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Filipinas mira al mundo árabe en el 25 aniversario de su revuelta popular

Filipinas mira al mundo árabe en el 25 aniversario de su revuelta popular
Filipinas mira al mundo árabe en el 25 aniversario de su revuelta popular

Filipinas celebra

Manila.- Filipinas celebra este viernes el 25 aniversario de la revuelta pacífica que desalojó del poder al régimen de Ferdinand Marcos, un movimiento que para algunos analistas es comparable en ciertos aspectos a las protestas que tienen lugar en varios países árabes.

La movilización pacífica de millones de filipinos en Manila logró, con el respaldo del Ejército y la Iglesia, el derrocamiento de Marcos (1965-1986), quien huyó con su familia al exilio, donde murió tres años después en Hawai (Estados Unidos).

Ferdinand Llanes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Filipinas, y otros analistas políticos trazan cierto paralelismo entre aquel acontecimiento con las revueltas que se viven estos días en algunos países árabes, especialmente la acontecida en Egipto con la dimisión de Hosni Mubarak, quien ocupaba la jefatura del Estado desde 1981.

“La principal similitud es que la población ha dicho basta y ha sido capaz en Egipto de derrocar a un dictador sin recurrir a las armas. Es importante que en ambos casos fueran millones de manifestantes porque eso tiende a paralizar el gobierno”, explica Llanes a Efe.

La diferencia decisiva, según estos entendidos, radica en el apoyo del Ejército en la revuelta filipina, porque en 1986 el entonces ministro de Defensa, Juan Ponce Enrile, y el general Fidel Ramos, segundo al mando de las Fuerzas Armadas, exigieron la dimisión de Marcos, quien se aferraba al poder tras manipular los resultados de las elecciones celebradas dos semanas antes.

El propio Ramos recordaba esta semana en un artículo de prensa que, “a diferencia de lo que ocurrió en Filipinas, en Egipto no se ha producido una rebelión militar”.

Para Ramos, que ocupó la presidencia del país asiático entre 1992 y 1998, las revueltas en países como Libia o Bahrein están resultando violentas precisamente por esta razón, porque los movimientos populares no han conseguido el respaldo del estamento castrense.

El derrocamiento de Marcos marcó un antes y un después en Filipinas y un cuarto de siglo después aún sigue vivo, para muchos filipinos, el espíritu de lo que llaman “people power” (poder del pueblo), por el que restablecieron la democracia y elevaron a la presidencia a Corazón Aquino, madre del actual presidente, Benigno Aquino.

“Lo que la gente buscaba no eran grandes reformas sino simplemente terminar con el régimen dictatorial, y con la corrupción rampante de Marcos y sus testaferros, así como recuperar los derechos civiles. Y esa ansia de libertad y de limpieza sigue viva entre los filipinos”, opina Llanes.

Para el catedrático, que vivió la revuelta en la primera línea como militante de un grupo izquierdista, la expulsión del poder del presidente corrupto Joseph Estrada en un levantamiento popular similar, en 2001, o la victoria de Benigno Aquino en las elecciones presidenciales del pasado mayo demuestran que los filipinos mantienen viva esa llama.

No obstante, Llanes reconoce que a la antigua colonia española le queda “un largo camino que recorrer para tener una democracia perfecta” y admite la connivencia de muchos líderes políticos con la corrupción y la vulneración de los derechos humanos.

A juicio de varios expertos, los cinco lustros desde la restauración de la democracia en Filipinas, plagados de ejecuciones extrajudiciales, casos de corrupción, fraude electoral e intentonas golpistas son un buen ejemplo de lo difícil que es asentar un sistema democrático.

“Han pasado 25 años y casi no hemos avanzado nada”, se lamentaba Ramos.

Sin embargo, Llanes prefiere mantener el optimismo porque, “pese a que se siguen violando derechos civiles y políticos, la población permanece vigilante y activa contra esas vulneraciones y algunos están dispuestos a dar su vida por ello”.

 

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