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El terrorismo como coartada religiosa

El terrorismo como coartada religiosa
Fernando Sibilio

Fernando-sibilioConsideremos el terrorismo como una forma de usar el miedo con fines políticos, y tiene su origen semántico en la época jacobina de la Revolución Francesa, cuando el Estado Francés, conducido por Robespierre, decía: “Cualquiera que tiemble es culpable”, vaya paradoja Paris, Niza, Bagdad, Siria, Dacca son escenarios globales de esta lacra.

Es el terrorismo una forma de exhibir la violencia, el uso de la fuerza sin límites, ni controles y como un fin en sí mismo. Buscan estos grupos ocultar su debilidad y su fracaso religioso en el puritanismo Musulmán, Budista, Cristiano, Judío, por citar algunos casos. Por eso usan los asesinatos, la destrucción como ejemplo y para infundir miedo.

Son minorías musulmanas que se sienten puras y justicieras, pues quieren que sus víctimas sientan vergüenza y culpabilidad, y que merecen estas atrocidades como castigo. Esa es su lógica, la moral que guía sus doctrinas religiosas, consideran que el fin de su dios justifica sus medios. Tiene varios siglos el culto al terror, pero la política le ha abierto, sus puertas, sin que ella, hasta ahora, se haya dispuesto a crear los instrumentos pacíficos para cerrarla.

Quieren estos grupos, y lo han conseguido, empujar los Estados a reproducir sus mismos comportamientos, en Irak, Yemen, Siria, Turquía, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, Israel, entre otros. Todos estos países han mordido el anzuelo de la provocación, se han colocado al margen de la ley, con lo cual han permitido que los terroristas se conviertan en héroes de muchos jóvenes, que hoy ingresan a sus células.

Consiguieron que los sistemas constitucionales globales se quitaran las máscaras, al abandonar los valores pacíficos de la política, con ataques indiscriminados en Irak, en Afganistán, Pakistán, Líbano, Palestina y en Siria, en nombre de la democracia, con alianzas militares que, hasta hoy, lo que han causado es la misma destrucción y las mismas muertes que los terroristas provocan.

Estamos obligados a deslegitimar este terrorismo de la debilidad, que usa estos agravios como consigna, para justificar sus derechos al chantaje directo y a provocar tantos daños sobre inocentes. Es urgente que la constitucionalidad global se imponga, pues así se le quitará presión a los Estados de caer en el desprestigio democrático y social ante sus poblaciones.

Rogamos estos consensos globales, porque nunca el miedo y el pánico han tenido altares tan altos en el mundo. Es que la saña es contra propios y extraños, atacan los propios musulmanes, los judíos, los budistas, los cristianos y a todos los que piensan diferente. Esa es su gran coartada, matar en nombre de Dios, para alcanzar sus fines políticos.

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