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Hipólito juega a la unidad

Hipólito juega a la unidad
Fernando Sibilio

Salir a buscar en la Comisión Política o en el Comité Ejecutivo Nacional los votos que la convención negó, es un acto de inopia y de deslealtad política a los centenares de miles de ciudadanos que confiaron en el proceso interno convocado por el mismo precandidato y presidente del partido, que hoy desacredita sus propias primarias, sus propias decisiones y a las mismas autoridades que el designó, para que administraran los comicios.

Alegar anomalías a todas luces prevenibles y evitables, como la inclusión de intrusos de otros partidos en las elecciones, es un ejercicio propio de un robot, nunca de un político,  Porque, en lugar de pedirle cuentas al Secretario de Asuntos Electorales, a la Secretaria de Organización y a la Secretaría General de ese partido por la tardanza en el levantamiento de un padrón propio, compartido y concertado.

Optaron estos ejecutivos por la mercadotecnia, por la soberbia electoral y por la comodidad burocrática, salieron a inscribir 500,000 personas, por la ciclotimia de un equipo de campaña, que privilegió el mercado a partir de las encuestas y especulaciones, en desmedro de la política y la inteligencia activa que generan la pedagogía de las actividades y el aprendizaje didáctico surgido de la repetición de los procedimientos organizativos, electorales y operativos.

Alegar que centenares de extraños votaron en las primarias, siempre será un enigma indemostrable, un mito electoral y un fantasma que perseguirá el naufragio de quienes pensaron que el poder político tiene dueño, aquellos que, en vez de dedicarse a rastrear las evidencias para evitar lo que sospechaban, permitieron que sucediese sin hacer nada para impedir que sus rivales les ganaran el proceso.

Quedan cortos los guarismos de los votos observados y nulos, si los contrastamos con los 200,000 votos de los intrusos de otros partidos, pero, también reflejan un descuadre y una omisión impresentable la labor organizativa, electoral y de gestión, de los delegados, quienes permitieron que 200,000 votantes ejercieran el sufragio, sin que, siquiera se pudieran observar el 18% de estos votos supuestamente irregulares.

Desconocen todavía que, para las actividades políticas se necesita saber las metas esperadas, estar conscientes y en conocimiento pleno de los medios, valores y principios, para alcanzar esas metas, pero, sobre todo de esos conocimientos, de la inteligencia y de las habilidades, que tenemos para las tareas y las acciones que requerirán esas metas.  Del mismo modo, olvidaron que, el poder siempre tendrá a otros grupos buscándolo, sin ningún criterio de exclusividad, tal cual lo descuidaron los estrategas del Ingeniero Miguel Vargas.

Objetivar el poder como aliado y nunca como guía, debería ser la máxima o la divisa de todo proyecto político.  Ya que, quien ya perdió el poder político, como Hipolíto Mejía y el Propio Miguel Vargas, saben que, quien pierde un poder que tenía como seguro, aprenderán ahora, que el poder a nadie le pertenece.  Pero, la gran lección que tendrán unos y otros es que la sabiduría solo es posible, en los individuos generosos que prestan atención y entienden, que tienen mucho que aprender de otros.

Sirven para muy poco, la rabia y la ira, cuando ambas son inútiles para cambiar la realidad de un hecho político, como esta contundente participación electoral.  A pesar de los comportamientos impresentables de la comisión organizadora, en la tardanza de sus boletines, de la confusión de sus declaraciones y opiniones, de la Melée del Presidente precandidato y de la prevaricación y ocupación ideológica del espacio político del PRD al recurrir a la memoria para argumentar la injerencia del Gobierno, sin ningún hecho histórico corroborado o testimoniado por las pruebas.

Admite, tal vez, sin proponérselo, sus fallas en la estrategia de administración de ese partido, y admite una crisis en la orientación política de su proyecto político profesional, al preferir lanzarse al vacío, desprecia las compresas de agua fría, convoca a las ejecutivas del partido para la evaluación de un proceso, para el cual nunca le ha pedido cuentas ni a su equipo técnico de campaña, ni a su jefe de campaña, ni al Secretario General, ni a la Secretaria de Organización, ni al Secretario de Asuntos Electorales, quienes deberían llevar los registros de las actividades, de la dialéctica y de la pedagogía de todo el proceso comicial.

Lanzar las culpas propias sobre la Comisión Organizadora de la Convención es un acto injusto; debido a que la convención es el resultado de la gerencia administrativa del Ingeniero Miguel Vargas Maldonado; y este organismo convencional es transitorio, fáctico, y con un fin exclusivo, el de organizar unos comicios genéricos, con muy poco tiempo y colaboración, y cuyos contenidos y continentes han sido organizados por otros organismos de ese partido, los cuales han llevado a cabo una precaria oferta laboral en sus responsabilidades y compromisos de acuerdo a las demandas institucionales de esa organización.

Desconocemos los militantes y simpatizantes que inscribieron la Secretaría de Organización y la Secretaría de Asuntos Electorales, en más de un año de gestión.  En los frentes de masas, con profesionales, los técnicos, en la juventud, en el sector de las mujeres, con los obreros y los campesinos de ese partido.  Estos segmentos se quedaron al margen de la convención, pero, siquiera se integro la escuela de orientación en las labores nacionales de educación de la militancia y de los delegados de uno y de otro precandidato.

Transformar el sufrimiento o el aburrimiento en un móvil, para emprender el desconocimiento de un proceso electoral parece un acto intolerable, porque el Ingeniero Miguel Vargas y su equipo estarían demostrando, una vez más, su preocupación por la mirada ajena, cuando sienten y expresan la necesidad de colocar al partido de Gobierno como actor de su propia vida política.  Esto nos parece patético porque luce un combate del ingeniero Vargas Maldonado contra su propio destino político.

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