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Gobernar para la gente

No se puede trabajar por y para las personas empobrecidas mientras tengamos  un sistema económico, político y social que enajena y discrimina al 80 por ciento de su población.

No se trabaja para la gente imponiéndole cargas fiscales para superar una crisis creada por los políticos corruptos que amparados en el poder -y sustentados por ese mismo poder-, se pasean por las calles sin pagar las consecuencias de sus delitos y crímenes contra el pueblo.

Para ayudar a la gente, para sacarla de la pobreza material y espiritual hay que predicar con el ejemplo impidiendo que la impunidad se mantenga, dejando de proteger a los “compañeros” del partido, no importa qué posición ocupen o hayan ocupado en el gobierno o en los organismos de dirección del partido.

(La condición de miembro del Comité Político o el Comité Central del PLD no puede ser una condición que garantice impunidad)

La gente no sale de la miseria porque el presidente acuda “sorpresivamente” a una comunidad pobre de las tantas que hay en el país. Eso es clientelismo de otro nivel. Pero clientelismo al fin y al cabo. Marketing para mantener los niveles de popularidad del presidente Medina y diferenciarlo del despotismo “ilustrado” e inhumano de su antecesor.

Pero la verdad es que las medidas económicas del gobierno perjudican a la mayoría de la gente que acude a las urnas a “elegir” a sus autoridades, pero favorecen a la gente que patrocina las campañas y decide, con su dinero y su poder, quién “gana” y quién “pierde”.

(Hay dos clases de gente: Los de arriba y los de abajo. Es decir, los pobres, que son la mayoría, y los ricos, que son los pocos)

Gobernar para sacar la gente de la pobreza (la mayoría) implica adoptar medidas drásticas que afecten los intereses de la otra gente (la minoría dueña verdadera del país).

Este no es el gobierno de los de abajo, es de los de arriba. Al igual que todos los anteriores. ¡Que nadie se llame a engaño!

Ningún poder del Estado está libre de culpas, incluyendo los mediáticos. El Poder Ejecutivo no tiene la capacidad, ni la voluntad, para propiciar las transformaciones que demanda la sociedad; el Legislativo, con su “barrilito” y su “cofrecito”, entre otros irritantes privilegios, forma parte del tinglado de corrupción y prevaricación que también arropa el sistema judicial.

Gobernar para la gente implica cambiar radicalmente esas estructuras corruptas que impiden el bienestar de las mayorías. El partido de gobierno, lejos de atentar contra ese poder y sus estructuras mafiosas, lo sustenta  porque beneficia a sus dirigentes y militantes.

Yo creeré que se gobierna para sacar de la pobreza a los cinco millones de pobres que tiene el país cuando los corruptos sean sometidos a la justicia y enviados a las cárceles, cuando los que más tienen sean los que más impuestos paguen, cuando el Congreso legisle para los pobres, no para los ricos, cuando los tribunales y los jueces no sean para condenar y enviar a prisión solo a delincuentes de los barrios marginados. ¡No antes!

Ya quisiera yo que Danilo comenzara a gobernar para la gente, para el bienestar de los trabajadores, los campesinos, las amas de casa, los empleados públicos y privados. Ya quisiera yo que Danilo termine con el borrón y cuenta nueva que dispuso cuando pidió “no mirar hacia atrás”, ni lanzarle ladrillos al pasado” que impide que los corruptos vayan a la cárcel. ¡Sería el primero en apoyarlo!

 

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