La justicia estadounidense determinó que existen elementos de convicción suficientes para procesar al cantante d4vd por el atroz crimen de Celeste Rivas.

La noche del 23 de abril de 2025 marcaba el inicio del fin de una pesadilla que se gestó entre bastidores, bajo el destello de la fama y las falsas promesas.

Celeste Abigail Rivas Hernández, una adolescente de origen salvadoreño de solo 14 años, subió a un vehículo enviado para trasladarla desde su tranquila localidad de Lake Elsinore hasta una mansión en Hollywood Hills.

Se dirigía al encuentro de David Anthony Burke, el ascendente cantante de alt-pop conocido mundialmente como d4vd, con quien mantenía una relación clandestina desde que ella tenía 13 años. No sabía que esa travesía nocturna sería la última.

Las paredes de aquella residencia no presenciaron un refugio, sino el escenario donde se consumó la violencia física y el intento definitivo por silenciar una verdad que amenazaba con destruir la carrera del artista.

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Meses antes de aquella fatiga de abril, la relación entre el músico de 21 años y la adolescente había entrado en una espiral de tensión constante.

Las evidencias forenses y digitales presentadas en el tribunal detallan que Celeste, angustiada por la dinámica de abuso y el ocultamiento de su vínculo, envió una serie de mensajes tajantes donde le advertía que revelaría a su padre el sometimiento al que era sometida y que “arruinaría su carrera y su vida”.

Celeste Rivas camina de noche frente a un edificio iluminado en una plaza urbana
Celeste Rivas Hernández, en una imagen tomada en la BINAES, antes de su fallecimiento (Foto cortesía ABC7 en Español).

Según la reconstrucción judicial expuesta por la fiscalía, Burke preparó una emboscada para evitar que la menor hablara. Cuando la adolescente llegó a la residencia de Hollywood Hills, su teléfono celular dejó de emitir señal de manera repentina.

Dentro del inmueble, el acusado la atacó propinándole dos heridas penetrantes con un objeto punzocortante en la parte superior del cuerpo. La autopsia determinó que uno de los impactos perforó las costillas en el tórax izquierdo y el otro penetró profundamente en el hígado, causándole lesiones internas mortales.

La fría ejecución del ocultamiento

Lo que siguió tras el ataque reveló una metódica y perturbadora serie de pasos para erradicar cualquier rastro del crimen. De acuerdo con las pruebas digitales aportadas por los investigadores, días después de la desaparición de la joven, Burke utilizó un seudónimo en internet para ordenar un kit de limpieza y herramientas de desmembramiento: bolsas industriales para cadáveres, una pala, herramientas varias y tres motosierras.

En el área del garaje de la vivienda, utilizando una piscina inflable de plástico azul para contener los fluidos, el cantante cercenó el cuerpo de la adolescente. Durante este proceso, las autoridades presumen que utilizó la motosierra sobre los restos de la menor.

Para entorpecer la identificación forense, a la víctima le amputaron dos dedos de la mano derecha, precisamente aquellos en los que llevaba tatuado el nombre de “David” y un diseño a juego con el del acusado.

Los restos mutilados de Celeste fueron introducidos en bolsas de plástico y colocados en el maletero delantero (frunk) de un vehículo Tesla, propiedad del artista.

El automóvil permaneció abandonado durante semanas, trasladándose eventualmente a un lote de remolque en Los Ángeles tras ser incautado.

El 8 de septiembre de 2025, tan solo un día después de la fecha en que la joven habría cumplido 15 años, empleados del depósito vehicular reportaron a la policía un olor fétido insoportable que emanaba de la parte frontal del coche.

Al abrir la estructura, los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles hallaron el torso y la cabeza de Celeste en un avanzado estado de descomposición. La identificación inicial debió realizarse mediante registros radiográficos dentales debido al severo deterioro de los restos.

El banquillo de los acusados y el reclamo de la familia

Tras una investigación que se extendió por siete meses, David Anthony Burke fue arrestado en abril de 2026. Al concluir la reciente audiencia preliminar de cinco días en el Tribunal Superior de Los Ángeles, la jueza Charlaine Olmedo determinó que las muestras de ADN en el garaje, las compras registradas por internet y los registros de comunicación constituían causa probable suficiente para enviarlo a juicio formal por asesinato en primer grado, abuso sexual de menor y mutilación de un cadáver.

Durante la audiencia también se dio a conocer que la joven se había practicado un aborto en 2024, a los 13 años, después de que él la dejara embarazada.

Mientras el fiscal de distrito Nathan Hochman evalúa solicitar formalmente la pena de muerte por los agravantes de emboscada, la defensa intentó sostener que el acusado es inocente, argumentando la falta de restos hemáticos en dos de las motosierras e insinuando hipótesis como un presunto suicidio o conductas violentas por parte de la víctima.

Por lo que, al finalizar la audiencia, el abogado de la familia Rivas, Patrick Steinfeld, transmitió el sentir de los padres de la adolescente, devastados al escuchar la estrategia defensiva.

De momento, Burke permanece privado de libertad en una prisión del condado de Los Ángeles, sin derecho a fianza. El caso continuará su curso en los tribunales, con las siguientes fechas clave establecidas en el calendario judicial:

31 de agosto de 2026:

Audiencia para la lectura formal de cargos procesales (arraignment) en el Tribunal Superior de Los Ángeles.

Octubre y noviembre de 2026: etapa programada para las conferencias de estado del caso (status conferences), donde las partes y la jueza definirán la fecha oficial de inicio del juicio oral.

Para la familia de Celeste Abigail Rivas Hernández, el final de la audiencia preliminar marca apenas el cierre de un doloroso capítulo inicial.

Tras meses de incertidumbre desde su desaparición, sumados a la angustia de escuchar en los tribunales los detalles forenses del crimen, los allegados de Celeste aguardan con la esperanza firme de que el proceso judicial concluya en una condena ejemplar.

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