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Estamos bonitos para el FMI pero feos para la política

Estamos bonitos para el FMI pero feos para la política
Bernardo Vega

Desde 1959 el Fondo Monetario Internacional (FMI) prepara reportes sobre la situación de la economía dominicana y sus perspectivas. En cuanto al de 1959 tan solo pudimos leerlo con la caída la dictadura, pero desde entonces, y sobre todo durante las últimas dos décadas, sus disponibilidades han sido rápidas. Personalmente hemos leído todos esos reportes y tenemos que admitir que el del mes pasado ha sido el más optimista y positivo. No solo enfatiza que el crecimiento del año pasado de un 7% fue el más alto del hemisferio, sino que, como algo nuevo y, por qué no decirlo, controversial para economistas y políticos dominicanos, cita el “progreso sustancial” en los indicadores sociales, pues plantea que el empleo aumentó y bajaron las desigualdades sociales y la pobreza. Además, agrega que son favorables las perspectivas para el futuro inmediato.

Por supuesto hace críticas, la mayoría de las cuales son reiterativas. Por ejemplo, se queja de la tardanza en el establecimiento de una plataforma electrónica y la falta de supervisión de aquellas cooperativas que aceptan depósitos del público. Hace tiempo que el FMI pidió que el Banco Central establezca la plataforma electrónica, un mecanismo “online” donde en tiempo real acuden los bancos ofreciendo y demandando divisas y a través del cual se fije el valor del peso con relación al dólar y el euro. Un funcionamiento efectivo de dicha plataforma dificultaría la capacidad del Banco Central de presionar para evitar aumentos súbitos en el valor de nuestra moneda. En la jerga de los financistas de los mercados de países industrializados, esa presión se denomina “persuasión moral”. Entre los dominicanos se conoce como el gobernador amenazando a los banqueros. A ese tipo de intervención se le llama “flote sucio”, para describir a un tipo de cambio fluctuante  pero no determinado exclusivamente por el mercado. La plataforma implica transparencia en ese mercado cambiario y una disminución en los márgenes de las tesorerías de los bancos múltiples.

Entre nosotros las cooperativas fueron establecidas originalmente por grupos religiosos para ayudar a campesinos y esas han funcionado muy bien. Sin embargo, el aumento en la corrupción entre funcionarios de nuestros gobiernos, la dificultad para ellos poder abrir cuentas en los Estados Unidos (los llamados PEPS-Political Empowered Persons) y las regulaciones de nuestras leyes de lavado, que obligan a la banca a reportar depósitos sospechosos a la Superintendencia de Bancos,  han motivado la creación de nuevas cooperativas donde los políticos depositan su plata y donde la supervisión de esas cooperativas está en manos de un IDECOOP también muy politizado. Consecuentemente, vemos como nuestros congresistas se oponen a que las cooperativas sean reguladas por nuestra Superintendencia de Bancos, a pesar de los esfuerzos de las autoridades monetarias.

Una queja nueva del FMI, que creemos debió haber expresado con anterioridad, fue cuando dijo: “La deuda sigue creciendo como  resultado de importantes déficits estructurales” y eso lo  atribuye a tres factores: (1) la débil base impositiva y la ausencia de reforma tributaria; (2) la incapacidad de las tres distribuidoras de energía, manejadas por políticos, de cobrar la luz, pues hoy día un 28% de sus clientes no pagan y  (3) la elevada carga de los intereses, pues ya nos estamos endeudando, no tanto para repagar capitales, sino para contar con recursos con qué pagar intereses. Todo empresario, o ama de casa, sabe lo que significa endeudarse para pagar intereses, sin disminuir el monto de la deuda. Ante esta situación el FMI insiste en una reforma impositiva, que aumente la carga fiscal y que reduzca los incentivos tributarios, que hoy día merman las recaudaciones.

Y aquí aparece el contraste entre el progreso económico y financiero y la ausencia de progreso en el área política. Ha sido precisamente la ausencia de voluntad política, limitada por objetivos puramente electorales, lo que ha impedido los pactos fiscales y eléctricos. El caciquismo (Medina, Fernández, Mejía) y los afanes reeleccionistas impiden acciones en el área económica que solo dejan de tener grandes costos inmediatos por nuestra capacidad para seguir endeudándonos. Pero eso depende del mercado. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo? Quizás, quizás, quizás.

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