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Haití y sus tres C: Catástrofe, Cólera y Comicios

Haití y sus tres C: Catástrofe, Cólera y Comicios
Fernando Sibilio

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Existen tres grupos en la tragedia haitiana: Quienes ganan, quienes como víctimas pierden y quienes sufren directa o indirectamente las consecuencias, y en este último colectivo esta inevitablemente la República Dominicana.

Pasar de la calamidad de un terremoto que deja más de un cuarto de millón de víctimas y más de dos millones de desplazados y, como si fuese poco, agregar una epidemia de cólera, para entrar de súbito en las ondas sísmicas de un proceso electoral, bajo la coartada de disponer de un Gobierno y de unos poderes públicos legítimos, es un predeterminismo y una ingenuidad democrática de la Comunidad Internacional. La cual inspirada en el derecho natural y en este nuevo orden de preventivismo, objetivó sobre su propia inteligencia democrática como ocurre en Irak, Afganistán y Paquistán, y desmedrando la prudencia histórica que describe la marcha de la realidad social y cultural, de estos pueblos.

Descartar que la crisis económica mundial de finales del Siglo XIX, se tragó el Imperio Otomano, el Imperio Austro Húngaro y el Imperio Zarista en Rusia, y cuyas consecuencias se expresaron en la Primera Guerra Mundial, y con la cual entramos en el período de las “Papeletas de Lilís”, en el Gobierno de Ulises Hereaux. Sería experimentar el mismo drama y libreto que se ha llevado en el caso haitiano, con la agravante de descartar todas las condiciones que muestran las evidencias pre-políticas haitianas, las cuales muestran sus rostros lúgubres con cada mirada.

Configurar cualquier esquema político de reconstrucción, de contención de una epidemia y de organización de unas elecciones en medio del caos, sin considerar rigorosamente las esencias culturales y el conjunto de valores, de normas y de instituciones, que integran la vida de los haitianos, sería trabar las tareas imprescindibles y alejar la seguridad de colaboración y de cooperación en todos los colectivos sociales, políticos y económicos.

Mueven este desconcierto la apatía de los organismos internacionales, el descontento triliteral de Estados Unidos, Canadá y México, con el chollo electoral, las advertencias del Departamento de Estado contra el Gobierno haitiano, las quejas de los contratistas haitianos a quienes se les ha dejado fuera, en el reparto de las obras de reconstrucción; y la preocupación de la USAID, cuyos ejecutivos dijeron que, de los 1,583 contratos ejecutados por los Estados Unidos, ascendentes a US$267 millones de dólares, solo US$4,3 millones les fueron asignadas a empresas locales.

Necesitamos, con urgencia una fe social realista de la comunidad internacional, con la cual se promuevan nuevas bases de esperanza democrática y unos nuevos fundamentos éticos y morales de tolerancia, que pauten y orienten políticamente la coexistencia, con premisas, principios y leyes válidas, pero, construidos con los bloques que el pueblo haitiano ha creado por si mismo; desde su existencia nacional.

Vuelve sobre sus pasos la organización de Estados Americanos, unos de los poderes operantes que, sin consultar al pueblo haitiano ni a sus autoridades, anunció los comicios a través del Secretario General de la OEA, el Doctor Insulza, delante del Presidente Preval, durante la conferencia de donantes, convocada por el Gobierno Dominicano en Punta Cana. Una imprudencia que ahora desean enmendar, con la revisión, negro sobre blanco, de los resultados.

Sabemos que el azul es inexistente, porque el azul es un fenómeno psicológico basado en una energía física, cuando una onda luminosa con una longitud determinada incide en nuestra retina. Por ende, tratemos el azul como una realidad independiente. Eso mismo ha hecho la OEA, la ONU y las Agencias Internacionales, con la convocatoria a una revisión de resultados. Optaron, otra vez, por una segmentación arbitraria de una realidad política, la cual es algo más que la percepción y sensación de fraude electoral, sino significados valorativos de burla y desmedro a expensas de la confianza y de la esperanza de los haitianos.

Serían irrecusables las conclusiones de la revisión de los resultados electorales, si desde su propio anuncio la OEA hubiese alejado del circuito electoral, la perturbación del candidato oficialista, un postulante que su propia madriguera política entiende que ha perdido las elecciones. Al ver la firmeza dialogante de la unidad y unanimidad contra el reconteo de los votos, veinte días después de los comicios, pero, peor aún, unas elecciones que ni la ONU, ni la OEA, se han atrevido a formular siquiera un informe de lo ocurrido 32 días después, aunque desconocen los criterios probatorios o testimoniales que posibiliten la transmisión de mando el 6 de Febrero de 2011.

Apuestan la ONU, la OEA y otros Organismos y Agencias Internacionales, a convertirse en jueces de la realidad y de las posibilidades de los haitianos, cuando la Comisión Clinton le exige al pueblo haitiano unos comicios transparentes, como requisitos indispensables de la reconstrucción, sin que sean tampoco transparentes las adjudicaciones de contratos, en un ambiente oscuro, en el cual permanecen diferidos y sin fecha la publicación de los resultados, en franca violación a la ley electoral y a la Constitución haitiana.

Sufriremos los dominicanos tanto o más que los cubanos, el doble pespunte de Clinton y su Señora, la Secretaria de Estado Norteamericano, mientras las muertes por cólera pasan de 5,300, y los más de 150,000 infectados, según los informes que hemos recopilados de las Organizaciones civiles y academicas, de los Ministerios Evangélicos y de las Instituciones Cívicas, con las cuales mantenemos relaciones de cooperación y de intercambios binacionales.

Ganan en Haití, quienes viven de la muerte y de las calamidades, los grandes laboratorios, los vendedores de fundas plásticas para cadáveres, quienes han conseguido los jugosos contratos de reconstrucción, aquellas organizaciones relacionadas con los políticos haitianos y las que sirven de testaférras de los ejecutivos de la ONU, de la OEA y de países que, como Brasil, Argentina y Chile, controlan la Misión de la ONU, en Haití.

Repite Haití los mismos escándalos del hijo del Señor Annan, en Irak, ahora, con las empresas cercanas o asociadas con los ejecutivos de la ONU, de la OEA, como una empresa Dominicana que creció un 40% por su intervención en la construcción haitiana, sin que hasta la fecha se conozca su contribución en la contención del cólera en Santiago, la ciudad que le sirve de base.

Quedó impune el escándalo de Irak de tráfico de influencia y prevaricación, y quedaran impunes también estos actos aberrantes de ocupación y apropiación de los cargos públicos de los estados y de los organismos internacionales, para favorecer y favorecerse con las donaciones, con los fondos de cooperación, tanto a los allegados como a empresas de fachada o de carpetas, creadas con el propósito de enriquecer a funcionarios de estos organismos.

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