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El Sembrador de Nogales

El Sembrador de Nogales

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

Dice la Biblia en la Carta de San Pablo a los 1 de los Corintios, Capitulo 3, Versículo 6: “Yo sembré, y Apolo lo rego, pero Dios es quien hiso crecer la planta” Los cristianos regamos la semilla, ahora quien va a recoger, eso no debe importarnos, lo importante es sembrar.

Les quiero escribir algo que me contaron a mí y dice así: Un día caminaba yo por el campo, cuando vi a un hombre bastante anciano, que estaba cavando la tierra. Intrigado, me acerqué a él para preguntarle que estaba haciendo. Siempre me han gustado las nueces. Hoy llegaron a mis manos las nueces más exquisitas que he probado en mi vida, me contesto, así que decidí plantar una de ellas. Me entristecí al pensar que ese pobre hombre, a tan avanzada edad, jamás llegaría a probar una de esas nueces. Disculpe amigo, le dije. Para que un nogal dé frutos deben pasar muchísimos años, y dada su edad, es muy probable que cuando este arbolito de sus primeras nueces, usted ya haya muerto hace mucho tiempo. ¿No ha pensado que tal vez sería más provechoso para usted sembrar tomates, melocotones o sandias, que le darán frutos que usted si pudiera saborear? El hombre me miró un instante en silencio, durante el cual, no supe si sentirme muy sagaz por mi observación o muy estúpido. Tras unos segundos que me parecieron horas, finalmente me contesto: Toda mi vida me deleité saboreando nueces, cosechadas de árboles cuyos sembradores probablemente no llegaron a probar. Cuando de nueces se trata, no le corresponde a quien siembra ver los frutos. Por eso, como yo pude comer nueces gracias a personas generosas que pensaron en mí al plantarlas, yo también planto hoy mi nogal, sin preocuparme de si veré o no sus frutos. Sé que estas nueces no serán para mí, pero tal vez tus hijos o mis nietos las saborearan algún día. Y entonces me sentí muy pequeñito y egoísta por pensar sólo en mí Desde ese día, me dediqué a plantar nogales.

Mis queridos lectores, esa es la labor del cristiano. No importa quién plante, el que recoge los frutos es Dios, por eso debemos plantar a tiempo y a destiempo sin importarnos quien va a recoger los frutos.

Termino con el Capitulo 3, Versículo 23 de la Carta de San Pablo a los Colosenses que dice: “Cualquier trabajo que hagáis, hacedlo de buena gana, pensando que trabajáis para el Señor, en vez de fijarnos en los hombres.”

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

 

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