista esta anomalía nefasta, produciendo un número ilimitado de actividades delictivas y criminales, a partir del número desconocido de grupos y madrasas operativas repartidas en la geografía nacional.  Es con estas premisas que los organismos policiales y las fuerzas de seguridad deberían descender a las matrices de los actos de violencia organizada.

Entiendan que es urgente estudiar las analogías y los esquemas de controles sociales usados por las bandas, tanto en su desplazamiento como en sus medios de comunicación. Servirían estos hallazgos como instrumentos generadores de hipótesis y de ideas, a fin de crear las ecuaciones de seguridad, la red de memoria delictiva, las estaciones de operación, el sistema operativo, la inteligencia y la metodología de evaluación que les permita romper y huir de esta rutina de compras desaforadas.

Resulta culposa la capacidad que tienen las autoridades de repetir sus propios errores.  ¿Dónde está la corrección de lo que está mal?  Con estos hechos demuestran la pérdida de susceptibilidad en sus análisis de esta demanda social y su inhabilidad en la aplicación de una coordinación rigurosa de las reglas de seguridad.

Esperaba la población que el Gobierno, dada la preocupación del Presidente, pudiera provocar un entusiasmo esperanzador.  Sin embargo, con el apego a los métodos del pasado y la rutina de comprar motocicletas, camionetas, alcoholímetros y pertrechos militares y policiales para el patrullaje, la realidad de la violencia, la delincuencia y la criminalidad aparece ampliada y con nuevas peligrosidades.

Podemos verificar las muestras de estos nuevos riesgos, cada vez que se produce un evento importante a nivel empresarial.  Ver la feria de fusiles AK-47 y ametralladoras de última generación, en manos de los escoltas y el personal de seguridad de los empresarios y políticos dominicanos y extranjeros.  Hemos contado, en un solo acto, más de 300 armas de guerra  supuestamente prohibidas.  ¿Quién autoriza éstas importaciones ilegales?

Comprendan, si es que la arrogancia se lo permite, que la seguridad pública es el resultado de un gran ejercicio de libertad y de dignidad humana, garantizado por el Estado de Derecho.  Una meta que riñe con el determinismo ideológico y político de los Ministros que dirigen este “Plan de seguridad”.

Seguirán matando inocentes y delincuentes para conocer la anatomía y la biología de los mohos que dejan las compras defectuosas y los gastos fantasmas, o para distraer a la población de la horrorosa frustración que sienten los miembros de los cuerpos policiales y las fuerzas de seguridad, con la angustia de la inseguridad pública. ¡Qué pena! “Lo que nunca se había hecho”.  Engrifarse con la arqueología de su propio fracaso.

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