La elección de un nuevo papa se anuncia con humo blanco en la Capilla Sixtina. Este se genera al quemar zinc y azufre, produciendo sulfuro de zinc, visible desde la Plaza de San Pedro.
En cada cónclave, la señal que anuncia la elección de un nuevo papa es el humo blanco que emerge de la chimenea de la Capilla Sixtina. Aunque su aparición simboliza un evento espiritual, su producción responde a un proceso químico cuidadosamente controlado.
El humo blanco se logra mediante la combustión de compuestos específicos. Una de las fórmulas más utilizadas es la mezcla de polvo de zinc metálico con azufre elemental. Cuando estos elementos se queman, producen gas de sulfuro de zinc, que al entrar en contacto con el aire genera una nube espesa y blanquecina. Esta técnica garantiza un humo visible y distintivo que anuncia al mundo el resultado de la votación.
A lo largo de los años, se han explorado distintas combinaciones, incluyendo el uso de fósforo elemental, que al quemarse atrae humedad y refuerza el tono claro del humo. Estas mezclas son preparadas con precisión para evitar alteraciones en el color y asegurar su densidad, permitiendo que sea claramente distinguible desde la Plaza de San Pedro.