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Sábado 15 de agosto, 2020
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Hora de la ciudadanía responsable

Una cadena de solidaridad, pero también de responsabilidad ciudadana razonable, es un factor imprescindible para que la economía no entre en colapso total como consecuencia del COVID-19.

Por un lado, se impone la asistencia a los más débiles para sostenerlos hasta que puedan estabilizarse después de perder sus empleos, en el caso de las personas físicas, y de haber suspendido operaciones, en lo que concierne a las empresas, sobre todo las pymes.

Para este segmento es pertinente el auxilio del Estado, facilidades de pago de servicios y de los compromisos financieros, acceso a préstamos blandos, así como  el acompañamiento de empresas con fibra social, practicando la generosidad con las comunidades de su entorno, centros hospitalarios y entidades que batallan contra la pademia.

En el otro polo se sitúan los ciudadanos que permanecen con su mismo poder adquisitivo, los ingresos intactos, quizás con menos necesidad de gastos, dado el confinamiento como protección contra el virus. También se ubican aquí los negocios que, contrario a declinar en producción y ventas,  han subido su grado de actividad.

Esos, justamente esos, están llamados a jugar un rol al que le confiero carácter de sostenibilidad: pagar la factura de los servicios vitales que reciben, saldar su deuda puntualmente con el banco y no retrasar el compromiso con los suplidores ni con el fisco.

Una cadena generalizada de impagos arrastra un efecto destructivo, con elementos nocivos como pérdida de empleos, deterioro de la cartera de los bancos, que son la sangre de la economía, y la imposibilidad de recibir, por ejemplo, energía estable y continua, servicios de telecomunicaciones y demás.

Otro aspecto de alta relevancia es la responsabilidad tributaria. Si un ente económico no requiere de las facilidades que ofrecen en tiempo de pandemia las agencias recaudadoras, debería cumplir, sin pensarlo dos veces, con el pago de sus impuestos. El Estado, que siempre necesita recursos, tiene que seguir funcionando y más en la emergencia.

El plan de reactivación económica que pudiera ejecutar el Gobierno, con recursos financieros externos, las reservas del Banco Central y las estrategias de oxígeno monetario, será insuficiente y el tiempo de recuperación, más prolongado si todos no nos integramos responsablemente a levantar la economía. Es un error creer en un merecimiento general de dádivas. Así no.

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