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Hay un renacer en Loma Miranda

Por Felipe Mora

 “La minería a cielo abierto implica descapotar o remover totalmente el suelo orgánico, alterar significativamente la topografía y el relieve (morfología), por los movimientos de grandes volúmenes de tierra”. Academia de Ciencias de RD.

El ‘cuc cruc’ de los pájaros Bobo, el ‘chillido’ de los zumbadorcitos y ‘gorjeo’ de los ruiseñores desde lo alto de las copas de los árboles; el ‘ki-ki’ de las cuyayas; el ‘graznido’ de los cuervos; el ‘silbido’ de los pericos, y el trinar de más de una veintena de otras especies de aves constituyen más que un inmenso concierto a todo lo largo y ancho de los más de 650 metros que tiene Loma Miranda.

A ello se suman los polluelos rompiendo cascarón en los nidos entretejidos en las copas de los árboles. El toque mágico se lo dan el croar de las ranas, y el rumor del viento al batir las ramas de los árboles. Es que hay motivo para celebrar en Loma Miranda.

Toda manifestación de vida allí rinde pleitesía por las buenas nuevas. Tal parece que el instinto les indica que “la vida continúa”, mucho más de las intensas jornadas llevadas a cabo. Y así lo dejan de manifiesto las doce especies de anfibios y 20 de reptiles que salen de sus escondites al asomar los primeros rayos de sol.

El Jagüey, aguas abajo se desplaza juguetón, como si volviera a la realidad después de los avatares por sentirse amenazado de muerte, muy a pesar de que voces de “expertos comprometidos” pregonan lo contrario. El canto rumoroso de sus chorreras es un fiel reflejo de que pregona en todo el valle que sigue y seguirá regando su curso, para bien de todas las comunidades de los alrededores.

Desde el Nordeste, el sonido del viento hace mecer el inmenso bosque, y de tiempo en tiempo la llovizna asoma por el poniente, dando lugar al espectáculo multicolor del arco iris.

Todo ese espectáculo de la naturaleza tiene mucho más valor, en todo el sentido de la palabra, que todos los millones de dólares que se puedan obtener por la extracción de ferroníquel y otros minerales, para lo cual hay que desbaratar las entrañas de ese santuario natural, del que todos los dominicanos debemos sentirnos orgullosos.

Situada en uno de los puntos de  la Cordillera Central, a unos 17 kilómetros de la ciudad de La Vega, Loma Miranda es definido por ecologistas como un corredor  hídrico en el que convergen numerosos manantiales que surten y dan inicio al río Jagüey y varios arroyos, que son a la vez afluentes  de los ríos Jima y Camú. Y no hay que ser un experto medioambiental para uno darse cuenta del interés estratégico de esa reserva de agua.

Con la decisión que anunció el Gobierno sobre Loma Miranda, a través del ministro de Medio Ambiente, da la sensación que se buscó la manera de “quedar bien” con las partes enfrentadas. De una parte con los defensores de los recursos naturales y el pueblo, y de la otra con los responsables de la empresa que busca la explotación minera en ese santuario nacional, la Falcondo Xstrata Nickel.

El ministro Bautista Rojas Gómez, en rueda de prensa para anunciar el rechazo del Gobierno a la explotación de Loma Miranda, citó en sus declaraciones artículos de la Constitución y de la ley de protección del medio ambiente. De ser así, se debieron ahorrar la consulta técnica que hizo el PNUD.

Sin temor a exagerar, considero que colocarse al lado del sentir popular le garantizará al Presidente Danilo Medina agenciarse los más elevados niveles de simpatías jamás vistos en República Dominicana. Y, como ha sido una tradición, el sentir popular se coloca del lado de los más sanos intereses nacionales.

Cuando Danilo cantó como gallo, en la presentación de su primer discurso de rendición de memorias del año anterior ante el Congreso Nacional, el pueblo llano y sencillo se colocó de su parte y le dio un rotundo espaldarazo en el momento en que el mandatario conminó a la multinacional Barrick Gold para que se sentara nueva vez a la mesa de negociación con el Estado dominicano a fin de revisar el contrato de explotación de oro y plata en Pueblo Viejo, Cotuí.

De la misma forma, cuando ese pueblo llano y sencillo ha salido a defender los más sanos intereses nacionales, ahora en el caso de la preservación de Loma Miranda, buscando impedir que ese santuario nacional sea sometido a una inmisericorde explotación minera (que solo nos dejará un desierto allí), lo más recomendable es que el Presidente Medina se coloque al lado de esa causa.

Sin lugar a dudas que la dimensión de la figura del Jefe del Estado se agigantará, siempre y cuando su posición no sea coyuntural en busca de aprovechar circunstancias.

Lo lamentable en todo esto es que en este país las decisiones de nuestras instituciones adolecen de que los cambios de autoridades tienden a variar situaciones y compromisos. La sociedad dominicana jamás deberá permitir la explotación de Loma Miranda ni de ningún otro recurso, siempre y cuando ello constituya un atentado contra los recursos acuíferos y forestales.

No vemos la necesidad de que entidades foráneas tengan que decidir asuntos muy propios del pueblo dominicano. Debió ser el Ministerio de Medio Ambiente la institución que desde un principio diera un veredicto en cuanto a la posibilidad de explotar o no Loma Miranda. Nunca ese Ministerio debió acogerse a recomendaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

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Comentarios

Creo que el pueblo no puede selebrar aun. Hay que estar alerta y en pie de lucha, asta que se declare Loma Miranda parque nacional, y eso es tarea de los legisladores... El pueblo espera.

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