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Estado fusionado, corrupto y corruptor

El Estado delincuente, hoy narco-Estado, es algo que viene de atrás.

El Estado compactado, fusionado, anejado por una especie de monarquía moderna y republicana, tiene su historia, adecuaciones y modalidades recientes: Trujilllo, Balaguer. . . y ahora Leonel.

La democracia representativa es solo una formalidad que lo modula de acuerdo a la correlación de fuerzas a su interior y a las presiones desde fuera.

La compactación inter-institucional está relativizada por la conciencia y las luchas en la sociedad.

Estado es más que gobierno.

Estado es poder ejecutivo, gabinete y entidades dependientes; mas Congreso, sistema judicial, fuerzas armadas, policía, DNCD, DNI. . .

En el marco de la Constitución de Leonel y sus asesores españoles, el Senado (sobredimensionado en sus atribuciones) escoge el Consejo de la Magistratura (Suprema Corte), el Tribunal Constitucional, la Cámara de Cuentas, la Junta Central Electoral y el Tribunal Electoral; mientras a partir de los comicios senatoriales todo quedó bajo el mando centralizado, amarrado a un sistema de corrupción de Estado bien jerarquizado.

Esa intervención electoral fue fríamente planeada y financiada por el Poder Ejecutivo para lograr estos resultados.

En la actualidad el Presidente Fernández es jefe real del poder militar- policial altamente sobornado y de ese Senado. Vía el Senado controla todas las entidades mencionadas y sus redes burocráticas. La Cámara de Diputados va por ese camino solo con un sobornito mayor.

Agregándole a esto las grandes alcancías oficiales y privadas, las alianzas político-empresariales y las conexiones oligárquicas e imperialistas, no es difícil colegir que existe un proceso de fusión del sistema de corrupción de Estado y de la institucionalidad vigente, articulada por la Constitución actual y por la “superioridad” presidencial.

La continuidad de Leonel en el Ejecutivo en el 2012 le daría más garantía al afianzamiento de ese modelo neo-trujillista y a su propia impunidad, pero de todas maneras lo ya logrado por él es una buena camisa de fuerza sistémica a su favor, solo alterable con un alta grado de insumisión popular y desobediencia civil que impugne la institucionalidad amañada. Con muchos movimientos tipo el desatado contra la Cementera en defensa de los Haitises, tipo el del 4 por ciento para la educación… hasta confluir en uno de mayor amplitud y profundidad, capaz de crear contrapoder, revocar pilares del orden impuesto y apuntar hacia el cambio político y el nuevo poder.

Creo que esta institucionalidad no se puede democratizar ni debilitar desde dentro, ni con simples líneas electoralistas o insistiendo solo en el logro de “cuotas” institucionales y en opciones presidenciales como las que dominan al PLD y el PRD.

Así las cosas, las alternativas electorales sistémicas estarán, con o sin reelección, previamente capturada por el nuevo “monarca”. No olvidemos además que el PRD está secuestrado por concepciones y prácticas parecidas y forma parte del mismo ajedrez político, incluso en cierta medida intervenido por el caudillo mayor, como lo demostró el pacto de las corbatas azules y lo evidencian las continuas negociaciones Leonel-Miguel y Leonel-Hipólito.

Para cambiar este régimen endurecido, se necesita una gran movilización desde fuera y desde debajo de carácter político-social, un proceso de lucha integral, independiente del Estado, de la oligarquía y de la partidocracia dominante

Un clamor, una avalancha, que confronte y resquebraje lo existente. Algo como lo que pasó en Venezuela, en Ecuador y en Bolivia. . . antes de que los votos decidieran los nuevos actores gubernamentales y los respectivos procesos constituyentes.

La actual institucionalidad no es reformable en dirección a más democracia y participación. Tiene además garantizada seis años más de existencia con la correlación interna de fuerza actual. Cualquier avance sustancial, por tanto, requiere de su ruptura y superación: de la creación de un orden constitucional e institucional distinto, negador del autoritarismo neo-trujillista y del neoliberalismo, participativo y profundamente democrático.

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