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El presidente Donald Trump no pega una

El presidente Donald Trump no pega una. Aquí va la más reciente. Es habitual que cuando un soldado de los Estados Unidos cae en cumplimiento de alguna misión, el presidente llame a algún pariente cercano de la víctima y le de las condolencias.

Es como un ritual, que se cumple con lamentable frecuencia en un país que vive constantemente en guerra. Recientemente, en Niger murieron cuatro militares estadounidenses y el primer problema surgió cuando la sociedad se sintió soprendida de que hubiese soldados en ese lejano y remoto rincón del África.

Como quiera, el presidente llamó a la viuda de uno de los caídos, el sargento La David Johnson, un muchacho de 25 años, que muere sin saber por qué y deja su esposa con dos niños pequeños y seis meses de embarazo, a la cual le tocará la dolorosa tarea de explicarle a los niños los incomprensibles motivos por los que no pudieron crecer junto su padre. En vez de llevar consuelo a la doliente, el señor Trump le ha llevado desconcierto. Al llanto de la viuda le contestó con el maltrato. El sabía muy bien a lo que iba cuando se alistó como soldado, dijo Trump.

Me hizo daño, me hizo llorar. Nisiquiera se acordaba del nombre de mi esposo, ha dicho la viuda tras.

Esto ha sido tema de debate y resulta que mientras más intenta Trump neutralizar los efectos del incidente, sus argumentos no hacen más que empeorarlos. Siempre se ha visto a presidentes norteamericanos cometer pifias que se traducen en polémicas o burlas crueles.

Como la vez en que a Carter le presentaron un dominicano que había hecho campaña por los demócratas y Carter en su respuesta dijo que Dominicana era una tierra muy bonita del estado de Colorado. O cuando Reagan, en un país de Suramérica.

Alzó su copa en un almuerzo y brindó por otro. Pero con Trump se han rebasado todos los precedentes. Por ejemplo, él mismo pidió a Rex Tillerson que fuera Secretario de Estado y resulta que viven polemizando a diario y la salida de Tillerson del gobierno al que lo llamaron a servir, se espera de un momento a otro.

Todo esto no puede ser casual y habrá que ver si es la presencia de Trump en la Casa Blanca el símbolo viviente de la descomposición de una superpotencia.

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