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Fe y Vida: “Cuanto me Amas”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

Los seres humanos siempre estamos cuestionando las cosas, nos gusta preguntar e indagar el porqué de todo. Es que somos a veces como el gato, muy curiosos. No hemos podido vivir en paz en esta tierra, pero queremos conquistar el espacio. Hemos ido a la luna, ya hasta se están planeando viajes inter espaciales, en fin, todo lo queremos saber y averiguar.

Hace unos días meditaba yo sobre lo curioso que éramos los seres humanos y  que para todo teníamos una pregunta y llegó muy oportunamente a mis manos algo que quiero compartir con ustedes, y dice así:

“Nunca antes había llorado como en ese instante. ¡Como pude haber sido tan frío! ¡Como pude lastimar a Dios con todo lo que hice! Entonces yo le pregunté a Dios, ¿Cuánto me Amas? El Señor me estrechó en sus brazos, y pude sentir como nunca antes su Amor, su Gracia y su Misericordia. El Señor contestó, nadie es indigno, esa es mi Gracia, hijo. ¿Entonces por qué continúas perdonándome? ¿Por qué me amas tanto? El Señor contestó. Porque tú eres mi creación. Tú eres mi hijo. Nunca te abandonaré. Cuando llores, tendré compasión y lloraré contigo. Cuando estés gozoso, me alegraré contigo. Cuando estés deprimido,  te animaré. Y cuando caigas, te levantaré. Cuando te sientas cansado, te llevaré sobre mis hombros. Estaré contigo hasta el fin de los días, y te amaré por siempre. No podía contestar. ¿Cómo podría hacerlo? Estaba increíblemente apenado. No tuve excusa. ¿Qué podía decir? Cuando mi corazón hubo llorado y las lágrimas habían fluido, dije, ¡Por favor, perdóname Señor! ¡Soy indigno de ser tu hijo! Eres bendecido con la vida. No te hice para que desperdiciaras este regalo. Te he bendecido con talentos para servirme, pero continúas dándome la espalda. Te he revelado mi Palabra, pero no obtienes el conocimiento de ella. Te he hablado pero tus oídos estaban cerrados. Te he mostrado mis bendiciones, pero tus ojos nunca las vieron. He oído tus oraciones y las he contestado todas. ¿En verdad me amas? Me preguntó el Señor, y Él continuó, ¿Por qué solamente cantas en la Iglesia? ¿Por qué me buscas sólo en tiempos de necesidad? ¿Por qué pides cosas tan egoístas? ¿Por Qué pides sin tener fe? Las lágrimas, continuaron rodando sobre mis mejillas. ¿Por qué te avergüenzas de mí? ¿Por qué no compartes las buenas nuevas? ¿Por qué en tiempos difíciles, lloras con otros, cuando yo te ofrezco mi hombro para que lo hagas? ¿Por qué pones pretextos cuando te doy la oportunidad de servir en mi Nombre? Intenté contestar, pero no hubo respuesta que dar. Y el Señor preguntó: ¿En realidad me amas? Con valor y profunda convicción, le contesté: ¡Sí Señor! ¡Te amo porque Tú eres el Dios único y verdadero! Pensé que había contestado correctamente, pero Dios preguntó: ¿Entonces por qué pecas? Contesté, ¡porque soy un ser humano y no soy perfecto! ¿Y por qué cuando las cosas te van bien te apartas tan lejos de mí? ¿Por qué sólo en tiempos de angustia oras sinceramente? No hubo respuestas. Sólo lágrimas. El Señor entonces pregunto: Si estuvieses mudo, ¿alabarías mi nombre? ¡Pero cómo puedo alabar sin voz! Entonces pensé que Dios desea que le cantemos desde nuestro corazón y que de todas maneras, alabar es más que cantar. Entonces contesté: Aunque estuviera mudo, alabaría tu Nombre. El Señor, entonces me preguntó: Si fueses sordo, ¿Oirías mi Palabra? ¿Cómo podría oír algo siendo sordo? Entonces comprendí. Escuchar la Palabra de Dios no es solamente usar nuestros oídos, sino nuestros corazones. Contesté: Sería difícil, pero aun oiría tu Palabra. Entonces el Señor dijo: Si estuvieras ciego, ¿amarías mi creación? ¡Cómo podría amar algo, sin poder verlo! Y entonces pensé en las personas ciegas que aman a Dios y a su Creación. Así que contesté: Es difícil, pero si aún te amaría. Entonces me preguntó, si estuvieras físicamente incapacitado, ¿aún me amarías? Me quedé sorprendido, bajé la mirada, me quedé unos minutos en silencio. Y contesté: Sería difícil, Señor, pero, si, aún así te amaría. Mientras observaba el paisaje, alababa a Dios por su bella obra, y allí sentado, sentí la presencia del Señor. Entonces, El me preguntó, ¿Me amas? Yo contesté, ¡Por supuesto, Dios! ¡Tú eres mi Señor y Salvador.

Lo cierto es que nosotros, los seres humanos todo lo preguntamos, en infinidad de ocasiones hasta le hacemos preguntas a Dios, y queremos que Dios nos las conteste inmediatamente, a veces nos creemos que Dios es como un mago, que mete un pañuelo y saca un conejo. Pensamos muchas veces que Dios es como un alka seltser que me lo tomo y se me quito el malestar estomacal. Pero cuando Dios nos pregunta a nosotros si verdaderamente le amamos, nos cuesta muchísimo trabajo el contestarle, sobre todo en los momentos difíciles de nuestra vida.

Mis hermanos, que aprendamos a darle una respuesta positiva a Dios cuando Él nos interpele y sobre todo que aprendamos a confiar en su palabra.

Termino con el versículo 20, del Evangelio de San Mateo, Capitulo 28 que dice: “Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

 

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Comentarios

Ciertamente es que no amamos a Dios sobre todas las cosas, en las buenas y en las malas. Amamos mas el dinero y las cosas materiales que a Dios. Me gusta mucho su escrito. Lo felicito de todo corazón.
Sr. Ray, nuestro pueblo quiere vivir la vida como le da la gana, pero que cuando necesite algo, venga Dios como un bombero a apagar el fuego o a sacarlo del hueco en que nos ha metido. Saludos, Carlos

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