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Obligar a comer o beber es una medida destinada al fracaso

Obligar a comer o beber es una medida destinada al fracaso
Obligar a comer o beber es una medida destinada al fracaso
Alimentos

Alimentos

MÉXICO.- Políticas coercitivas como gravar bebidas o alimentos están destinadas al fracaso porque merman la única herramienta efectiva para combatir la obesidad, que es la responsabilidad personal, aseveró este jueves el investigador Justin Wilson.

Estas políticas «envían el mensaje de que el Gobierno se va a encargar del problema por nosotros, que es su responsabilidad y no la del individuo», dijo Wilson en una conversación telefónica con Efe desde Washington.

De acuerdo con Wilson, quien es un fuerte detractor del «Estado niñera», la única forma de que la gente adquiera mejores hábitos alimentarios es a través de la responsabilidad individual.

«Si uno habla con alguien que ha perdido peso, la forma en que lo logró es haciendo más ejercicio, modificando sus hábitos alimentarios y haciendo otros cambios de estilo de vida de forma voluntaria», expuso.

Sin embargo, agregó, las políticas coercitivas como aplicar gravámenes o imponer restricciones «no hacen nada para motivar a las personas a perder peso por sí mismas, sino que tratan de obligar a las personas a hacerlo, y la única forma de garantizar que una persona fracase en una dieta es forzarla».

Wilson sostuvo que los impuestos deben ser usados como una herramienta para recaudar ingresos para el Gobierno, «no para la ingeniería social, y desafortunadamente eso es para lo que están hechos» tales gravámenes, como el aprobado esta madrugada por el Senado mexicano.

«No creo que el Gobierno debe decidir qué debe comer la gente o cuánto debe pesar», dijo, y agregó: «Si alguien quiere seguir comiendo determinada clase de alimentos, creo que es su prerrogativa».

El analista consideró que no hay nada cuestionable en que el Gobierno trate de convencer a la gente de tener buenos hábitos alimentarios, pero señaló que «hay una diferencia entre convencer y forzar».

Otro problema con ese tipo de políticas, aseguró, es que hay un gran sector de la población, tanto en Estados Unidos como en México, «que tienen un peso perfectamente normal y que van a pagar más por algo que no tiene un valor inherentemente negativo».

«El problema no es el alimento o la bebida, es el abuso», acotó.

El Senado mexicano aprobó esta madrugada la reforma fiscal presentada por el presidente Enrique Peña Nieto con importantes modificaciones, entre ellas un impuesto del 8 por ciento a la «comida chatarra».

También avaló un impuesto a las bebidas azucaradas en un intento por reducir el consumo y bajar los elevados índices de obesidad entre la población mexicana.

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