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El PLD al borde del precipicio

El PLD al borde del precipicio
Rosario Espinal

La República Dominicana nunca ha podido establecer un sistema de partidos democrático. Ha predominado siempre el caudillismo, aún en estos últimos 40 años cuando el país ha vivido su período más largo de democracia electoral.

En el PRSC, Joaquín Balaguer fue batuta y constitución. Después de su muerte, el partido comenzó a fraccionarse en la medida que los dirigentes buscaban beneficios económicos y políticos en distintos bandos. Hoy es un partido de insignificante apoyo electoral.

El PRD no tuvo mejor suerte. Las rivalidades por la candidatura presidencial terminaron siempre en luchas fratricidas: una derrota electoral en el 1986 y una división después de las elecciones de 2012. Hoy es también un partido de insignificante apoyo electoral.

A diferencia del PRSC que se ha desarticulado totalmente, del PRD salió el PRM que heredó un tercio de los votos, pero a la fecha no ha mostrado musculatura propia. La lucha por la candidatura presidencial entre Hipólito Mejía y Luis Abinader constituye un impedimento para echar a andar ese partido. Ambos tendrían que aunar esfuerzos.

El PLD, con una estructura histórica de cuadros basada en el centralismo democrático, se convirtió en referente de unidad partidaria ante el descalabro de los otros partidos, pero ese sistema funcionó mientras hubo un liderazgo único: Juan Bosch y luego Leonel Fernández.

La consolidación del poder de Danilo Medina desde la presidencia transformó la dinámica partidaria, y se ha vuelto cada vez más difícil la cohabitación del liderazgo de Fernández y Medina.

Lo ideal hubiese sido que después de salir de la presidencia en el 2012, Leonel Fernández se hubiera dedicado a reorganizar el PLD, a democratizarlo, a establecer mecanismos de sucesión y alternancia en la candidatura presidencial.

No lo hizo. Asumió que con querer volver a ser presidente su candidatura estaba garantizada. No lo logró en el 2016, y a la fecha, aún no se sabe si lo logrará para el 2020. Su proyecto ha estado concentrado en lograr ese objetivo, por lo cual, su presidencia al frente del partido ha sido ineficaz.

Danilo Medina, por su parte, utilizó el poder que forjó desde la presidencia para repostularse en el 2016, y a la fecha, no se sabe si lo intentará de nuevo mediante otra reforma constitucional.

El enfrentamiento entre Danilo y Leonel por la candidatura presidencial coloca el PLD al borde del precipicio porque no se vislumbra un acuerdo adecuado. Aunque se rían juntos en una escena fotográfica en las reuniones del Comité Político, las desavenencias son claras y han llegado lejos para recomponer con credibilidad la unidad.

Alrededor de Leonel y Danilo se han gestado distintos grupos económicos y políticos, dentro y fuera del PLD, que antagonizan constantemente.

Al ser las dos figuras principales de liderazgo político en el partido, su accionar es determinante para la organización. Ya no hay un liderazgo único, ni tampoco un liderazgo plural con reglas claras para permitir la alternabilidad. Hay un caudillismo bicéfalo que no ha encontrado acomodación.

Leonel Fernández con tres períodos presidenciales en su aval está decidido a volver: lo ha dicho y reiterado. Le beneficia que no tiene impedimento constitucional.

Danilo Medina, con dos períodos y un impedimento constitucional para la repostulación, no anuncia su retiro. Por el contrario, mantiene las cartas abiertas a ver qué deparan los números en el Congreso para una reforma constitucional.

El PLD enfrenta los males y dolores del eterno retorno del caudillismo dominicano, y evidencia la incapacidad histórica de los partidos dominicanos para democratizarse.

 

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