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Fe y Vida: “El Alma”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

El día en que Dios nos llame a su presencia todo quedara aquí en la tierra, no importa las posesiones o riquezas que tengamos, no importan los títulos que podamos alcanzar aquí en este mundo, nada de eso es importante, solo nuestra alma subirá a la presencia de Dios para vivir junto a El eternamente. Es por eso que debemos cuidar de ella, pues es la única que nos va a acompañar a donde quiera que vayamos.

Quiero contarles la historia de un rey, el cual tenia cuatro esposas, y la misma viene muy bien con este tópico  y dice así: Habia una vez un rey que tenía cuatro esposas. El amaba a su cuarta esposa más que a las demás  la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa, y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

A su segunda esposa también la amaba. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, él apenas se fijaba en ella.

Un día, el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló: Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera estaré yo solo. Así que le pregunto a su cuarta esposa: Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía? ¡Ni pensarlo! Contesto la cuarta esposa y se alejó sin decir más palabras. Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le pregunto a su tercera esposa: Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía? ¡No! Contestó su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volverme a casar! Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frió.

Entonces preguntó a su segunda esposa: Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuándo muera ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía? ¡Lo siento no puedo ayudarte esta vez! Contestó la segunda esposa. Lo mas que puedo hacer por ti es enterrarte. Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.

Entonces escuchó una voz: Me iré contigo y te seguiré dondequiera que vayas. El rey dirigió la mirada en dirección a donde venia la voz y allí estaba su primera esposa. Sé veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: ¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!”

En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas. Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando muramos. Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riquezas. Cuando muramos, irán a parar a otros. Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí en este mundo, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro. Y nuestra primera esposa es nuestra alma, frecuentemente ignorada por nosotros. Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará dondequiera que vayamos. ¡Así que cultivémosla, fortalezcámosla y cuidémosla  ahora que estamos a tiempo! Ese es el más grande regalo que podemos ofrecerle al mundo ¡Hagámosla brillar!

Recordemos siempre; que cuando partamos de este mundo a la presencia de Dios, ni las propiedades ni  las riquezas, ni los títulos que hayamos obtenido en este mundo sé Irán con nosotros, solo nuestra alma ira a vivir para siempre en la presencia de Dios, tratemos de conservarla lo más pura posible.

Termino con el Versículo 15 de la Carta de San Pablo a los Efesios, Capitulo 4 que dice: “Por lo tanto cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente sino con sabiduría”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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