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Hambre, represión y nuclearización, los principales legados de Kim Jong-il

Hambre, represión y nuclearización, los principales legados de Kim Jong-il
Hambre, represión y nuclearización, los principales legados de Kim Jong-il
Kim Jong-il

Kim Jong-il.

Seúl.- El adjetivo “nuclear” ocupa un lugar capital en el legado que el dictador Kim Jong-il, fallecido el pasado 17 de diciembre y cuyo funeral se celebró hoy, deja a su empobrecida y sometida nación.

El programa atómico norcoreano se inició en los años sesenta con apoyo ruso y chino durante el gobierno del padre de Kim Jong-il y fundador de Corea del Norte, Kim Il-sung (1912-1994).

Washington se hizo progresivamente eco del proyecto hasta el punto de que la tensión alcanzó cotas muy altas en la península en los noventa, después que en 1993 Pyongyang rechazara a los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y abandonara el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

Kim Jong-il tomó el poder en un momento crítico, en 1994, poco después de que su recién fallecido padre aceptara reunirse con el entonces jefe de Estado surcoreano, Kim Young-sam, para rebajar la creciente tensión.

Nada más fallecer su padre, el nuevo líder pareció apuntarse un tanto con vistas a atajar la crisis, ya que en octubre de 1994 Corea del Norte y EEUU firmaron un acuerdo en Ginebra que estipulaba que Washington y sus aliados facilitarían a Pyongyang reactores nucleares civiles a cambio de suspender su programa atómico.

Sin embargo, el paso de los años reveló que el país, bajo mando del nuevo Kim, siempre conservó la intención de jugar la “carta nuclear” a su favor como elemento disuasorio.

Esto degeneró en una nueva expulsión, en 2002, de los inspectores del OIEA, en la prueba nuclear realizada en octubre de 2006 y en numerosos lanzamientos de misiles que hicieron que la ONU impusiera severas sanciones a la nación comunista.

Por ello el régimen decidió abandonar, en 2007, la mesa de negociación a seis bandas- en la que participan las Coreas, Rusia, China, EEUU y Japón- para la desnuclearización de Pyongyang, unas conversaciones que no se han podido retomar desde entonces.

En el plano alimentario, Kim Jong-il heredó también las hambrunas crónicas, que comenzaron a golpear al país cuando el mandato de su padre ya tocaba a su fin.

Sin embargo, Kim Il-sung había logrado culminar un plan de colectivización del campo y una industrialización a gran escala que, en los primeros años de su mandato, convirtieron a Corea del Norte en un Estado más próspero que su vecino capitalista del sur.

Kim Jong-il, en cambio, será recordado solo por consolidar la pésima política agraria que su padre implementó mas tarde, la cual deforestó Corea del Norte y destrozó el suelo por el mal uso de fertilizantes.

Esto, unido a las periódicas lluvias torrenciales que golpean el país en verano, terminó de hundir el sustento agrícola del país.

La política de “el Ejército primero” impulsada por Kim Jong-il, y que da prioridad política y presupuestaria a las Fuerzas Armadas dentro del Estado, restó aún más recursos al campesinado en la gran hambruna de los años noventa, en la que se estima que pudieron morir hasta 2 millones de norcoreanos.

El desmesurado apoyo al Ejército, sin embargo, tardó en darle frutos al dictador, ya que a diferencia de su padre, líder guerrillero que combatió a los japoneses cuando éstos dominaron la península (1910-1945), el pequeño de los Kim carecía de formación militar.

Esto le restó credenciales ante las Fuerzas Armadas e incluso, según algunos analistas, ante los ciudadanos de a pie, por lo que se cree que quiso ejercer un control aún más severo sobre la población.

Es difícil estimar el alcance de la represión con Kim Jong-il por el secretismo del régimen, aunque las organizaciones humanitarias consideran probado que los fusilamientos, las condenas sin juicio o el ingreso de miles de disidentes en campos de prisioneros continuaron bajo su mandato.

Kim Jong-il también será recordado por lograr que Corea del Norte siga siendo el país más aislado del mundo en plena era de la comunicación.

El país teóricamente inauguró en 2004 servicios de internet, y también de telefonía móvil al final de la pasada década, aunque su uso quedó limitado a las élites y en cualquier caso el control gubernamental de las comunicaciones no permite privacidad alguna.

“La gente no tiene acceso a los ordenadores. En el hotel, cuando quieres enviar un mensaje por internet hay que escribirlo en un papel y entregarlo a los responsables, que lo envían desde una cuenta. Si hay respuesta, la anotan y te la llevan en un papel”, explica a Efe un ciudadano español que visitó Corea en 2009.

Mientras el dictador logró que 24 millones de norcoreanos siguieran aislados del mundo exterior, durante su mandato Pyongyang logró acercamientos históricos que acabaron con décadas de aislamiento diplomático del país, que perdió a buena parte de sus aliados comunistas en los noventa.

Esto condujo a la histórica cumbre intercoreana protagonizada en junio de 2000 por Kim Jong-il y el entonces presidente surcoreano, Kim Dae-jung, en la capital surcoreana.

En 2001, la llegada al poder de George W. Bush, que incluyó a Pyongyang en su “eje del mal”, supuso un paso atrás y sirvió al régimen para justificar una política exterior impredecible y caprichosa, igual que el carácter que muchos expertos atribuyen a Kim.

Se dice que la personalidad del jefe de Estado, para quien sus biógrafos empleaban adjetivos como “inseguro”, “tímido” o “irascible”, y su miedo a volar (acostumbró a desplazarse solo a Rusia y a China en su tren privado) no contribuyeron a mejorar la diplomacia norcoreana en los momentos más difíciles.

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