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JCE y Danilo

En el acto de juramentación de la nueva Junta Central Electoral-JCE del Estado de la República Dominicana, Julio César Castaños (nuevo presidente) recordó que cuatro años atrás a él le había tocado “traspasarle el mando” de ese organismo al desacreditado Roberto Rosario (presidente saliente de la JCE), quien a su vez  podría ser receptor de “otro traspaso” de su parte en el próximo período 2020-2024, cuando se enfrié el escándalo de los comicios de mayo pasado.

Pudo ser bien pensada como también improvisada esa expresión del señor Castaños, pero de todas maneras me parece absolutamente oportuno y de interés público tanto ese recordatorio travieso como lo de develar la  posibilidad de que todo quede en el relevo del uno por el otro, siempre con borrones y sin cuentas nuevas.

Como Castaños presidió la organización de las elecciones del 2012, que no se caracterizaron por sus virtudes, sino por el despliegue de trampas y ventajismos a favor del Partido de la Liberación Dominicana-PLD y la candidatura presidencial Danilo Medina (actual presidente de la república), ese pronunciamiento devela la existencia de un poder detrás del trono electoral que decide y manipula todo lo que ahí se mueve e interesa al continuismo de la corrupta claque oficialista.

Recordemos como a raíz del pacto del ex-presidente Leonel Fernández y su esposa Margarita Cedeño (actual Vicepresidenta de la República) con Danilo Medina (entonces candidato a la Presidencia), previo a las votaciones del 2012, el gobierno volcó poder y recursos avasallantes del Estado contra el candidato opositor Hipólito Mejía, la compra de la facción del Partido Revolucionario Dominicano-PRD, Miguel Vargas Maldonado; sobornos para satelizar partiduchos y  boletas, compra masiva de cédulas y votos adversos, represión contra opositores, captación de delegados de mesas del PRD, trampas en conteos, dictadura mediática y encuestas para moldear resultados; todo esto con la complicidad de esa JCE en el marco de una competencia cerrada, sin ley de partidos ni ley orgánica.

En verdad Julio César castaños y su Junta Electoral no se vieron en una situación de ilegitimidad y descrédito total porque Hipólito y la cúpula de su partido se rindieron tempranamente y apaciguaron la indignación mayoritaria de la sociedad. Nueva vez las siembras oficialistas al interior de la llamada oposición  fueron empleadas sin escrúpulos y le dieron frutos amañados.

Ese feo rol electoral  en el 2012, sus vínculos con elites católicas conservadoras y su relevante participación en la Suprema Corte de Justicia (sin chistar frente a la negación de justicia y la protección de los delitos de Estado), explican su nueva escogencia como presidente de esta JCE, donde el jefe de Estado Danilo Medina y la cúpula del PLD solo necesitan tres miembros titulares de un total de cinco (y por lo menos tienen cuatro, más todos los suplentes); proceso facilitado por una oposición de derecha incapaz de insubordinarse.

No hubo, pues, traspaso de mando en la JCE. El mando real es el mismo que puso a Castaños  (2008- 2012), a Roberto Rosario (2012-2016) y repite a Castaños (2016-2020). Un mando que primero se llamó Leonel Fernández y que ahora al interior de la Corporación-PLD es compartido por los dos (Danilo Medina y Leonel), con la evidente principalía de un  presidente que reelecto en mayo  del 2016 mediante una sumatoria de fraudes y abusos de poder, ya está dando nuevas señales en dirección a violentar de nuevo una re-postulación constitucionalmente prohibida.

¡Y a esto le llaman “democracia” en la República Dominicana!

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