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Hamlet en la historia

Lo conocí y traté siendo yo un niño, cuando mi madre comenzó a estudiar ingeniería y arquitectura en la USD y residíamos en la zona universitaria.

Antes había conocido a su hermano Dardo, cuando jugaba con el Licey y frecuentaba la casa de venta de efectos deportivos, Luís F. Lugo, situada  en la calle Isabel La Católica de la Ciudad Colonial, donde en los años 50 trabajó mi papá.

Hamlet era figura deportiva destacada de la Universidad Estatal y Carmen Rita, su novia de entonces, lo acompañaba a los juegos de pelotas y otras actividades.

Una pareja impactante: ella, hermosa y alegre y él, un joven de gran estatura, altivo, atleta de fuerte calibre; ambos estudiantes de la facultad de ingeniería.

Recuerdo, cuando acompañado de mi entrañable amigo Heri Schecker Ortiz, hermano de Luisito, asistíamos al Play de ese centro de estudios y lo veíamos pichar su “recta de humo”  al tiempo de observar a Carmen Rita orgullosa de disfrutar de sus “ponches” y sus  “strike”.

Más allá de episodios deportivos ejemplares, presentes sus inquietudes sociales y políticas, e independientemente de las críticas válidas o no a su forma de ser y a su trayectoria, Hamlet estaba llamado a sobresalir en esa fase estelar de nuestra historia. Y sobresalió.

Supe, por ingenieros/as amigos/as, que pronto se convirtió en un profesional de alta calidad en su rama y otras disciplinas afines.

Volví a verlo en abril de 1965, junto al formidable ser humano y querido camarada Carlos Ascuasiati, instalando la ARMERIA de la Zona Constitucionalista: gran taller de reparaciones de armas, fabricación de artefactos, blindajes, y re-adaptación de vehículos con fines militares.

Allí, la creatividad y capacidad de innovación de un grupo de calificados metalmecánicos y técnicos de diversas ramas se esforzaron en hacerle más difícil a los gringos  la “toma” militar de la zona liberada de la Capital, sede del Gobierno en Armas; aumentando permanentemente la capacidad de la heroica resistencia popular armada.

Allí, el talento puesto al servicio de la revolución social, creó -entre muchas otras- la versión original de la tanqueta que años más tarde le sirvió al general contra-insurgente RAMIRO MATOS de modelo (¡pura copia!), para luego exhibirla como invención propia en los desfiles militares.

Vimos con ojos propios –y las formidables fotos de Milvio Pérez lo confirman- las tanquetas constitucionalistas, fruto de  ingeniosos blindajes y montajes sobre camionetas y jeeps, salir del taller de la República de los Comandos y desplegarse, con sus ametralladoras de gruesos calibres, por las calles  de la insurrecta Ciudad Colonial y Ciudad Nueva. La vimos también emplazadas, vigilantes y activas en los puntos estratégicos de combate.

¡Valioso aporte, en el que se destacaron Hamlet, el camarada  Carlos Ascuasiati y un técnico metal-mecánico español, cuyo nombre en este momento no recuerdo!

Recuerdo sí también a Hamlet  Herman como entrenador de yudo en el ring montado en un gran patio de la zona colonial, perteneciente a la familia Vicini. Igual su contribución a la Escuela Militar del 14 de junio, instalada en el Parque Eugenio María de Hostos bajo la dirección de los/as destacados/as combatientes Homero Hernández, Teresa Espaillat y Anulfo Reyes, entre otros y otras.

Concluida la contienda, Hamlet se situó al lado del Movimiento Renovador de la UASD y asumió la Dirección del Colegio Universitario, en el contexto de un centro académico pleno de dignidad, aunque cercado por una contrarrevolución imperialista y balagueriana.

Más tarde me impactó positivamente conocer su decisión clandestina de sumarse a la expedición del Coronel Caamaño desde Cuba. Un salto, que en su despliegue posterior, por sus peculiares características y circunstancias,  catapultó a la sociedad dominicana el rol de combatiente y guerrillero de Hamlet; mucho más que su no menos decorosa y valiosa presencia en la Revolución del 65 y la Guerra Patria.

Ya luego se destacan en su trayectoria política e intelectual su paso por el PLD de Bosch, sus obras sobre Caracoles y otros temas,  y su  controversial designación para fundar y dirigir AMET en el primer Gobierno de Leonel.

Sin despreciar sus  diversos aportes, valorando su honestidad en todas las funciones y roles que le tocó desempeñar, yo prefiero exaltar el papel de Hamlet en su condición de combatiente y co-impulsor de las formidables iniciativas técnicas y formativas -ya referidas- durante la epopeya de 1965 y de intelectual-guerrillero en la Expedición de Playa Caracoles; ambas, una gesta y otra hazaña, dirigidas por nuestro Héroe Nacional,  coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Prefiero expresarles mi cariño, el de Lulú y nuestros hijos a sus hijos/as, esposa y ex esposas, familiares y amigos/as entrañables. Unirme a sus sentimientos y enviarle un abrazo a distancia a Socorro Castellanos

Mas en un país dirigido por una clase gobernante-dominante y un pueblo sometido a un régimen político, expertas sus cúpulas en deformar la memoria histórica, destacar lo secundario, banalizar y utilizar los hechos más trascendentes y minimizar sentimientos y relaciones humanas esenciales.

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