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Haití, el feedback de Preval y el club de Madrid

Haití, el feedback de Preval y el club de Madrid
Fernando Sibilio

Perdieron de vista en Haití, los 79 ex Jefes de Estado y de Gobierno que integran “El Club de Madrid”, la tendencia originaria de los infinitivos en la política para convertirse en sustantivos.  Se ha cosificado el Presidente Preval en el Estado Haitiano.  Domina el parlamento, manipula a su antojo las instancias electorales y decidirá quién será el Primer Ministro Haitiano.

Luchan sus poderes y sus grupos operativos por sus espacios, una cosa muy distinta a lo que creyeron la OEA, la ONU, la Minustah, la Unión Europea y el mismo Club de Madrid: que estos perseguían sustituir al Presidente Preval.  Sabían que el poder de él era intransferible, sabían, incluyendo su propia esposa, que Preval era ya cosa del pasado en lo personal, aunque en la política seguía vigente.

Sienten sorpresa cuando descubren que la formalidad constitucional del Presidente electo, Martelly, se ejercerá desde la informalidad en el contexto político, económico y social, que demanden los intereses del grupo Preval, y por encima de las ofertas de los grupos internacionales de presión estructural.

Convendría recordarle al Club de Madrid y compartes internacionales, que la noción de autoridad en regímenes constitucionales y democráticos, como en los regímenes monárquicos o dictatoriales, siempre se ejerce desde la informalidad.  Que, por ello, preval ha tratado de aumentar todo el poder informal posible a través del parlamento y la municipalidad, antes de que se juramente Martelly. Aunque tendrá que hacerlo con la desventaja constitucional de un parlamento lisiado.

Detendrá el poder personal de Preval, de ahora y en lo adelante, todas las instancias de los poderes públicos y todos los órganos administrativos, tanto los centralizados como los descentralizados del Estado Haitiano.  Solo se sentirá interesado, por tanto, por su propia obra, y en la perfección de sus fuerzas políticas o en la superación personal para influir en todas las demás instituciones haitianas.

Domina en solitario y domina políticamente, porque domina a otros, sabe muy bien lo que sucedió el 18 brumaniro, cuando Napoleón se apoderó con todos los poderes en Francia, porque conoce muy bien la historia francesa.  Sabe además ¿Cómo llegó Charles De Gaulle en sus dos ascensiones? Sabe como Franco entró a la reunión de Burgos, como General y salió como Generalísimo.

Consigue Preval 48 Diputados y 17 Senadores, por el momento, ese condicionamiento operante con el cual está en disponibilidad de castigar y premiar.  Esta más allá de la libertad y de la dignidad de la Minustah, de la Comisión Internacional de Reconstrucción de Haití y de la OEA, en los órganos institucionales de Haití.  Aunque el gran reto de la Comunidad Internacional será el diseño de un sistema complejo de estructuras jerárquicas en Haití, frente al control político que ejercerá el Presidente Preval.

Tendría esta estructura jerárquica la responsabilidad política de evitar que el Presidente Preval deje de ser dueño de sus actos públicos y políticos, que su automatismo fisiológico y afectivo le lleve a una borrachera en la cual los controles externos de su esposa y su grupo de poder se afiancen en sus propios controles políticos del Estado.

Corremos el riesgo en nuestras mociones rigurosamente políticas de herir sentimientos, más en la política siempre están en juego asuntos más importantes que los sentimientos y las emociones de las personas.  En Haití existe una realidad política, económica y social alrededor de la familia del Presidente Preval.  Los cuales plantean una gran controversia, y un conflicto de interese severos, si la élite familiar y económica del entorno de Preval se impone a su responsabilidad política y democrática con el pueblo haitiano.

Pueden los lectores deducir y saber la interrogante siguiendo el rastro del sistema de controles familiares que llevó a Jude Celestin a la candidatura presidencial.  Observando el control de los negocios gubernamentales, estudiando el control y el monopolio de las ayudas de la cooperación y de las donaciones internacionales, pero, más aún, verificando el gabinete de Gobierno y las relaciones con el control de la familia del Presidente Preval, específicamente el poder de su esposa.

Convierte la élite familiar de Preval al Estado haitiano en un resultado anónimo de diversas y de infinitas decisiones personales.  Por ejemplo, Martelly el candidato ganador de las elecciones solo tiene tres diputados, mientras que la candidata Manigat quien ganó la primera vuelta, todavía desconoce sus resultados en el parlamento.

Sustituir a Preval por Martelly parece un acto constitucionalmente legitimo y democrático, pero, ¿Quién controla a quien?.  Los frenos, los equilibrios y los controles parlamentarios los tiene en sus manos Preval, junto a su élite familiar y afectiva.  La clave pues de la Comunidad Internacional es desconfiar de ese poder político.

Tiene esta élite familiar del poder haitiano múltiples encarnaciones, expresadas por medio de la violencia y de la seducción.  Existe en esta élite un poder duro y otro suave, cuyas acciones las encontramos en la conducta frente al regreso de Duvalier y al del Presidente Aristide.  Una piedad peligrosa patrocinada por la compasión del Presidente Preval.

Sería bueno que el Club de Madrid, la Minustah, la ONU, la OEA y toda la Comunidad Internacional, se preguntara ¿En que hemos sido cómplices para que el poder de Preval se reforzara?

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