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¿Eres libre?

¿Qué es libertad? Hay tantas respuestas como hombres en el mundo. Para unos significa la ausencia de ataduras humanas. Otros encuentran la libertad en la democracia. Para muchos, la libertad es poder decir y hacer lo que mejor les parece. Para otros no estar esclavizados.

Pero muchas veces el exceso de libertad se convierte en libertinaje y eso ocurre en diferentes estratos de nuestra sociedad cuando no se respetan las instituciones ni las leyes.

¿Qué dice la Biblia sobre la libertad? “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8.31-32). De acuerdo con las palabras del Maestro, la libertad del hombre se encuentra en la verdad de su evangelio.

Este versículo, el 32,  fue el escogido por nuestros patricios para colocarlo en el escudo dominicano, como el lema inspirador para liberarse de todo dominio de las fuerzas extranjeras que quieran violar nuestra soberanía como país libre, porque estaban conscientes del valor y la esencia de la verdadera libertad, tanto en el orden material como en el espiritual.

Pero en la política, durante los procesos comiciales,  no es extraño que algunos candidatos se alejen de la verdad y apelen a la demagogia y la mentira con el fin de atraer simpatizantes, pero luego que éstos se percatan que han sido engañados por el incumplimiento de las promesas de campaña, adjuran del sistema democrático y se abstienen de votar.

La mentira es el antónimo de la verdad. A través de los tiempos, la debilidad del hombre lo ha llevado a mentir como algunos políticos que conocemos en estos lares, que para lograr su propósito, muchas veces mezquinos,  la utilizan como su preferida arma de combate.

Los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apoc. 21.8). La libertad es sinónimo de verdad en toda su esencia. La verdad a medias, en el orden espiritual,  no libera al hombre de sus pecados.

Por el engaño y por no creer en la verdad, muchos se convierten en esclavos de los vicios. El licor, el tabaco, las drogas, el robo etc., una vez se posesionan del ser humano se le hace muy difícil liberarse de ellos.

Hay personas que se resisten a dejar los vicios, por no buscar de Dios, y prefieren que sus adicciones los lleven  al mismo  infierno, antes que luchar contra el apetito carnal para librarse de esa atadura.

Sin embargo, Jesucristo proclama que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.  “De cierto, de cierto os digo que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8.34). “Así que, si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres” (Jn. 8.36).

La libertad es Cristo, porque El vino a romper las cadenas con que nos tenía atado Satanás. Cristo vino a dar la libertad a los presos que estaban encadenados a sus delitos y pecados. Vino a dar al hombre una nueva oportunidad para vivir una vida nueva, distinta, con la autoridad para decirle  NO al pecado.

Según la fe y la santificación van creciendo en personas creyentes, las costumbres pasadas van desapareciendo, pero es necesario una decisión firme. Las cosas valiosas requieren gran esfuerzo y dedicación.

La libertad en Cristo no se compara con ninguna otra cosa a que pueda aspirar el ser humano. Todo lo que tenemos que hacer es escuchar su voz, aceptar su invitación, y obedecer su palabra. Conocer la verdad no es suficiente para alcanzar la libertad. Sin la obediencia al Evangelio, nadie tiene libertad completa.

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