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Haití: entre la sensación noticiosa de Duvalier y los olvidos del terremoto, de los 5,427 muertos por el cólera y el naufragio político y electoral

Haití: entre la sensación noticiosa de Duvalier y los olvidos del terremoto, de los 5,427 muertos por el cólera y el naufragio político y electoral
Fernando Sibilio

Cumplen sus presupuestos y sus objetivos estratégicos, las grandes cadenas noticiosas, con la conmoción de una entrevista al Presidente Duvalier y, en mejor caso, con los aderezos de comentarios, furtivos y especulativos de sociólogos, historiadores, políticos y de la gente común.  Pediremos siempre, desde el hecho político Duvalier, más rigor en la influencia, calado y alcance de esta presencia política, en el espacio social, económico y patrimonial, de ese país.

Medir la presencia del Señor Jean Claude Duvalier, en Haití, por la divulgación, por la penetración o concentración y el despliegue de imágenes, soslayando el poder de decisión política del entrevistado, se corresponde con un ejercicio rural y vulgar de la política.  Reiteramos que es un hecho político, jamás una acción jurídica para evadir US$6 millones de dólares o de euros, dado que, en Haití, nunca los necesitará, tal vez, puedan sobrarles cien veces esa cantidad.

Desconocen los comentaristas que, solo en Cabo Haitiano, Gonaives, Leoganne, Jeremie, y Cayes, sin incluir las familias ricas y los empresarios haitianos que viven en la Florida, en Boston, en los Ángeles, en New York, en Canadá, en Panamá, en Honduras, en Venezuela, en Brasil y en Chile, por solo citar algunos ejemplos, ese Señor puede reunir, con una llamada, cientos de millones de dólares.

Conocemos líderes históricos de la industria y del comercio de esa nación, radicados en Haití y en el exterior, que dicen con orgullo, que sus nombres de pila se los deben a la amistad y sociedad de sus padres con Francois Duvalier.  Hemos dicho en escritos anteriores y reiteramos, una vez más, que la presencia de Duvalier en Haití es un hecho político, social, económico, patrimonial y de gran impacto histórico, por ahora, inmedible.

Necesitan trabajar más los líderes de la opinión pública, en la corrección histórica, sociológica y política, para evitar caer en especulaciones, o en opiniones hetéreas, que se sustentan en las noticias y declaraciones vertidas o leídas en medios de comunicación, sin percatarse de la propiedad histórica, del genuino análisis político y de la precisión científica, que exige cualquier investigación.

Guiarse por la sensación es dejarse gobernar o dirigir por los sentidos, y los sentidos, nunca han servido para el análisis, porque el regocijo y la fastuosidad que les prestaron las cadenas de noticias y las corporaciones de opinión pública, con la complicidad de las calificadoras de riesgos financieros como JP Morgan, por sus triunfos financiero, al famoso y aplaudido Madoff, nunca dejaron ver la tronera financiera que ocultaba, pero, el mar y el cielo lo vemos con colores, que al corroborarlos descubrimos su incoloridad.  Así especulan los medios de comunicación y las oficinas de inteligencia política y de opinión pública, en nuestro país, con el sensacionalismo que produce una entrevista al Presidente Duvalier.

Examinemos los antecedentes y las necesidades del duvalierismo, en Haití, para que podamos formularnos las hipótesis políticas, sociales, económicas, patrimoniales, que acompañan la presencia de Duvalier.  Más, que formularle preguntas sin sentido político vigentes, sobre los Leopardos o sobre los Tom Tom Macutes.  Cuando los Leopardos son los mismos cuerpos militares que hoy llamamos Linces, Cazadores de Montaña, Operaciones Especiales, Comando Antiterroristas, y creados por las multinacionales militares que auspician las grandes potencias para su seguridad nacional e internacional.

Eran los Leopardos en la época de Duvalier los mismos policías dominicanos, llamados Linces o, como quieran, que en democracia, y en tiempo de paz, asesinan más de 3,200 dominicanos, en intercambios de disparos, en solo seis años.  En lugar de datos, la política, tanto la nacional como la internacional requieren con urgencia, de información, de pedagogía de sus actividades y del ejercicio riguroso de una inteligencia activa.

Sería saludable que mirásemos al duvalierismo como instrumento y recurso político, económico y patrimonial, en la reconstrucción de Haití, en la gestión irresponsable de una epidemia de cólera, la cual ha cobrado más de 5,000 víctimas, y más de 250,000 infectados, sin la perplejidad dominicana que, relativamente tiene menos contagios que Venezuela, cortados al 30 de Enero de 2011, y en la urgencia y emergencia del equilibrio político que requerirán de las fuerzas duvalieristas, tanto, Myrlane Manigat como Michel Martelly, dentro y fuera de ese país, frente a las turbas que luego de 16 años, serán desalojadas del poder operante, aunque, seguirán medrando en los poderes operativos cierto tiempo.

Necesitamos con urgencia, desde la política, una marcha empeñada hacia la razón, dentro de un régimen inteligente, en el dinamismo impreciso, complejo y constante, que llevan los hechos y acontecimientos en esta autodeterminación expandida de la sociedad, gracias a la influencia de los avances en las tecnologías de la información y la comunicación.

Gobernar esa autodeterminación expandida de la sociedad haitiana, será el gran reto de la política nacional y de la intervención política internacional si acaso la libertad y la democracia tiene un sentido político.  Una realidad que traslada a nuestro país el 93% de la mano de obra agrícola, sin reparar en la congelación de los fondos de Duvalier en Suiza, y pasa por alto, el hecho político de que el Consejo Provisional Electoral jamás fue informado del retiro del candidato Jude Celestin, a pesar de una convocatoria a segunda vuelta para el 20 de Marzo y un cambio de mando para el 14 de Mayo de 2011.

Duermen estos aprestos electorales, sobre el volcán de las fuerzas opositoras que exigen anular las elecciones, a pesar del regocijo del acuerdo logrado por la Secretaria de Estado, Hilary Clinton, un pacto que a nada obliga, y que nadie se está comprometiendo ni responsabilizando en cumplir.  Porque, y presten atención, la riqueza del imaginario haitiano en cuanto a tratos y compromisos, está en el control de la palabra y el pensamiento, lo vimos en la entrevista con el Presidente Duvalier, es una lección duvalierista aprendida por todos: Dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen,  Blas Pascal.  Duvalier objetivó este principio, por ende, la clave siempre será indagar en la intersubjetividad de sus necesidades, para comprenderles.

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