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Sábado 26 de septiembre, 2020
Covid-19 en República Dominicana
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Elecciones y reactivación  económica

Elecciones y reactivación  económica

En la guerra sanitaria contra el Covid19 las opciones están claramente identificadas: mantener la guardia en alto usando las mascarillas en los espacios fuera del hogar donde se interactúa con otras personas; mantener el distanciamiento físico y las conocidas medidas de higiene. Si un país es ejemplo de que procediendo de la manera adecuada se puede contener la pandemia y, lo más importante, reducir significativamente su letalidad, hay que referir a la República Dominicana, que además ha ralentizado la positividad y la hospitalización, con niveles de eficiencia superiores a los de sistemas sanitarios del primer mundo.

Recién entramos en la primera fase del desescalamiento que multiplica los desafíos, y, como si fuera poco, en medio de la pandemia, sin que aún se haya aplanado la curva de los contagios, tenemos el reto ineludible de celebrar las elecciones presidenciales y congresuales, pautadas para el 5 de julio. Reactivación gradual de la economía y campaña electoral, por más limitada que sea, son factores multiplicadores de los contagios.

Pero ambas cosas son imprescindibles para continuar combatiendo un enemigo silencioso que posiblemente haya llegado para quedarse, o para permanecer un largo tiempo, entonces lo que antes llamábamos cotidianidad, tenemos que asumirlo como covidianidad, como le ha bautizado el presidente Danilo Medina.

El cierrre de aproximadamente un 80% de la actividad económica, para llevar a cabo la receta que desde los tiempos del médico persa Avicena, es la medida más efectiva para enfrentar una pandemia, la cuarentena, fue acompañado de programas económicos compensatorios para la suspensión laboral en la  economía formal y para el cese de ingresos en la informalidad, pero si bien es cierto que se lograba que millones de personas se mantuvieran en sus hogares sin la desesperación de carecer de alimentos, la actividad económica no tiene sustitutos.

La recepción de las ayudas económicas o alimenticias, no puede contener durante más de dos meses la desesperación por salir a producir, porque estas circunstancias percataron a miles de familias de que no eran tan pobres como se creían, que sus ingresos reales no los sustituye una renta básica. Es correcto, que aunque se mantengan las ayudas a los que no logran insertarse en la actividad productiva en ninguna de las fases, se vaya permitiendo de manera gradual enceder los motores de la economía, guardando las medidas de rigor.

Por otra parte, ya celebramos las elecciones municipales en el momento en que la pandemia empezaba a desarrollarse, y no cabe duda de que fueron un factor de propagación del Covid19, pero no haberlas realizado después de que colapsaran en mayo, creaba perturbaciones que pudieran haber sido más contaminantes que el riesgo enfrentado con las votaciones.

Lo propio ocurre con el desafío del 5 de julio, el peor escenario al que nos podemos enfrentar, incluso para mayor expansión del coronavirus es uno en que concluya el actual período constitucional sin haber logrado la elección de las autoridades  que sustituirán a las actuales en los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Sólo tenemos una opción: colaborar para el éxito de esas elecciones, acudir a ellas con todas las medidas de protección necesarias y respetar sus resultados.

El mundo que nos aguarda, es uno en que la legitimidad es fundamental para la gobernanza, que de todas maneras requerirá de experiencia, tolerancia y concertación. Un próximo gobierno tiene que seguir enfrentando la pandemia  y saber lidiar con una crisis económica que por su carácter global, será compleja.

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