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Haití: Martelly presidente, pero las quinielas electorales la cobra Préval

Haití: Martelly presidente, pero las quinielas electorales la cobra Préval
Fernando Sibilio

Llegarán ahora las flores, como en el matrimonio, y después los problemas haitianos a nuestra nación.  Vuelve y vuelve Preval, y con más bríos, más, sin esperanza seguirán los miles de haitianos que permanecen en carpas, pero, muy malas serán las relaciones políticas, comerciales y sociales, de nuestras dos naciones.

Tropezamos históricamente, aunque enseguida, con un consenso electoral equivocado, donde la fama y la popularidad se transforman en éxito político de grupos.  Tal vez, con una dificultad que suscite el interés y convenga a los grupos de poder y a los órganos operativos, tanto los internacionales enquistados y agazapados en la ONU, la OEA y la Unión Europea, como en las tripas nacionales haitianas.

Tiene esta aritmética electoral, por sus resultados, la condición de acuerdo universal, del mismo modo, que aquel derecho de gentes, tres siglos antes de nuestra famosa aldea global, porque, las elecciones disponen de una verdadera fuerza legal en todo el orbe.  Pero, ¿Dispone Haití de leyes, de un tribunal electoral y de las garantías de un ejercicio de libertad electoral justo? Claro que la respuesta es negativa, y los candidatos fueron y asistieron al proceso en estas condiciones.

Tendríamos que hacerles algunos reproches a la Comunidad, a los Convenios y a los Consensos Internacionales, debido al olvido de los elementos sentimentales y emocionales de estos números electorales.  Sabemos que la razón de Estado lo puede todo, aunque dudamos que lo consiga todo en Haití.  Y sobre estas dudas construirá esta nueva administración los sentimientos y las morales que deberían unir a los haitianos.

Decía Bergson: “Que toda gran creación procede de la aparición ética de una emoción nueva”.  Señores lectores: Tanto en la ética como en la ciencia o, como en el arte, el tiempo inventivo requiere de un momento evaluativo de los criterios de evidencia y de las habilidades de esa razón política del Presidente Preval.  Una razón que podemos definir como parasitaria.

Presentamos, tal vez, una hipótesis corroborada por los hechos históricos del Presidente Preval.  Y concedo a los organismos y a la comunidad Internacional a quejarse por nuestras aseveraciones políticas, pero, es impresentable este descuido en que ahora caerá la educación democrática, electoral y política, de la sociedad y el pueblo haitiano.

Urgirá la reconstrucción de todos los afectos en una teoría inteligente, que devuelva la fe, la creencia y la esperanza, a los haitianos, de que realmente su nación y su república existen.  Recordamos nuestra pre-adolescencia en la biografía de uno de los obispos más ilustrado que ha tenido el Caribe, el Obispo Díaz Espada, un abolicionista, quien solo se preocupaba por la educación y la sanidad del pueblo Cubano.  Pero, que según leyera entonces en una biografía escrita por César García Pons, escribió una pastoral instando a los cubanos a vacunarse contra la viruela, y llegó al extremo litúrgico de solo confirmar a los niños previamente vacunados.

Perdían, entonces, los cubanos, la fe en la existencia de su nación por las desgracias que les sobrevenían, de la misma manera, con que dudan de su existencia los haitianos.  Debido a ello, reclamamos a la Minustah, a la OEA, a los Estados Unidos, al Unasur y al Caricom, impulsar en los haitianos el deseo de vivir con derechos a ejercer su libertad y a que puedan buscar su propia dicha nacional, en el marco de una paz democrática justa y universal.

Incluiríamos en este pedido, claro está, esos deberes ciudadanos que aporten el balance y el equilibrio político autentico y espontáneo, pero, eficaz, tanto en los derechos como en los deberes.  Sabemos de la fragilidad del espejismo que esconde la presidencia de Martelly, dada la violencia que pudieran desatar los vicios de esa racionalidad parasitaria del Presidente Preval y su grupo.

Sale ileso y consigue con el triunfo de Martelly mantener ese estado político, social y económico de coacción interna y externa, el cual le sirve de escudo y fortín para degradar, bloquear y obstruir a los organismos internacionales, a la OEA y a la propia Minustah; en sus planes de desarrollo.  Aunque, esta sea una alternativa conflictiva o esperpéntica de Preval, sabemos que su estrategia en lugar de dirigirla, como otras veces, contra la vida colectiva y democrática de su pueblo, ahora se ha trazado una lucha contra su angustia y su sufrimiento.

Atenta, eso sí, contra los derechos de los demás, en aras de buscar su propia estabilidad y sus derechos operantes y operativos dentro del poder político haitiano.  Una coherencia interna y externa exenta de problemas en contraste con lo que ha sido su trayectoria histórica, ya que, esta vez, ha logrado con mucho éxito, concentrar el poder en las manos de su yerno Jude Celestin, quien tampoco tendrá contradicciones con los grupos, ni con los intereses del poder político.

Escogió, el Presidente Preval, al Presidente sucesor Martelly, mediante un modelo electoral que se justifica en paralelo con la propuesta y los presupuestos jurídicos haitianos, el cual sale aprobado y con buena calificación en cualquier examen legal, frente a todas las opiniones, los informes y los análisis, que puedan levantarse de este proceso electoral.

Tendrán, púes, la Comunidad Internacional y los Organismos Internacionales, la responsabilidad y el compromiso de modular éticamente la política y la democracia haitiana, a partir de la toma de posesión del Presidente Martelly y la entronización de la Primatura Ministerial que escoja el nuevo gabinete.  Ambas decisiones corroboran la energía política del Presidente Preval, pero, también decidirán el despliegue de los planes personales del Presidente Aristide y del Presidente Duvalier.  Dos figuras políticas que pudieran calibrar el poder dialectico y el aprendizaje democrático, y la pedagogía política que capacite y dote a la sociedad haitiana de las herramientas sociales, económicas y culturales, para resolver sus problemas.

Servirá, en todos los casos, el Estado de Derecho, como intermediario entre los sujetos de la república haitiana y sus deberes, tanto con los antiguos derechos y libertades, como con los cambios inevitables de las formas de vida de los ciudadanos y de la sociedad haitiana.  Entre estos cambios se tendrá que considerar la elaboración ética de un modelo político, que garantice y universalice las oportunidades y las disponibilidades de riquezas de los sujetos individuales, a fin de evitar la rebelión, o contener la furia, ira y la rabia acumulada del pueblo haitiano.

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