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En política no hay consenso: se gana o se pierde

En política no hay consenso: se gana o se pierde
Rosario Espinal

La política es lucha de poder. Se lucha por ideas y por recursos. Si existiera consenso sobre un tema dejaría de ser político. La política se trata de diferencias enfrentadas.

Mucho se escucha la palabra consenso y la necesidad de alcanzarlo para resolver diversos asuntos de interés político o económico. Se pide consenso para la Ley de Partidos, para el Pacto Fiscal, etc., etc., etc.

Pues resulta que en política no hay consenso. Se logran acuerdos cuando un sector no logra su objetivo, y las consecuencias de persistir en el mismo camino son muy arriesgadas o claramente negativas. Entonces se busca un acuerdo para no perderlo todo.

Tomemos por ejemplo la Ley de Partidos, que lleva casi dos décadas floreteando en el Congreso. El verdadero meollo es el financiamiento, del que poco se habla porque hay acuerdo de antemano. Ningún partido quiere regulación estricta del financiamiento. No aparecen grandes diferencias partidarias.

Cuando la Ley de Partidos se promulgue (algún día), será obvio que es ligera en el tema del financiamiento. Algunos se quejarán de la falta de control y el pataleo no pasará de ahí.

Pero ojo: la regulación del financiamiento es la clave para resolver muchos otros problemas de la desigualdad y el desorden en las campañas electorales, incluidas las manoseadas primarias.

Como el financiamiento no ha sido objeto central de controversia entre los políticos, apareció el debate sobre la modalidad de primarias: que si cerradas, abiertas o semi. En ese dime y te diré llevamos unos dos años.

Se abre ahora un nuevo capítulo en la búsqueda del “consenso”. Una carta del presidente Danilo Medina llama a formar una comisión bicameral (otra más), y se quitó nueva vez el poder de decisión a cada legislador a favor de la negociación. Ya no será la “conciencia” individual de los legisladores que llevará a una decisión, como había proclamado hace unas semanas el Comité Político del PLD.

En la realpolitik esta es la situación: el juego sobre las primarias se trancó cuando en la Cámara de Diputados los números de ningún bando alcanzaron para imponer una modalidad de primarias determinada. Cada grupo de legisladores se mantuvo fiel a su líder. Hasta ahí llegó la “conciencia”. Divididos en cuatro grupos, aunque se juntaran en dos bandos, nadie logró las dos terceras partes requerida para que un grupo saliera victorioso en su versión de primarias. El Proyecto de Ley pasó entonces al limbo (una comisión).

En este momento, si uno de los grupos no se rinde, no habrá “consenso”. Parece que le tocará ceder al presidente Danilo Medina porque casi toda la oposición partidaria (dentro y fuera del PLD) se opone a las primarias abiertas y simultáneas con el padrón de la Junta Central Electoral (JCE). Hasta las jerarquías de las iglesias cantaron ¡bingo!

Dejar que cada partido elija el tipo de primarias que desee parece ser la forma de lograr el clamado “consenso”. Esa opción no es mejor ni peor que las primarias abiertas o cerradas, porque todos los tipos de primarias tienen sus pros y sus contras, pero destiende el ambiente político.

Si Danilo Medina opta por no empujar su modalidad preferida de primarias abiertas de manera que la aprobación de la Ley de Partidos avance, tiene aún dos opciones disponibles: echar el pleito dentro del PLD para establecer las primarias abiertas en su partido, o abandonar totalmente la idea de tener primarias abiertas y aparecer como el sacrificado que logró el reclamado “consenso”. Las cartas están en sus manos.

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