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Huellas en la arena

 

Ray Ortega.

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores, esperando se encuentren bien de salud junto a su querida familia.
Muchas veces nosotros los seres humanos nos creemos que andamos solos en la vida, pero no nos damos cuenta que el Señor siempre está con nosotros, lo que pasa es que nosotros no le pedimos las cosas, y creemos que todo podemos hacer nosotros solos y no es así. En muchísimas ocasiones tenemos que pedirle a Él las fuerzas para poder continuar y para resolver los problemas que tenemos.

Llego a mis manos una historia que lleva por título: “Huellas en la Arena. Quizás muchos de ustedes la tengan, bien sea en un poema, a lo mejor en un cuadro o en alguna tarjeta, pero yo se las quiero repetir para que no se les olvide y nunca vayan a decir que están solos. Y dice así: “El pescador solitario era un hombre de Dios. Un día tuvo la audacia de pedirle al Señor un signo de su presencia y de su compañía, y le dijo: Señor, hazme ver que caminas conmigo, dame el don de experimentar que me amas.

Cuando reemprendía el camino que le conducía de nuevo a su casa, observó con asombro que junto a las huellas de sus pies descalzos había otras cercanas.

Mira, le dijo el Señor, esas huellas que vez junto a las tuyas son las huellas de mis pies. Tú no me has visto, pero yo estaba contigo.

La alegría de este hombre fue inmensa, inmensa. Pero no siempre fue así. Vinieron días de tormenta, de frio. Caminaba taciturno por la playa, de un lado hacia otro, y observó, con asombro, que nada más en la arena había dos huellas de pies.

Señor has caminada conmigo cuando estaba contento. Ahora que el desánimo y el cansancio hacen mella en mi vida, ¿Señor dónde estás? Y el Señor le contesto: De ninguna manera, yo a ti te deje. En los momentos difíciles, se ven solo dos pies. Eran los míos, que Yo a ti te llevé entre mis brazos, jamás te abandoné.

Recordemos siempre que en los tiempos difíciles, cuando veamos solo unas huellas en la arena, es que el Señor nos trae en sus brazos.

Termino con el Evangelio de San Juan, Capitulo 14, Versículo 18, que dice: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes”

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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