Jueves, 20 de febrero, 2020

Ideología patriarcal, capitalismo y dominación integral

Ideología patriarcal, capitalismo y dominación integral
Narciso Isa Conde

La ideología patriarcal o ideología del patriarcado, es el sistema de ideas que le sirve de sustentación a la milenaria supremacía masculina en la historia y el presente de la humanidad, siempre adecuada al contexto particular de las diversas formaciones económico-sociales y sus correspondientes modalidades de lucha de clases.

El patriarcado precede al capitalismo como herencia pérfidamente remozada de otras formaciones económicas y sociales, y lo acompaña en sus tiempos de modernidad y post-modernidad, transformándose en absolutamente funcional a la nefasta vocación de la burguesía por maximizar ganancias y convertir todo en mercancía, incluso los atributos femeninos y el cuerpo de la mujer.

Hablar de ideología patriarcal es por tanto hablar de una plataforma de conceptos que facilita la sobre-explotación de las mujeres a cargo de la clase dominante y su subordinación a los hombres en las relaciones de género.

Una plataforma que estimula y sistematiza su maltrato bajo el criterio de considerarlas “propiedad” o “seres inferiores” al servicio de los hombres y del poder masculinizado del gran capital y el Estado bajo su mando. Que las convierte fundamentalmente en instrumento de placer sexual, “amas de casa”, material de cocina y cama, trabajadoras no remuneradas (cuando se trata del cuido de hogares e hijos/as) o inferiormente remuneradas (en la generalidad de los casos de las asalariadas).

Ella nutre el machismo, la opresión y discriminaciones que gravitan sobre el componente femenino de la sociedad.

Genera, en consecuencia, desigualdades salariales, negación de oportunidades, maltrato físico-psicológico, torturas, burlas, violencias, feminicidios… arguyendo siempre una diferencia natural que supuestamente condena a las mujeres a la subordinación y a la negación de sus derechos como ser humano.

La opresión patriarcal gravita en todas las edades y ámbitos sociales, y conlleva asignación forzada de roles sociales diferenciados en perjuicio de la población femenina; incluida doble y triple explotación, desconocimiento del trabajo doméstico como generador de riquezas y ganancias a favor del capital, mercantilización del cuerpo y escandalosas supremacías masculinas en las relaciones de poder en la familia y en la sociedad.

La ideología patriarcal, además, fomenta el odio contra la homosexualidad, el lesbianismo y la transexualidad, y ha sido históricamente potenciada por fundamentalismos religiosos de diversos signos que niegan el respeto a la libertad de opción sexual.

· MACHISMO MÁS LA SUMA Y MEZCLA DE OPRESIONES.

La ideología patriarcal se hermana con el adulto-centrismo, que implica situar al hombre adulto en el centro de la organización social, económica, política y cultural establecida; siempre en detrimento de mujeres, niños/as, jóvenes y envejecientes, provocando aberrantes maltratos contra todos los sectores discriminados, excluidos y/o menospreciados.

Esas perversas combinaciones –repito- anteceden al capitalismo. Pero el capitalismo la ha incorporado a su funcionamiento y dinámica explotadora, al igual que ha cooptado otras modalidades de opresión (racismo, xenofobia, ecocidio, homofobia, coloniaje) junto a la usurpación y depredación ilimitada del patrimonio natural en función servicio de sus súper ganancias.

En su fase imperialista el capitalismo globalizado ha empleado a su favor todas esas opresiones… las agrava, las mercantiliza y las moderniza e incorpora a su dominación clasista y su sometimiento colonial.

En esa dinámica la explotación clasista opera sobre toda la humanidad trabajadora con diversos grados de intensidad; mientras que cada opresión sectorial afecta amplios sectores populares en los que se tornan más intensas las penurias y sufrimientos, potenciándola más aun las diversas combinaciones.

El machismo de entrada afecta adicionalmente y directamente a la mitad de la población planetaria, mientas la crisis ambiental globalizada sacrifica el presente y el futuro de una gran parte de la humanidad.

La escala excluyente se torna más perversa mientras más opresiones se entremezclan, de manera que ser a la vez mujer, proletaria, negra, niña, joven o envejeciente, y habitante de un país colonizado y re-colonizado con territorios depredados, multiplica la existencia trágica de esa parte de la población mundial y motiva múltiples rebeldías.

En plan de contrarrestar esas rebeldías, el creciente rechazo que esas tragedias sociales generan y las propuestas alternativas que ellas conllevan, los sectores dominantes recurren a diversas argucias y tergiversaciones, entre las que se destacan la satanización del feminismo y la denuncia contra una fantasiosa “ideología de género” que supuestamente “amenaza la existencia de la familia y de la sociedad”.

Tal cruzada contra la “ideología de género” -concentrada internacionalmente en atribuirle falsamente “convertir niños y niñas escolares a la homosexualidad (no te metas con mis hijos”- pretende ocultar el machismo como ideología y como discriminación realmente existentes (agregadas a la ideología burguesa); dominante, por demás, en todo el sistema de enseñanza.

Intentan así invisibilizar el patriarcado azuzando el supuesto peligro que representa la inexistente “ideología de género”, maliciosamente referida a políticas y pautas científicas destinadas a superar progresivamente una resistente y perversa cultura machista generadora de desigualdades, abusos, traumas, opresiones y violencias evitables.

Y esto -desplegado en una etapa de crecimiento de la conciencia colectiva y las indignaciones frente a este capitalismo patriarcal, adulto-céntrico, racista, xenófobo, homofóbico, ecocida y re-colonizador- genera como contrapartida un grado mucho más alto de violencia criminal de los opresores; incluida relevantemente la violencia de género traducida en un alarmante incremento de los feminicidios y las violaciones.

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