Las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de cocaína desde Sudamérica han creado métodos para el transporte de la sustancia, estableciendo rutas marítimas que incluyen puntos de combustible en altamar para garantizar el éxito de sus operaciones.
Las principales rutas marítimas identificadas por las autoridades inician en las costas del norte de Ecuador y el sur de Colombia, recorriendo el trayecto Sudamérica-Guatemala-México.
Para reducir riesgos, los cargamentos son transferidos en puntos de entrega recepción ubicados a 300 millas náuticas de las costas mexicanas. Sin embargo, la logística de estos largos trayectos enfrentaba la problemática de que las embarcaciones se quedaban sin combustible en altamar.
Ante la situación, las organizaciones criminales diseñaron gasolineras móviles marítimas, en aguas internacionales, donde la vigilancia es menor y permiten a los traficantes continuar sus operaciones con relativa facilidad.
Las estaciones están ubicadas en diferentes puntos de la ruta para abastecer de combustible a las lanchas rápidas y con ello, evitan que la cadena de distribución se vea afectada.
De acuerdo con las autoridades, los grupos pactan la entrega de cocaína a unas 300 millas náuticas de las costas de México, en aguas internacionales, frente a las costas de Chiapas, Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco y Sinaloa, pero existen dos rutas más, trazadas para la navegación. La primera es identificada como La Ruta del Desierto, que comprende una extensión de 2 mil 500 a 3 mil millas náuticas y la segunda es la ruta de Góngora.
