Johnny Arrendel, al reconocer su error y ofrecer disculpas públicas, dio un paso necesario, pero insuficiente para justificar su accionar. Su irresponsabilidad al difundir información falsa sin la debida verificación es inaceptable, especialmente cuando se trata de vincular a figuras públicas y comunicadores con actos que no pudieron comprobarse. Atribuir su error a un «nacionalismo efervescente» no justifica su falta de rigor profesional. La comunicación pública exige ética, precisión y responsabilidad, valores que Arrendel ignoró en este caso. Aunque retiró las publicaciones y se comprometió a contactar a los afectados, el daño ya está hecho. Este incidente debe servir como recordatorio de la importancia de contrastar fuentes y actuar con integridad en el ejercicio periodístico.

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