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Hacia la patria grande

Narciso Isa Conde.

“En América del Sur las repúblicas están establecidas pero no fundadas”, Simón Rodríguez.

“Luego que seamos fuertes… entonces seguiremos la marcha hacia las grandes prosperidades a que está destinada América Meridional”, Simón Bolívar (Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla, Henry Cullen).

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, Simón Bolívar (discurso al Congreso de Venezuela).

Necesidad obliga. Pero no sólo. Nuestra América fue en primera fase conquistada, colonizada y dividida por los imperios europeos y las oligarquías subordinadas a ellos. Más tarde, una gran parte de nuestros países conquistaron su independencia formal, pero quedaron divididos y resultaron neocolonizados. Otra parte quedó bajo el estatuto colonial o cayeron de nuevo en esa trampa. Y desde entonces, la restauración de la independencia y el rescate de la soberanía quedaron pendientes.

En el Norte de nuestra América, en el territorio que hoy ocupa EE.UU., el impetuoso desarrollo capitalista dio origen a un nuevo imperialismo, que logró desplazar la vieja hegemonía europea y entronizar su dominio en todo el Caribe, América Central y América del Sur, ligeramente compartido con otras potencias capitalistas.

Estados Unidos de América se convirtió en la gran superpotencia capitalista y el gran imperio del siglo XX.

Nuestra América quedó en gran medida subyugada por ese gran imperio.

Al colonialismo le han seguido el neocolonialismo y nuevas formas de dependencia política, económica, ideológica y militar.

Las independencias conquistadas con las espadas y machetes de nuestros héroes y heroínas del siglo XIX, han sido casi anuladas.

Las repúblicas independientes fueron convertidas en seudo-repúblicas dependientes, con ligeras y rasgadas vestimentas de soberanía institucional.

La división perduró y se acentuó, y a través de ellas se conformó un gran abanico multicolor de naciones sometidas por el imperialismo estadounidense.

Las identidades culturales de los pueblos, e incluso los componentes de una identidad común caribeño-latinoamericana, han resistido los embates de esa renovada dominación imperial.

No así los Estados y sus instituciones nacionales.

El Estado nación, salvo momentos muy efímeros, no ha podido cuajar en el Centro y el Sur del continente americano.

Hay patrias, es fuerte el sentimiento patriótico, existen identidades y culturas propias, hay historia nacional, conciencia nacional, sentido de soberanía y autodeterminación en todas y cada una de nuestras sociedades.

Pero esas patrias, esos atributos e identidades no son Estado, no son representados por sus instituciones estatales, salvo las que recientemente han emprendido ese camino.

Somos, pero no somos.

Queremos ser, pero una fuerza muy superior a cada una de nuestras patrias, salvo algunas excepciones, nos ha impedido ser y ahora nos quiere imponer un proceso de recolonización e intervención realmente brutal.

Las resistencias y los combates por preservar parte de lo conquistado en las gestas de nuestras primeras independencias han sido intensos, formidables y hermosos, y avanzan en dirección opuesta a la nueva dependencia.

La globalización neoliberal, la estrategia de dominación de EE.UU. y su plan de conquista y reconquista por la vía económica, militar, cultural, ideológica, se proponen revertir todo lo que ha sido defendido y pretende bloquear definitivamente cualquier posibilidad de avance hacia la nueva independencia de nuestros pueblos y naciones.

Estados Unidos y sus aliados tienen una política de dominación continental y disponen de instrumentos para ejecutarla: Comando Sur, fuerza militares diseminadas en bases y en operaciones específicas, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, Plan Puebla Panamá, Plan Colombia, Plan Patriota, Iniciativa Andina, NAFTA, CAFTA-RD, TLCs…

Cuentan con una estrategia integral de recolonización de nuestra América y planes para conseguir ese pérfido propósito.

Para esos fines tienen garantizado el apoyo de todas las oligarquías “nacionales”, de las partidocracias corrompidas de los diferentes países, de los sectores militares formados a su imagen y semejanza, de las policías represivas, de los gobiernos lacayos, de los Estados secuestrados por elites mafiosas dependientes…

Esa realidad debe ser contrarrestada y confrontada desde cada escenario nacional, y no solamente.

Precisa de un proyecto de Patria Grande a partir de la suma articulada de todas las patrias chicas emancipadas: lo que se prefigura en los países del ALBA y en menor grado en otros procesos integracionistas

Precisa de una estrategia continental.

Las luchas nacionales tienen un enorme valor. Sin ellas sería imposible pensar en la nueva independencia y en nuevos proyectos históricos.

La existencia de una gran patria fraccionada en muchas otras más pequeñas, con identidades propias, niveles de desarrollo distintos, condición de lucha diferente, Estados y gobiernos con variados niveles de legalidad y legitimidad y crisis particulares, es una realidad insoslayable.

Lo es también la situación de las fuerzas transformadoras en cada una de ellas.

Por eso la nueva independencia, la derrota de la recolonización neoliberal y las perspectivas de sociedades solidarias a escala continental habrá de ser la suma de las luchas y de los procesos liberadores en cada país. Pero no sólo.

Habrá de ser la articulación de todos, como lo pensaron los próceres de las primeras independencias.

Habrá de ser una suma de soberanías particulares, articuladas en una soberanía mucho más grande.

Habrá de ser el salto cualitativo de las independencias particulares a la independencia del conjunto, del bloque de pueblos y Estados caribeños y latinoamericanos.

La globalización neoliberal, que es el nuevo internacionalismo de la gran burguesía transnacional, exige con imperiosa urgencia ese proceso de unidad, coordinación, articulación y estrategia común desde el campo popular-patriótico.

El componente americano de esa globalización, ejercido por el imperialismo estadounidense en intenso proceso de militarización, lo exige más aún en nuestra América actual.

EE.UU. tiene, repetimos, una estrategia de dominación, conquista y reconquista en todos los órdenes: económico, político, ideológico-cultural y militar.

El ascenso de las luchas en cada país es importantísimo. Pero tiene límites indiscutibles, dadas la fortaleza y la agresividad del imperio.

Hay que sumar, articular, coordinar unos y otros. Hay que tomar iniciativas comunes desde los Estados revolucionarios y progresistas y desde las fuerzas alternativas y los pueblos en lucha de la región.

Las debilidades particulares se suplen con la unidad más allá de cada frontera, con la suma y la cooperación de cada parte del conjunto oprimido.

Y esto es válido en todos los planos: en el económico, el político, el ideológico y el militar.

Estados Unidos opera con programas e iniciativas continentales, a ser defendidas por una fuerza militar continental y global.

La acción de EE.UU. es contra todas las soberanías, menos contra la propia.

Y, asimismo, la contrapartida capaz de vencerla debe ser fruto de la suma de las defensas de cada una de nuestras soberanías, de su integración y potenciación en una soberanía mayor.

Esto debe ser forjado paso a paso en cada vertiente, en un proceso de integración de luchas, pueblos, gobiernos, Estados, fuerzas civiles, fuerzas militares, fuerzas culturales…

No se trata de disolver las soberanías e identidades propias en una distinta, sino de construir una soberanía común como producto de la articulación armónica de todas.

Cada patria chica tiene su colorido y riqueza. La patria grande debe incorporar esos coloridos, riquezas y fuerzas. Y así será más fuerte y más hermosa.

Se trata de una Gran Confederación de Repúblicas Independientes Latinoamericanas y Caribeñas; multinacional, multiétnica, multicolor, solidaria, cooperante.

Una gran fuerza que pueda decirle definitivamente no al imperio del norte, luego de múltiples victorias en los más diversos escenarios.

Esa gran fuerza sólo puede lograrse uniendo una gran diversidad alternativa, sin exclusión de ningún tipo.

Ni por razones étnicas. Ni nacionales. Ni sociales. Ni de género. Ni ideológico-culturales. Ni de Estado. Ni de métodos o formas de luchas.

¡Ninguna discriminación, ninguna exclusión por ese tipo de razones!

La diversidad potencialmente alternativa es enorme y las condiciones de lucha, sumamente diversas.

La frontera de la gran unidad la marca el enfrentamiento con el imperio y sus aliados, con el sistema de dominación y sus fuerzas de sustentación.

La marca la dignidad, la firmeza, el decoro, el patriotismo, el latino-americanismo, el antillanismo, la sensibilidad social, el accionar contra la globalización neoliberal, el imperialismo actual y el capitalismo recolonizador del presente.

Múltiples espacios están en proceso de construcción.

Grandes iniciativas de Estado están en gestación desde  Venezuela.

Numerosas coordinaciones están pendientes.

Nuevas vanguardias articuladas continentalmente están pendientes de crearse y desarrollarse.

Nuevas fuerzas militares alternativas, de diversos orígenes y trayectorias, se han ido conformando desde procesos y luchas ejemplares.

En Cuba.

En Venezuela.

En Colombia (FARC, ELN…).

En el Sur de México y otras regiones de ese país… (EZLN).

En Nicaragua.

Otras tendrán que formarse.

Ellas están llamadas a jugar un papel confrontativo, si es imprescindible, y/o disuasivo, si resulta suficiente, frente a la violencia militar del imperio.

Todo esto forma parte de un gran torrente continental en gestación con importantes vertientes como las representadas por la Revolución Cubana, el proceso hacia la Revolución en Venezuela, las insurgencias colombiana y zapatista y los movimientos civiles que les acompañan, las potencialidades de cambios en Bolivia y Ecuador y la diversidad de movimientos transformadores en expansión a todo lo largo y ancho de nuestra América.

Así se está gestando nuevamente la Patria Grande, abortada por las traiciones cometidas en el siglo XIX contra los ideales de Bolívar, Martí, Morazán, San Martín, Louverture, Duarte y otros próceres americanos. Y referida a nuevas fuentes inspiradoras como Alfaro, Zapata, el Che, Fidel, Caamaño…

Ella, claro está, precisa de nuevos impulsos, fuerzas y energías y de un proyecto integrador de estados y pueblos capaz de convertirse en conciencia y organización colectivas.

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