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Frustrarse o reprogramarse: el dilema del deportista inactivo

Frustrarse o reprogramarse: el dilema del deportista inactivo
Frustrarse o reprogramarse: el dilema del deportista inactivo

ESPAÑA.– Frustración, incomprensión, tentación de descuidar la preparación… pero también reprogramación, responsabilidad, un nuevo acercamiento a la realidad.

En ese abanico de sensaciones se mueven los deportistas que, de la noche a la mañana, han pasado de entrenar cuatro, seis u ocho horas diarias a verse aislados en casa, con su preparación y su actividad competitiva interrumpidas por culpa del coronavirus.

Para todos ellos, como para la población en general, el primer mandamiento para superar esta crisis es mantenerse productivos. El último, lo que nunca deben hacer, es «entrar en pánico».

Así lo asegura la psicóloga María Fernández Ostolaza, exgimnasta y exentrenadora de gimnasia rítmica, que reconoció que, especialmente los deportistas que preparan los Juegos Olímpicos de Tokio, «están en un estado de mucha incertidumbre, de no admitir la posibilidad de que esto se puede venir abajo».

«Una crisis como esta es un límite enorme para cualquier individuo y para un deportista, también», aseguró la experta. «Si hablamos de deportistas olímpicos, afecta a lo que han estado preparando durante cuatro, ocho años. Además», subrayó, «ellos tienen una fecha de caducidad: para algunos, son estos Juegos o ningunos».

La ansiedad que algunos tienen por competir, y ahora la ansiedad por no poder hacerlo, «se materializa en frustraciones» que a veces salen a la luz «ante pequeños detalles: la puerta cerrada del gimnasio, un viaje cancelado».

«Nadie sabe lo que puede ocurrir con los Juegos, pero hay que acercar al deportista a una realidad nueva y ver cómo se adapta a ella», indicó.

Fernández Ostolaza, que como gimnasta ganó una medalla europea de bronce en 1984 y como entrenadora dirigió al conjunto español que fue campeón olímpico en Atlanta’96, es partidaria de que los deportistas «estén en el mundo».

«No hay que tratar al deportista como si estuviera en otra realidad. Es muy importante marcar el orden de prioridades. A un deportista de 16 años que le anulan los entrenamientos le pasa lo mismo que a un chaval de instituto al que le cancelan las clases. El deportista siente que es algo excepcional, pero es que él ha elegido jugar en la liga de lo excepcional», explicó la psicóloga, que no obstante añadió que lo inesperado siempre desconcierta.

«La primera recomendación es que se mantengan muy productivos. Ahí hay que apelar a la responsabilidad de cada uno. Porque tienen una excusa maravillosa para aislarse y caer en la tentación: no me entreno, no me cuido, lo dejo todo…», dijo.

Una cuarentena «les coloca en lugar de asumir una mayor responsabilidad y», apuntó, «esto tiene su parte positiva, porque de las grandes crisis salen grandes ideas».

«Hay que contener la frustración, que es grande no porque el deporte sea más importante que el resto de actividades, sino porque es un trabajo de 365 días las 24 horas», añadió.

Teniendo siempre en cuenta que el coronavirus es «una enfermedad supercontagiosa y los deportistas deben protegerse», Fernández Ostolaza les animó a «preparar la materia de otra manera».

Ante la ausencia de entrenamientos y competición, «hay cosas que sí pueden hacer, aunque no haya un equivalente al teletrabajo»: ver vídeos de otras otras competiciones, reprogramar su actividad futura, hacer ejercicio en casa o al aire libre, en este caso, insistió, con «un grado máximo de alerta para la prevención del contagio».

Como exgimnasta, admitió sin embargo que, por ejemplo, para un conjunto de rítmica «el 80 % de la actividad se detiene» si no hay entrenamientos comunes.

«Nunca un entrenador prevé en una programación olímpica un parón de 15 días», dijo.

Pero no hay que aprovechar para eludir responsabilidades, «para echar a otros la culpa de lo que pasa». Fernández Ostolaza repite continuamente el término «adaptación», que también cobra especial importancia para los deportistas que deban disputar en las próximas semanas competiciones a puerta cerrada.

«Hay deportistas que con público juegan mucho peor. Otros, al contrario. Para todos, es un ejercicio de adaptación, de aislarse del espacio exterior y centrarse», indicó.

Para atletas, entrenadores y psicólogos, el reto que tienen por delante con un aislamiento o una cuarentena es, en el fondo, «un trabajo creativo maravilloso». Siempre con un objetivo claro: «reprogramar e intentar que el deportista no pierda la forma».

Y lo último debe ser, siempre, «entrar en pánico».

«Se necesitan mentes más claras y más activas que nunca», aseguró la psicóloga.

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