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Encuentros: Tareas pendientes: OCTAVIO PAZ y el I Ching

Misión de la literatura: Todo resuena, apenas se rompe el equilibrio de las cosas. Los árboles y las yerbas son silenciosas; el viento las agita y resuenan. El agria está callada: el aire la mueve, y resuenan; las olas mugen: algo las oprime; la cascada se precipita: le falta suelo; el lago hierve; algo lo calienta. Son mudos los metales y las piedras, pero si algo los golpea, resuenan. Así el hombre. Si habla, es que no puede contenerse; si se emociona, canta; si sufre, se lamenta. Todo que sale de su boca en forma de sonido se debe a una ruptura de su equilibrio. Octavio Paz, Trazos.

Buscando sobre Octavio Paz  me encontré con una interesante entrevista que le hicieron al pensador mexicano acerca del I Ching. Antes de pasar directamente a las opiniones del pensador, hablaremos sobre lo qué es  este libro tan importante.

EI I Ching es considerado el libro de las mutaciones o de los cambios.  Es uno de los textos  más antiguos de la filosofía china, que todavía hoy tiene vigencia por su poder predictivo. Se le conoce también como el oráculo que surgió alrededor de 1.200 A.C. y se enmarca dentro de los Cinco Clásicos confucianos. Es utilizado para ayudar a quien lo consulte a descubrir su situación presente y a predecir su futuro, orientándolo en cómo solucionarlo.  No es pronóstico, sino que revela por qué suceden las cosas.  Los símbolos y sentencias del I Ching todavía son utilizados en la vida diaria china.

Volvamos a la entrevista.   Hay una entrevista muy relevante que se produjo entre Joung Kwon Tae, profesor e investigador del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara, con Octavio Paz sobre el I Ching que fue publicada en la Revista Claves de la Razón Práctica, número 61, abril de 1996, editorial Progresa, Grupo Prisa.

Cuando Joung Kwon Tae le preguntó sobre el I Ching, específicamente sobre los hexagramas utilizados: ¿Cree usted que los hexagramas son símbolos criptográficos que codifican el secreto del universo? Paz contestó:

Quizá sea mucho hablar de secreto del universo. Era posible creer eso en el pasado; ahora sabemos que estamos muy lejos de conocer esos secretos, y mucho menos a través de un antiguo sistema de símbolos y de signos como el I Ching. A mí ese libro me fascinó porque asocia de una manera a un tiempo coherente y poética los cambios de la naturaleza y, con ellos, los de los hombres. Subrayo: los hombres no en soledad sino en relación con los otros hombres, es decir, en sociedad. Esto, para mí, hombre de cultura occidental, fue muy estimulante; estamos acostumbrados a ver a los hombres como entidades separadas….Volviendo al I Ching, podría decirse que es la teoría de la correspondencia universal, pero en movimiento. El I Ching se funda en una filosofía natural: el ciclo de las mutaciones que experimentan el mundo y los hombres. Es, sobre todo, un tratado o guía moral que nos ofrece las respuestas y actitudes que podemos adoptar ante ciertas situaciones arquetípicas, comunes a todos los hombres y a todos los tiempos. Ética y política.

Joung Kwon Tae. Me parece que la expresión simbólica del I Ching intenta superar los límites del lenguaje. ¿Usted cree que el signo simbólico no tiene límites?

No sé si tiene límites. Su pregunta en realidad son varias preguntas. Procuraré contestar la relativa al lenguaje. Es cierto que, al escribir, inmovilizamos los signos lingüísticos… o los sonidos, si es que hablamos. Pero la expresión –la escrita y la oral- son momentos del fluir del lenguaje, continuamente en movimiento. Las lenguas nacen, crecen, maduran, languidecen y mueren. Hay muchas lenguas muertas en el mundo. El caso del I Ching es distinto. Constituido por dos signos básicos, sus combinaciones reproducen los cambios del universo. Esa pareja primordial de signos son el yin y el yang, luz y oscuridad, arriba y abajo, lo masculino y lo femenino, etcétera. Cada cambio es una permutación y cada permutación es el emblema tanto de los movimientos cósmicos como de las situaciones humanas. Filosofía del cambio.

A diferencia de los del lenguaje, los cambios del I Ching no son lineales sino cíclicos. Es un movimiento circular: los signos cambian, pero al final, regresan al punto de partida, a la dualidad primordial del universo.

Joung Kwon Tae. Así, ese libro es realmente una obra abierta, ¿no?

Octavio Paz. Sí, en cierto modo. Uno de los grandes atractivos del I Ching es ser un sistema en el cual interviene el azar; cuando uno tira las monedas, enseguida interviene la voluntad de aquel que tira las monedas e interpreta los signos conforme a ciertas reglas. Por una parte, el accidente; por la otra, el texto del I Ching. Es un texto fijo. No obstante, tiene que ser interpretado por cada lector. Hay una continua interrelación entre un texto pensado y escrito hace miles de años y la interpretación que puede ser de hoy o de mañana.

Joung Kwon Tae. ¿El concepto de obra abierta y el sistema del I Ching serían términos equivalentes?

Octavio Paz. No, son términos afines. Creo que el I Ching es un sistema cuya operación resulta en consejos o avisos de orden práctico. Es un manual de prudencia, diría Gracián. Un saber mundano, pero ese saber está fundado no en ideas fijas como en Occidente, sino en una filosofía de la naturaleza. El I Ching es una visión del movimiento cósmico. Ese movimiento es de carácter cíclico o circular: los fenómenos naturales y los hombres somos momentos de ese ritmo que siempre vuelve al comienzo para empezar de nuevo. La “obra abierta” –una expresión que estuvo de moda hace algunos años- no está fundada en una filosofía cíclica natural. Como su nombre mismo lo dice, es una obra sujeta a un número prácticamente infinito de variaciones: las que le atribuye cada lector-autor. Su desarrollo es lineal, como el del lenguaje: nunca vuelve al comienzo. Por último: la noción de “obra abierta” no es de orden filosófico o moral; es un concepto estético o, más exactamente, literario.

Después la entrevista se centra en otros aspectos de la filosofía China. El entrevistador preguntó las diferencias entre ellas, especialmente entre el budismo y el taoísmo.  El mexicano universal contestó:

Octavio Paz. Sí, el budismo y el taoísmo son negación del lenguaje precisamente porque quieren ir más allá del lenguaje. La gran seducción del Ch´an y en general de todas las corrientes budistas es que proclaman la vacuidad universal. Pero el budismo no culmina en un simple nihilismo ni en un escepticismo que niegue al mundo, al hombre y al lenguaje. Nagarjuna nos dice que Sunyata, la intuición de la verdad o de la realidad última, es la percepción de la vacuidad universal vacía de su vacuidad. O Dicho de otro modo: si todo es vacuo, la afirmación de la vacuidad de la realidad también está vacía. Así, por el camino del escepticismo radical y de la negación, el budismo reintroduce al mundo y al lenguaje. Reintroduce a la vida, a la acción, al cuerpo.

Joung Kwon Tae. ¿Cuántos escritores han recibido la influencia del Libro de los cambios?

Octavio Paz. No lo sé. Tuvo mucha influencia en la literatura china, en la coreana y en la japonesa. En Occidente, después de las primeras traducciones, interesó sobre todo a los orientalistas y a los filósofos. En el siglo XX esa influencia se extendió y ha sido enorme, especialmente en Estados Unidos… A mí también me impresionó la lectura de ese libro. Incluso lo consulté a veces ante problemas de mi vida íntima. Pero volvamos a la doctrina del silencio. Una de las críticas más curiosas es la del poeta Po Chu-i. Aunque era confuciano, conocía bien el budismo y el taoísmo.

La entrevista es mucho más amplia, pero por razones de espacio tuve que acortarla.  Lo interesante es que por mucho que lea y escriba sobre la filosofía china, más me doy cuenta de su complejidad, amplitud y belleza.  Una tarea que seguirá pendiente en mi vida hasta que desaparezca. Lo interesante de esta entrevista fue ver cuánto conocía Octavio Paz la filosofía, la cultura y la literatura  de mis ancestros.  Envidia sana. ¡Qué profunda formación tenía este hombre! ¡Verdaderamente impresionante!

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