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Haití y su juego político-comercial

La recién reunión entre el presidente Danilo Medina y el presidente Michel Martelly en Barahona, luego de varios meses de distanciamiento y tensiones, fue un paso en la dirección correcta, pero la manera impredecible y frecuentemente irresponsable como el gobierno haitiano maneja su relación con República Dominicana debe llevar al gobierno dominicano a actuar con suma cautela y guiarse por el predicamento de “ver para creer” en la medida en que se avanza en la normalización de la relación entre ambos países y se asumen compromisos de Estado.

A diferencia de lo que piensan algunos de que el gobierno dominicano no debe sentarse en la mesa de negociación con el gobierno haitiano porque este, por estar al frente de un Estado fallido, no está en capacidad de cumplir compromisos, lo correcto del lado dominicano es mantener los canales de comunicación y negociación con el lado haitiano, pero hacerlo con un claro entendimiento del contexto, los actores y el juego político de las autoridades haitianas para evitar sorpresas y decepciones mayores. Igualmente incorrecta es la posición contraria, es decir, la de quienes asumen que República Dominicana esta siempre en falta en la relación con Haití y que, por tanto, no le queda más que permanecer pasiva ante las desconsideraciones reiteradas de las autoridades haitianas.

Tomemos los dos temas principales que gravitan en la relación bilateral entre República Dominicana y Haití en la presente coyuntura –lo migratorio y lo comercial- para descifrar el juego político de las autoridades haitianas. En cuanto al primer tema, es decepcionante observar el silencio del gobierno haitiano ante el extraordinario esfuerzo de las autoridades dominicanas para regularizar más de doscientos mil inmigrantes haitianos, quienes podrán vivir y trabajar en el país en condición de legalidad, algo que muy pocos países están haciendo por lo altamente complejo y divisivo que resulta el tema migratorio en el contexto actual. Con una malicia e irresponsabilidad palpables, las autoridades haitianas se han negado a emitir alguna declaración de reconocimiento al gobierno dominicano en esta materia, pues saben que algo así ayudaría enormemente la imagen del país a nivel internacional. Más bien han usado los foros internacionales para atacar a la República Dominicana por hechos inventados, exagerados o ya resueltos, como forma de afectar la imagen del país y así debilitarlo frente a otros actores en el escenario regional e internacional.

En lo que concierne a la cuestión comercial, es evidente el comportamiento abusivo de las autoridades haitianas a través de la prohibición y veda de productos sin ningún sustento legal solo con el fin de afectar económicamente a la República Dominicana u obtener ventajas en otros ámbitos fuera de la relación comercial. La  más reciente medida que prohibió la importación por tierra, sin ninguna justificación legal o razonable, de 23 productos de consumo masivo en Haití es la expresión más palpable de ese comportamiento haitiano que raya en la mala fe y la irresponsabilidad.

El argumento de que esta última medida tiene como fin la mejoría de sus recaudaciones aduanales no tiene base alguna, pues es perfectamente posible instalar en la frontera las capacidades institucionales para que el Estado haitiano pueda llevar a cabo su labor recaudatoria. Tampoco tiene mucho sentido el argumento de que lo que procura la medida es proteger el mercado haitiano para permitir el desarrollo de la capacidad productiva interna de esos productos, pues sencillamente Haití no cuenta con ninguna industria para producir los productos cuya importación por tierra ha sido prohibida. Es evidente, entonces, que las autoridades haitianas están actuando de manera caprichosa y con un ánimo de retaliación pues han entendido la importancia creciente que tiene el mercado haitiano para la industria dominicana. Y lo peor es que las autoridades haitianas actúan de esa manera aún a riesgo de afectar a su propia población ante las alzas de precio que esa prohibición traerá inevitablemente consigo.

A pesar de este ambiente deteriorado en las relaciones bilaterales, el Gobierno dominicano hace bien en aceptar la solicitud de Haití de volver a la mesa de negociación a tratar temas cruciales de la relación entre estos dos países. Por supuesto, contrario a lo que piensan algunos, incluyendo a las  propias autoridades haitianas, el tema migratorio no puede ser objeto de negociación, así como el gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, nunca se sentaría con el gobierno de México a definir su política migratoria. Lo que sí puede hacer el gobierno dominicano es comprometerse a respetar los derechos humanos y el debido proceso administrativo en los procesos de repatriación, lo que lógicamente es de interés para el Gobierno haitiano por tratarse en su mayoría de ciudadanos de su país quienes estarían expuestos a esa repatriación.

Aunque hay muchos otros temas que deben estar en la mesa de negociación –seguridad, manejo de la frontera, medioambiente, salud pública, entre otros-, el tema comercial es el prioritario en las presentes circunstancias. Nosotros debemos reconocer lo que representa el mercado haitiano para la producción nacional, por lo que debemos estar abiertos a negociar reglas y procedimientos que el gobierno haitiano entienda son de interés para su país. Asimismo, las autoridades haitianas deben reconocer cuán dependiente se ha hecho el mercado haitiano de los productos dominicanos, algo natural e inevitable, por lo que medidas restrictivas como las que han estado tomando solo terminarán afectando a su propia población. En este sentido, a ambos lados le conviene establecer una plataforma de relación comercial que ofrezca seguridad jurídica y sea de beneficio mutuo. Eso se logra conversando, negociando y asumiendo compromisos, pero con base en la buena fe, el respeto mutuo y la observancia estricta de los procedimientos acordados.

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