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El sombrío futuro de Venezuela

El sombrío futuro de Venezuela
Mario Rivadulla

El imprudente ultimátum del senador Marcos Rubio condicionando el voto de la República Dominicana en la OEA a un posible recorte de la ayuda de los Estados Unidos, sacó a relucir que no es la potencia norteña el principal donante al país sino la Unión Europea.  Según divulga el matutino “El Día” los fondos de cooperación de la Comunidad proyectados para los próximos cuatro años ascenderán a 158 millones de dólares, tres veces más que los 50.9 millones prometidos por el gobierno estadounidense.

Este  último aporte hace una media de algo menos de 12 millones 750 mil dólares anuales.  Y si bien es de agradecer como cualquier otra ayuda que recibamos, la posible pérdida de la misma no es como para convertirnos en compungidas Magdalenas.  Esa cantidad resulta apenas una gota de agua en el océano de nuestras muchas carencias y necesidades.  A fin de cuentas, una golondrina no hace verano.

Sin embargo, el riesgo de perder o ver disminuido ese aporte, lo que es muy posible no por el bendito voto en el organismo internacional por el que tanta preocupación mostró Rubio, sino porque dentro de los planes anunciados por Donald Trump figura precisamente el recorte de esas ayudas, el problema principal a nuestro juicio es de mucha mayor significación que unos dólares de más o de menos.

La amenazante advertencia del senador floridano, es una evidencia del completo desconocimiento  de la sensibilidad, el celo patriótico y el concepto de soberanía que prima en los pueblos de este lado del Río Grande.  Prueba al canto es que  tuvo la virtud de hacer coincidir momentáneamente el vigoroso rechazo de los distintos sectores políticos al que hicieron coro diferentes instituciones y varias otras prestigiosas voces.

Esa ignorancia de la forma en que nos sentimos, pensamos y reaccionamos frente a exigencias de esta naturaleza, resulta muy frecuente en la clase política estadounidense, donde la atención se proyecta hacia otras latitudes y escenarios más distantes, mientras permanecen de espaldas, sordos y ciegos,  a lo que ocurre en su trastienda.

Es el mismo desconocimiento y falta de tacto que muestran en no pocos casos sus enviados diplomáticos, que por lo general no son de carrera. Enviados al país en premio a sus servicios políticos, vienen con una agenda presupuestada de manera unilateral y acartonada.  Es la misma de que hizo gala Wally Brewster al tratar de promover un programa por vía de imposición y no de concertación que ignoraba las tradiciones culturales arraigadas en el seno de nuestra sociedad, mediante un estilo, que a ratos  se mostró arrogante y sacó nuevamente del closet de las más amargas experiencias y recuerdos  la imagen del “americano feo”.

Volviendo a las imprudentes manifestaciones del senador Rubio, el país, tal como habíamos advertido hizo honor a su voto en la OEA.  No fue a favor del desastroso gobierno que encabeza Nicolás Maduro, sino conforme a lo que ha sido su tradicional y prudente política de propiciar soluciones por vía del diálogo en lugar de la siempre odiosa y contraproducente política del intervencionismo, que la República Dominicana ha sufrido en carne propia en más de una ocasión.

Al igual que también habíamos adelantado, al Secretario General del organismo le resultó imposible conseguir los votos necesarios para darle curso a la carta conminatoria que firmaron catorce países exigiendo de Maduro poner en libertad a los presos políticos, respetar la soberanía de la Asamblea Legislativa y establecer un calendario electoral preciso.

Es muy de dudar que por más esfuerzos que haga, Almagro logre conseguir el apoyo de la mayoría requerida en el seno de la OEA, donde son fuertes los lazos de dependencia que  atan Venezuela a una gran cantidad de países, sobre todo de la región caribeña,  debido a PETROCARIBE, la habilidosa iniciativa  política del finado Hugo Chávez aunque en extremo costosa  para su cada vez más ineficiente y decaída industria petrolera,  a fin de proyectar su figura a nivel continental y agenciar para su gobierno el respaldo de los países favorecidos.

Tal como también habíamos previsto, la reacción de Maduro ha sido por un lado de cuestionar la existencia de la OEA y por otro, de seguir apretando la tuerca, ahora quitando, a través del fallo de una Justicia sometida a sus dictados, la inmunidad parlamentaria  a los integrantes de la Asamblea Nacional.  De esta forma, al dar otro paso más hacia un régimen absolutista y dictatorial, el gobierno quedará en libertad de perseguir y someter a sumisión, bajo cualquier pretexto o acusación arbitraria, a los miembros del cuerpo legislativo dominado ampliamente por la oposición.

Lamentablemente, la postura de Maduro, empeñado en aferrarse al poder a toda costa y cualquier costo, hace cada vez más remotas por no decir que inexistentes las posibilidades de lograr por vía de un nuevo diálogo, un acuerdo razonable para superar de manera incruenta la profunda crisis por la que atraviesa Venezuela, cuyo futuro luce cada vez más sombrío.

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