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El vino del perjurio

En verdad no fue el deleite de una botella Penfords Grange Hemitage, el que ha arruinado la carrera política del Premier de Estado de Nueva Gales del Sur, el más  importante, antiguo y poblado de la mancomunidad de Australia. La causa de su precipitada renuncia ha sido el perjurio.

Tres años ha, al juramentarse en sus funciones, luego de una victoria que construyó peldaño a peldaño durante dieciséis años, entre los presentes que le hicieron llegar figuraba una botella del vino australiano que nunca falta cuando la lista de los caldos más caros y mejores del mundo se reduce a diez, y que difícilmente quede excluido si se limita a cinco: el Penfords Grange Hemitage, de todas las cosechas del decenio de los cincuenta, preparadas al cuido prodigioso del enólogo Max Schubert.

Las cosechas más jóvenes tienen precio respetable, si tomamos en cuenta que es un placer que puede rondar a precio distribuidor los 600 dólares y no se consigue más que en lugares muy exclusivos, pero esas de los cincuenta cuestan, las más asequibles, cuatro o cinco veces más.

Para hacer más pintoresca la tragedia del premier australiano, la cosecha que lo ha enviado a la vida común, 1959, cuyo  valor supera los tres mil dólares, no es la mejor de esos años de ensueños, pero de todas maneras mueve a escándalos porque ningún servidor del Estado en ese país puede recibir sin declararlo, un obsequio que supere los 500 dólares, con el agravante de que el “generoso” donante es un empresario, presidente de Australian Water Hondongs, que tiene contratos con el gobierno.

Lo del regalo salió a la luz pública porque el empresario lo registró como gasto de su empresa en los informes para la renta, especificando un regalo al premier Barry O’ Farrel, quien a su vez no lo hizo constar en la declaración a la que está obligado.

Cuando el tema se filtró a la prensa, la primera reacción del funcionario fue negarlo, para empeorar el caso porque una comisión de la instancia que vela contra la corrupción administrativa, halló constancia de que O’Farrel le había enviado una nota de agradecimiento al empresario Nick D’ Girolamo por su fino presente, de lo que también hay constancia en el registro autorizado de las llamadas telefónicas.

Por lo que al premier no le ha quedado de otra, pedir disculpas y renunciar.

Si no ha descorchado aún su Penfolds Grande Hemitage 1959, que es sólo dos años menor que premier renunciante, que nació en el 57, ese presente adquiere un valor de colección y significado histórico imperecedero. Pudiera valer más que la de 1951, que está sobre los 50 mil dólares.

El que ha quedado desvalorizado es el político que descuidó un detalle olvidando que la tradición institucional de su país no exceptúa jerarquía ni control parlamentario, el que se equivoca, si no muestra un claro arrepentimiento admitiendo la falta sin ocultamientos y pidiendo las disculpas correspondientes, se va del cargo, porque los países que son más ricos han avanzado mostrando un respeto sagrado en el manejo de los asuntos públicos.

Si al presidente de una de las cámaras del parlamento de ese país se le ocurriera disponer de 18.3 millones de pesos para distribuírselos a sus colegas para regalar componentes de las habichuelas con dulce, la situación llegara al extremo de que el ejecutor del donativo habría estado preso y destituido y  los beneficiarios renunciados.

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