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Esperanza

Lilliam Fondeur.

En el caso de Esperancita ha triunfado el derecho a la vida de las personas. La decisión de darle quimioterapia a la joven de 16 años embarazada demostró que la sensibilidad humana y la defensa de los derechos fundamentales están por encima de las reglas impuestas.

La vida de Esperanza, que hoy tiene la posibilidad de superar la leucemia, es el futuro de las mujeres dominicanas. Esperancita es nuestra esperanza. Ha triunfado la racionalidad, pero tan importante como eso ha sido la  oportunidad de poner en marcha los mecanismos de solidaridad del pueblo dominicano. Lo hemos logrado.

En Twitter, decenas de personas, sobre todo mujeres, dedicaron su tiempo a generar ideas, a convocar acciones que resultaran en la mejoría de Esperancita. Y creo que lo lograron. Estoy orgullosa de todas y todos los que tomaron este caso como si fuera suyo.

Queda, sin embargo, pendiente que este no es el único caso. El de Esperancita fue el que nos llegó a las manos. Pero intuyo que habrán muchas Esperancitas muriendo en vida a causa de un artículo anacrónico y arbitrario que tiene nuestra Constitución: el artículo 37.

La clase médica, en su mayoría, entiende que es improcedente e inhumano negar el tratamiento a quien sufre. En este caso, casi todas y todos se han comportado con digna racionalidad y humanismo. Sin embargo, puede ser que quienes tuvieron que intervenir directamente hayan sentido una atadura legal, un lastre superior a ellas y ellos, y que a fin de cuentas podría ocasionarles problemas.

Hay que comprender la dimensión humana de cada médico en el caso. Veían a una niña, que pudiera ser su hija o su hermana, desgastarse en una cama por un tratamiento que estaba a su alcance. Imaginemos su impotencia en el caso: ellas y ellos queriendo trabajar y viéndose lastrados por el sistema, por un artículo feminicida. Hubo indignación e impotencia, me consta. “Déjennos salvarla. Queremos salvarla”.

Entre médicos se sabe que la paciencia es una virtud y la dilación, un crimen. Tenemos que hacer una clara distinción entre una y otra. Cuando usted se demora en darle un tratamiento a un paciente que sufre, que lo necesita, usted es comparable a un bombero que se cruce de brazos al ver incendiarse un edificio lleno de personas. Nuestro llamado es a salvar vidas no a dejar que las personas mueran.

Eso es al menos en nuestro oficio.

En otros oficios habrá quienes con solo levantar una mano puedan cambiar el futuro de las mujeres ahora que se ha comprobado que el artículo 37 -que no es letra muerta sino fatal- tiene la capacidad de destruir la vida de miles de mujeres.

@lillianfondeur

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