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Griegos y macedonios, en búsqueda de un compromiso difícil

Griegos y macedonios, en búsqueda de un compromiso difícil
Griegos y macedonios, en búsqueda de un compromiso difícil

ATENAS.- La solución del contencioso entre Grecia y la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) sobre el nombre de este país se topa con una fuerte oposición en las respectivas poblaciones, a pesar del optimismo que suscitó el reinicio de las negociaciones tras once años de inmovilismo.

El mediador de la ONU, Matthew Nimetz, ha multiplicado estos días las reuniones con los Gobiernos y los principales partidos políticos de ambos países, con el objetivo de alcanzar un acuerdo sobre un nombre compuesto que sea utilizado en todas partes del mundo.

Desde que la ARYM proclamó su independencia en 1991, Grecia rechaza que use su nombre constitucional, República de Macedonia, con el argumento de que ese calificativo forma parte de la herencia cultural helena y por temor a que el país vecino pueda plantear reclamaciones territoriales en su septentrional región homónima.

Aunque tanto el primer ministro griego, Alexis Tsipras, como su colega macedonio, Zoran Zaev, han manifestado su compromiso de solucionar esta larga disputa y han anunciado una serie de medidas de confianza mutua, ambos Gobiernos deben superar todavía una serie de obstáculos, de los cuales el futuro nombre de la ARYM puede ser el menor.

En la Constitución macedonia hay una serie de disposiciones relacionadas con el nombre que Grecia considera irredentistas, empezando por el preámbulo, en el que la unificación de todo el territorio macedonio en un solo país es un objetivo declarado.

Problemáticos son también los artículos que denominan “macedonia” la nacionalidad y la lengua de los ciudadanos de la ARYM.

Atenas sostiene que la nación macedonia no existe y que fue “fabricada” en 1944 por el régimen de Tito, cuando se fundó la República Popular de Macedonia, “para lograr sus objetivos expansionistas” en detrimento de Grecia, un punto de vista que comparte la totalidad de los partidos políticos de este país.

Los partidos griegos que optan por un nombre compuesto insisten además en que la eliminación de las disposiciones “irredentistas” de la Constitución macedonia es más importante que la cuestión del nombre en sí.

A eso se añade que una amplia mayoría de la población -entre un 59 % y un 68 %, según las últimas encuestas- considera toda solución que incluya la palabra Macedonia en el nombre del país como alienación de una parte importante de su identidad nacional.

Si las negociaciones desembocan en un acuerdo que contemple un nombre que incluya el término “Macedonia”, el problema mayor para Tsipras no será que lo apruebe el Parlamento, a pesar del rechazo de su socio en el Gobierno, el nacionalista ANEL, a este tipo de solución.

Su problema mayor consiste en que la mayoría de los griegos que lo rechazan están dispuestos a movilizarse para impedirlo, como demuestra la manifestación multitudinaria en Salónica hace diez días y la que está convocada para este domingo.

El primer ministro macedonio, por su parte, se enfrenta a problemas similares.

Para él es difícil hacer concesiones sobre el denominativo de su país, cuando más de 120 naciones, entre ellas Estados Unidos, Rusia y China, lo reconocen con su nombre constitucional, República de Macedonia.

Su único argumento a favor de esta concesión es que permitirá la adhesión de la ARYM a la Unión Europea y a la OTAN, deseada por la mayoría de los macedonios y bloqueada por Grecia a causa de la disputa.

Además, el partido conservador VMRO-DPMNE, que durante más de una década bloqueó un acercamiento en esta cuestión, sigue siendo la mayor fuerza parlamentaria y dispone de un número suficiente de diputados para bloquear la reforma constitucional exigida por Grecia.

Para los macedonios, exigir esta reforma es lanzar un dardo al corazón mismo de la identidad -nacionalidad e idioma- de un pueblo que ha estado formándose desde hace 74 años, con tres generaciones -es decir casi la totalidad de la población eslava- que nacieron y crecieron como macedonios.

Para ambas poblaciones la identidad macedonia tiene, por tanto, un significado especial, especialmente por tratarse de un territorio geográfico que fue objeto de disputas sangrientas entre Grecia, Bulgaria y Serbia por un periodo de casi cincuenta años, desde la última década del siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

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