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Hugo Chávez y su relación entre los militares venezolanos y las FARC

Hugo Chávez y su relación entre los militares venezolanos y las FARC
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La relación entre los militares venezolanos y las FARC son antiguas y complejas; desde antes de la llegada de Chávez al poder ya existían sospechas respecto a posibles acuerdos y complicidades entre las FFAA venezolanas y las FARC en torno a la provisión de armas y municiones, cierta libertad de tránsito por territorio venezolano pagado en droga o dinero y complicidad en cuanto al establecimiento de “santuarios” en la forma de campamentos de descanso y operaciones militares hacia territorio colombiano. Más tarde se confirmaron.

Desde su ascenso al poder el 2 de enero de 1998, o con más precisión,  desde la consolidación del control político y social de Venezuela, luego de la elección de una nueva asamblea constituyente y de la aprobación, por referendo popular en diciembre de ese año, de una constitución reformada radicalmente, el poder venezolano, desde el México hasta la Argentina, tejió alianzas a fuerza de simpatía o de dinero.

En algunos lugares su actividad fue visible, en otros, apenas una sospecha. De una u otra forma, en cada día se aproximó en algún segmento político o social en algún país americano.

Desde el comienzo del régimen chavista, el proyecto geopolítico de Bolívar estuvo presente, al principio en forma anecdótica, como cuando hacía poner un puesto “para el Libertador” en su mesa y luego, en forma más y más concreta y ello derivó en la utilización de sus relaciones con las FARC, en combinación con su discurso revolucionario crecientemente polarizado, tratando de darle una fachada de respetabilidad a una narco guerrilla que, entre 2006 y 2008 alcanzó el punto más alto de control de espacios geográficos en Colombia, en que llegaron a controlar casi el 30% de su territorio.

Chávez no tenía un buen ejército. No en términos absolutos, ya que el ejército venezolano era débil, mal equipado, politizado y mandando por una jerarquía corrupta. Tampoco en términos relativos, ya que en experiencia de combate los colombianos los sobrepasaban ampliamente.

El 9 de noviembre de 2004, el mandatario venezolano, con el acento y entonación que le son característicos, sostenía en una visita a Colombia: “Yo soy un hombre de honor. Si yo apoyara a las FARC tengan la seguridad de que lo diría, no lo escondería. Para que quede claro: no apoyo, no he apoyado jamás ni apoyaré jamás a la guerrilla colombiana ni a movimiento subversivo alguno contra gobierno democrático alguno, de ninguna manera. Les juro por Dios y mi madre santa que si yo apoyara la guerrilla, no tendría cara para venir aquí”. Y advertía: “Llámese como se llame al grupo armado que fuere, en el mismo momento en que entren en territorio venezolano violando nuestra soberanía se convertirán en enemigos de Venezuela y serán tratados como tales”.

El 10 de enero del 2008 Chávez ante el Parlamento de su país, con la misma entonación y acento, dijo: “Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia [FARC] y el Ejército de Liberación Nacional [ELN] no son ningunos cuerpos terroristas; son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia. Hay que darles reconocimiento a las FARC y al ELN”. Hugo no tenía como conquistar a Colombia por la fuerza, es así que encontró en las FARC el ejército que no tenía.

En esos años las FARC controlaban parcialmente la parte sur de Colombia, desde Arauca en la frontera con Venezuela, pasando Meta inmediatamente al sur de Bogotá, por el Guaviare y Caquetá vecinos de Brasil, hasta llegar a Cauca y Nariño en la frontera con Ecuador. Si las FARC hubieran llegado a controlar efectivamente el total de esos territorios, Venezuela, Brasil y Ecuador hubieran limitado con Farclandia y la República de Colombia se hubiera encontrado cercada por la revolución bolivariana.

Pero primero necesitaba legitimar a las fuerzas guerrilleras consiguiéndoles el estatus jurídico, político y moral de fuerzas regulares y a las FARC la condición internacional de “beligerante”, al mismo nivel que el Estado Colombiano, lo que le permitiría establecer alianzas políticas y miliares formales y apoyarlas “legalmente” para que éstas pudieran rodear, cercar y destruir al estado Colombiano y reemplazarlo por un gobierno bolivariano. Chávez pidió ese estatuto para las FARC tras la liberación, en enero de 2008 de Clara Rojas y Consuelo Perdomo.

El año 2007 el Comandante notificó al mundo que Venezuela no limitaba con Colombia sino con las FARC, a renglón seguido, el Presidente de Ecuador confirmó que su país también tenía a las FARC como vecinos. Los reiterados y obscenos ejercicios propagandísticos de “liberación de rehenes”, fueron parte del esfuerzo por darle respetabilidad a las FARC para lograr su reconocimiento internacional. Ese reconocimiento habría significado el inicio de la guerra entre la alianza formada por Venezuela y las FARC contra Colombia.

El 1° de febrero del año 2008, en una brillante operación militar, las fuerzas colombianas atacaron el campamento de “Raúl Reyes, número dos de la narco guerrilla capturando una invaluable información en su computador quedando en evidencia no sólo que las FARC conformaban una estrecha alianza con Chávez y Correa que apuntaba a la conformación de un gran ejército revolucionario; que habían establecido santuarios en Venezuela y Ecuador, y que se encontraban fuertemente comprometidas en el tráfico de armas y drogas.

La máquina propagandística mundial de los grupos revolucionarios se puso en marcha para desacreditar la validez de los documentos capturados y traspasar las culpas al Presidente Uribe de Colombia, acusándolo de todo tipo de engaños y mentiras. Nada fue suficiente para neutralizar esta campaña.

El 10 de mayo, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, uno de los centros de estudios estratégicos y de relaciones internacionales más serios y respetados del mundo, presento a través del Nigel Inkster, Director para Amenazas Transnacionales y Riesgo Político, un completo informe titulado Los Documentos de las FARC: Venezuela, Ecuador y el Archivo Secreto de “Raúl Reyes”, que organiza, presenta y analiza los documentos capturados.

En concreto, este dossier es el producto de más de dos años de estudio del material incautado por las fuerzas militares de Colombia después del asalto al campamento guerrillero.

La introducción al Informe es elocuente:

“Habiendo incautado el archivo, que consistía en ocho dispositivos de almacenamiento de datos guardados en un maletín metálico, las autoridades colombianas entregaron el material a INTERPOL, que condujo una investigación forense para validar su integridad. Los datos también fueron revisados para obtener inteligencia accionable.

El gobierno colombiano luego decidió entregar el archivo al IISS para realizar un análisis más detallado y sistemático”.
“El material luego tuvo que ser verificado comparándolo con otra información relevante y en el dominio público, antes de iniciar la redacción del dosier. Desde el principio, el gobierno colombiano se comprometió a que no intentaría influenciar el proceso de nuestra investigación, ni tampoco nuestras conclusiones analíticas. Como consecuencia, las opiniones expresadas en el dosier son únicamente del IISS”.

La mentira tiene las piernas cortas. Chávez ha sido “pillado” por el IISS.

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