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Elecciones legislativas en EEUU: los republicanos podrían controlar el Senado y el Congreso

Elecciones legislativas en EEUU: los republicanos podrían controlar el Senado y el Congreso
Elecciones legislativas en EEUU: los republicanos podrían controlar el Senado y el Congreso
Foto de archivo

Foto de archivo

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Si se cumplen los pronósticos de los principales medios de comunicación estadounidenses, unánimes en este sentido, el Partido Republicano se alzará con mayoría en el Senado de Estados Unidos tras las elecciones legislativas de este martes, con lo que recuperará el control total del Congreso estadounidense por primera vez desde 2006.

Pero lo hará, en el mejor de los casos, por una ínfima mayoría que poco o nada contribuirá a facilitar el proceso legislativo, abriendo la puerta a otros cuatro años de hartazgo generalizado de los estadounidenses con la ineficacia en los pasillos de Washington.

Conforme pasan las horas, la batalla en el estado de Iowa se antoja cada vez más importante para esclarecer la victoria de los republicanos. Allí se enfrentan la republicana Joni Ernst y el demócrata Bruce Braley. Ahora mismo, Ernst tiene un 70% de posibilidades de hacerse con la victoria.

En ese escenario, Iowa se convierte en el colchón que los republicanos necesitan ante el previsible intercambio de escaños que tendrá lugar en otros seis estados clave: New Hampshire, Carolina del Norte, Kansas, Georgia donde podría ser incluso necesaria una segunda vuelta, Alaska y Colorado.

Así, siete medios estadounidenses entre ellos The New York Times, el Washington Post, el Huffington Post y 538 conceden en torno al 69 -75 por ciento de probabilidades de ganar el Senado, donde obtendría unos 52 escaños por 48 demócratas. Quizás 53 por 47, en el mejor de los casos, muy lejos de la cifra mágica de 60 escaños, la “supermayoría” que les concedería un margen superior de maniobra.

Los demócratas no pierden la esperanza y se amparan en su impecable capacidad de organización sus voluntarios han visitado un millón de hogares y realizado más de dos millones de llamadas telefónicas para convencer a los votantes. Sin embargo, es una tarea difícil cuando solo un 27 por ciento de los estadounidenses, según una encuesta de la CBS publicada la semana pasada, considera que el país marcha en la dirección correcta.

Está el ejemplo de Keith Wilson, republicano habitual que cambió su voto hace cuatro años, pero que en esta ocasión ha vuelto del lado de los republicanos. “Es tiempo de nervios. Todo parece una reacción, más una acción. Y he elegido el menor de los dos males”, confesó al diario The New York Times.

Parálisis legislativa

La línea que seguirá el hipotético Senado republicano está clara, tal y como hizo saber Mitch McConnell, actual líder de la minoría republicana y futuro líder de la cámara alta si se cumplen los pronósticos: forzar al presidente Barack Obama a dos opciones, o bien acepta sus propuestas, o bien usa su poder ejecutivo para vetar partidas de gasto, lo que podría desembocar en la paralización de todo o parte del Gobierno federal de Estados Unidos.

Para los republicanos supondría una pequeña venganza por su incapacidad para conseguir los 60 escaños que necesita en el Senado para rebatir directamente los triunfos del presidente de Estados Unidos, comenzando por el símbolo de lo que ha representado su mandato doméstico: la aprobación de la reforma sanitaria, el Obamacare.

Al mando del Congreso, sin embargo, los republicanos gozarían de un arsenal de herramientas para obstruir la labor de la Casa Blanca: bloquear iniciativas mediambientales, paralizar el incremento del salario mínimo, rechazar inversiones en políticas educativas, paralizar nominaciones de magistrados pro Demócratas en general, y del nuevo fiscal general, en particular.

La batalla comenzará inmediatamente con la reforma migratoria: Obama ya ha anunciado su intención de esperar al final de las elecciones para decidir si interviene directamente haciendo uso de sus poderes ejecutivos para modificar la ley de inmigración siguiendo los consejos de sus asesores y sin la intervención del Congreso.

Todo ello sucedería después de una última legislatura que no solo se ha distinguido por permitir el bloqueo efectivo del Gobierno federal estadounidense en el que 800,000 funcionarios quedaron en situación de baja temporal en septiembre y octubre de 2013 sino por tratarse del Congreso en el que menos leyes se han aprobado en los últimos 20 años: 185 en el periodo 2013-2014, muy lejos de las 604 de principios de la década pasada. Un Congreso cuya aprobación popular registra mínimos sin precedentes, como el histórico registrado en noviembre de 2013 (9%) y que actualmente se encuentra en el 14%, el segundo índice de aceptación más bajo de los últimos 20 años.

Nadie se enamora de los republicanos

“No es que la gente haya decidido iniciar un romance con nosotros”, ha admitido el número dos de los republicanos del Senado, el texano John Cronyn. “Se trata más bien de una pérdida de confianza en la Administración. Hablamos de seguridad nacional, seguridad personal y seguridad laboral. La gente está al borde de un ataque de nervios y, si eres el partido en el poder, eso no es bueno”, ha declarado al Times.

Del mismo modo se ha expresado la senadora Amy Klobuchar (demócrata por Minesota), quien ha dejado no obstante abierta la puerta a la esperanza para su partido. “Ha sido un año difícil, todo el mundo lo sabe, pero el hecho de que haya tantas candidaturas en el aire suponen un tributo a la fuerza que han demostrado los actuales senadores demócratas”, quienes ocupan bastantes de los escaños que están realmente en juego.

Esta situación es una de tantas que trazan puntos de comparación con las elecciones de 2006, de agrio recuerdo para los republicanos. Como entonces, el presidente de Estados Unidos no goza de buena reputación un índice de aprobación del 41 por ciento para Obama frente al 36 por ciento de George W. Bush en aquella época. Y es el propio presidente Obama quien el mes pasado se puso en la línea de fuego, consciente de que él puede convertirse en el objetivo último de unas elecciones que pueden ser entendidas como un referéndum sobre su persona y sus políticas.

“Yo no estoy en las urnas este otoño. Pero que nadie se confunda: mis políticas sí. Hasta la última de ellas”, declaró el presidente, consciente de lo que está en juego.

Fuente: 20minutos.es

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