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Homenaje

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes,
y mis pies planos sobre la tierra promisoria
no resistían caminar hacia atrás,
y seguían adelante, adelante,
burlando las cenizas para alcanzar el beso
de los senderos nuevos.

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

Pero la rama estaba desprendida para siempre,
y a cada nuevo azote la mirada mía
se separaba más y más y más de los lejanos
horizontes aprendidos:
y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,
la expresión definida que asomaba un sentimiento
de liberación íntima;
un sentimiento que surgía
del equilibrio sostenido entre mi vida
y la verdad del beso de los senderos nuevos.

Ya definido mi rumbo en el presente,
me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
de los suelos sin historia,
de los suelos sin porvenir,
del suelo siempre suelo sin orillas
de todos los hombres y de todas las épocas.

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
un intento de vida;
un juego al escondite con mi ser.
Pero yo estaba hecha de presentes;
cuando ya los heraldos me anunciaban
en el regio desfile de los troncos viejos,
se me torció el deseo de seguir a los hombres,
y el homenaje se quedó esperándome, Julia de Burgos

 

Pasó el Día Internacional de la Mujer y por estar envuelta en muchas cosas no pude hacer este homenaje que tanto siento. Aprovecho entonces la celebración del Día de las Madres para escribirles estas palabras nacidas desde lo más profundo de mi corazón.

Quiero hablar de la mujer que resistió en silencio, pero firmemente, los embates de una sociedad que las excluía y descalificaba.  Y pienso en mujeres como mamá, que fueron educadas para ser esposas, progenitoras y amas de casas. En aquellas en las que el bordado de las camisas y los pañuelos de sus esposos, era más importante que pensar y ser.  En ellas, las que  debían ocultar sus sentimientos, por eso lloraban en silencio, y quienes, sin palabras, tejían  sus propias resistencias,  

Mis palabras de homenaje van dirigidas a las mujeres de ayer que bordaron sus sueños, sus ilusiones y esperanzas con puntadas de colores, en un rincón de sus casas.

Mi homenaje de este 8 de marzo está dirigido a  las mujeres-víctimas de una sociedad profundamente machista, en la que la mujer era vista como mero objeto utilizado de acuerdo a la voluntad de los hombres.

Estas palabras de profundo agradecimiento, se escriben pensando en esas valiosas mujeres, quienes a pesar del peso social que las aplastaba y aniquilaba, lograron construir sus vidas, y educarnos, a nosotras las mujeres que estuvimos bajo su regazo, con valentía y decisión, para que no transitáramos sobre sus huellas, sino que iniciáramos caminos diferentes, decididos por nosotras y no impuestos por la sociedad y por los hombres.

A estas mujeres, como mi madre, doy gracias al cielo, por habernos regalado sus alas.  Ellas han sido, son y serán siempre ejemplos maravillosos de resistencia. Sin buscar resquebrajar abruptamente las normas, comenzaron, con pequeñas acciones, insignificantes e imperceptibles a veces, a minar de forma contundente las bases de la sociedad. 

Gracias a sus desvelos, sacrificios y sus sueños inconclusos, nosotras, la generación que nació en el corazón mismo del siglo XX, pudo elegir, pudimos elegir, pudimos volar, crecer, hablar y ser escuchadas.  Para nosotras fue más fácil. Ustedes tuvieron que romper demasiados moldes de acero blindado. Tuvieron que desgarrarse las vestiduras para gritar que en esos cuerpos de mujeres había  almas con inquietudes, anhelos y esperanzas.

Hoy en la mediana edad, acariciando el final de mis gloriosos cincuenta otoños, miro con orgullo la valentía de estas mujeres transgresoras de la norma y las buenas costumbres.  A ellas mi respeto eterno y mi admiración sincera,

Como hija-mujer agradecida, doy gracias a mamá,  por tu paciencia, tu silencio, tu fortaleza y decisión de que tus 5 hijas fueran mujeres económica, emocional y profesionalmente autosuficientes. Por enseñarnos con ejemplo lo que significa el amor compartido con un compañero en igualdad de condiciones.

Van estas palabras a muchas mujeres que me han inspirado a lo largo de mis días: Dedé Mirabal, la mariposa que alzó su vuelo hacia la eternidad; Mary de Marranzini, la mujer que supo convertir la tragedia en canto de alivio a otras vidas; Milagros Ortiz Bosch, Gladys Gutiérrez, Ivelisse Prats de Pérez, Ligia Amada Melo y Josefina Padilla, ellas que se atrevieron a levantar sus puños y sus voces en las predios exclusivos de los hombres. 

Pero también este homenaje es para la mujer sin nombre, la callada, la maltratada, la excluida, la que luchó hasta el último de sus alientos por romper el círculo vicioso de la exclusión.  Esas mujeres de rostros comunes, maltratados por el sol, el sudor y el hambre, ellas que por su condición de marginalidad y pobreza, el peso de la sociedad era casi insostenible, que sobrevivieron, lucharon y, muchas, a pesar del empeño de la sociedad por enterrarlas, lograron sobresalir. A esas mujeres ejemplos de lucha, tenacidad y voluntad, van también estas palabras de reconocimiento.

Este homenaje es profundo y simple.  Sin vítores ni alabanzas hipócritas, ni estridencias ni falsos actos de puro formalismo.  Es tan simple como la vida misma. Es un homenaje de una mujer que se siente pequeña ante la grandeza de ustedes. Una mujer que vivirá tan agradecida de la herencia recibida de ustedes, que no le alcanzarán ni las palabras ni los días para demostrárselo.

Gracias mamá, gracias Dedé, Milagros, Ivelisse, Gladys, Josefina, Mary y todas aquellas que no conozco sus nombres, pero sí sus rostros, por trillar el sendero para que mi generación pudiera avanzar a mejor paso la larga marcha.  Porque sí, pues a pesar de que han transcurrido tres lustros del siglo XXI, todavía prevalecen privilegios y exclusiones.  Peor aún, siguen existiendo mujeres (¿mujeres?) que venden su cuerpo y su alma a cambio de cosas, de simples cosas, de terribles cosas. 

Quiero que las generaciones que me siguen a mí, así como nosotros lo hicimos con ustedes, logren llegar todavía más lejos.  El infinito será nuestro límite. Que así sea.

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