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En honor al pueblo de Siria

En honor al pueblo de Siria
Rafael Chaljub Mejía

Me alegra haber prolongado el uso del sombrero para hoy quitármelo en señal de reverencia al pueblo sirio, por el valor con que ha resistido las agresiones de tantos enemigos poderosos. Siria vivía en paz, en estabilidad política y con altos niveles de progreso, sin deuda externa ni persecuciones por causas religiosas, con mujeres en uso y disfrute muy importantes derechos. Pero ese país y sus veintiún millones de habitantes tuvieron la mala fortuna de existir en un punto clave del planeta, poseer riquezas naturales inmensas y estar regido por un gobierno que no ha permitido el saqueo de los grandes poderes imperialistas.

Y como en Siria no funcionaba aquello de la primavera árabe que tumbaba gobiernos como en Túnez y en Egito, para instalar en su lugar regímenes dóciles a las potencias de Occidente, esas potencias, con Estados Unidos a la cabeza, inventaron una falsa guerra civil entre el pueblo sirio y su gobierno. A poco andar se descubrió que no había tal guerra civil sino una agresión de mercenarios terroristas, financiados por Arabia Saudita y potencias occidentales codiciosas de conquista y de petróleo.

Cuando parecía que el gobierno de Bachar Al-Asadd se venía abajo, vencido por el peso de las fuerzas y las armas destructoras que se abalanzaron contra él, ese pueblo, su gobierno, su ejército nacional y su presidente, aposentaron fuerzas y siete años después de una resistencia digna de las leyendas, siguen en pie y se disponen a rematar los focos terroristas agresores. En esas circunstancias, volvió la fábula de las armas químicas y, como en el Irak de Sadam Hussein en 2003, se descargan contra Siria las bombas de aquellos que se creen con el derecho a la matanza en masa de seres humanos, a destruir ciudades varias veces milenarias, a demoler monumentos que sus habitantes han conservado como tesoros por innúmeras generaciones.

Pero el pueblo sirio ha resistido sin dar su brazo a torcer, no se ha dejado dividir ni amedrentar, ha peleado casi solo, al desamparo de casi todos los gobiernos árabes, ha cerrado filas junto a su presidente y su ejército de bravos y de seguro vencerá. Ante ese ejemplo de patriotismo y de valor, lo menos que la humanidad debiera hacer es desbordar el boicot mediático que la esclaviza, y alzar su voz en apoyo a un pueblo tan digno y valeroso.

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