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En Día de Constitución olvidan a Báez

De todos los próceres de la separación de Haití, quizás ninguno merezca más tributos los días en que se celebra la Constitución dominicana que el mal recordado Buenaventura Báez, cinco veces presidente de la República.

Báez llegó por primera vez a la presidencia en 1849 y gobernó hasta 1853, el único período de la Primera República iniciado constitucionalmente con una elección y concluido en paz con una transferencia de mando al sucesor. Pero antes, había sido alcalde de Azua, diputado constituyente en Puerto Príncipe en 1843, constituyente dominicano en San Cristóbal en 1844 y primer presidente del Senado.

Su protagonismo en la redacción de la primera Constitución dominicana fue extraordinario. El 14 de octubre de 1844, en la sesión del Soberano Congreso Constituyente de San Cristóbal, Báez produjo un discurso urgiendo el rechazo de un intento de Santana para amenazar a los legisladores con traidores a la patria a menos que cumplieran sus deseos.

Báez dijo: “Es un principio universal que es ilimitada la inviolabilidad de la persona de un diputado, en el ejercicio de sus funciones legislativas. En ningún tiempo ni caso pueden ser reconvenidos por ninguna autoridad. Tan sólo el cuerpo a que pertenecen es el único hábil para decretarlos de acusación y del modo y forma que prescriba”.

El gobierno provisional que encabezaba Santana había decretado el 13 de septiembre “que se reserva tomar medidas de seguridad en el crimen de traición, sin la anuencia, sin declaración, ni autorización del Congreso. El crimen de traición a la patria es un Proteo, y este supuesto, sería crimen de traición todo lo que no se adapte, todo lo que se crea sospechoso. Así el Congreso vería sacar sus miembros por una sola palabra y en virtud de los omnímodos poderes del Gobierno Provisional”.

Báez logró imponer su punto de vista y así se incluyó en la Constitución la inviolabilidad de los legisladores.

En esos mismos días, el Congreso Constituyente, en funciones de Poder Legislativo, recibió de parte de Santana un proyecto de empréstito con un inglés apellido Hendrik, por seis millones setecientos cincuenta mil pesos. Santana utilizó todos los medios a su alcance para urgir su aprobación. Pero los constituyentes Báez, José María Medrano y otros, quedaron escandalizados al ver que los términos eran leoninos más allá de la usura. Con garantía soberana del naciente Estado, sólo los intereses eran por más de diez millones de pesos. Báez calificó al proyectado préstamo como una amenaza de muerte al futuro financiero dominicano e impuso su rechazo a Santana.

Pero quizás la más delicada situación que Báez debió enfrentar como constituyente fue la inclusión en el texto del controversial artículo 210 que otorgaba toda clase de poderes, sin ninguna responsabilidad posterior, al general Santana como presidente mientras durasen las hostilidades con Haití.

El 6 de noviembre de 1844, pocas semanas después de expulsar del país a Duarte y otros trinitarios, Santana y sus asesores quedaron inconformes por estimar que la flamante Constitución, una adaptación de la de Estados Unidos y la de Haití de 1843, no le permitía legalmente actuar con la prontitud de las circunstancias de un país en guerra.

Santana se negó a ser elegido Presidente a menos que se modificara esa Constitución. Se produjo entonces una crisis política de envergadura por la tensión entre los constituyentes y el gobierno. Entre Tomás Bobadilla y el cónsul francés Saint Denys inventaron un artículo creando los poderes especiales que reclamaba Santana. Así se formalizó una dictadura política, que permitió a Santana fusilar a sus opositores, contrario al espíritu democrático de la nueva Constitución.

“Uno de los pocos que protestaron fue Buenaventura Báez, quien había sido uno de los principales redactores del proyecto original”, refiere Frank Moya Pons en su manual de historia. Santana “rodeó amenazadoramente” con un batallón la casa donde los legisladores deliberaban y les hizo saber “la conveniencia de acatar los deseos de su jefe”. Así nació la Ley Fundamental de la nación dominicana, con una daga en el cuello de quienes postulaban la libertad y la democracia, y con las viriles protestas de ciudadanos como Báez ahogadas bajo el clamor de la soldadesca acaudillada por Santana.

El nombre de Buenaventura Báez no debería olvidarse cada Día de la Constitución.

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